N° 93 La dama dueña de la perversión (BDSM)

La puerta se abre en la habitación de casa, la luz se enciende y muestra a una pareja que al ritmo frenético de sus besos apasionados dejan que el deseo se apodere de ellos. Él en cuestión de segundos está sobre la cama desnudo. Ella toma su tiempo; lo provoca, lo enloquece, le lanza besos al aire. Él quiere poseerla, ella quiere jugar.
Impecablemente de ropa interior negra se lanza sobre él haciendo contraste con las sábanas blanca de la cama. Él intenta levantarla un poco para mover su diminuto calzón a un lado y penetrarla, pero ella se resiste no porque no quiera hacerlo, sino porque quiere el control en sus manos. Ella se desliza y él espera un beso que lo haga estremecer; pero la mente maliciosa de la bella dama tenía otro plan. Mete sus manos debajo de la almohada y saca unas esposas forradas en felpa negro, se las muestra a ese sorprendido hombre y sonríe como si fuera hacer una travesura; él se deja someter a los deseos de su mujer y ofrece sus muñecas para ser inmovilizado. Las coloca apretadas, su hombre puede soportar el dolor, es rudo; ahora con las muñecas inmovilizadas tiene absoluto control. Lo besa con esa pasión que le caracteriza, y se mueve despacio, acentuando el roce de ese erecto miembro en esa deseosa vagina.
Lo mira y disfruta tenerlo bajo su control, sonríe y gime al sentir como ese miembro se abre espacio entre sus labios vaginales y la tela roza su clítoris. Avanza deslizando su húmeda lengua desde los labios al abdomen, con ojos de deseo lo mira y captura sus carnosos labios con un encendido beso que él disfruta con un profundo suspiro. Ella sabe que lo tiene rendido a sus encantos, sabe que en esa instancia ya no queda más que rendirse al placer; quita su brasier y deja sus senos al descubierto, como puede él se incorpora y recorre con la punta de su lengua esos senos turgentes, mordiendo con suavidad esos duros pezones que estimulan el placer en ella.
Ella gime y junta sus senos para que esa intrépida lengua lama ambos pezones a la vez, sus gemidos se vuelven ensordecedores y él disfruta al ver esa cara de lujuria que su mujer tiene, con movimientos sutiles sigue rozando su vulva con ese erecto miembro; siente que tiembla, siente su cuerpo desfallecer y pequeños espasmos se apoderan de su vagina. “¿Cómo puede ser posible acabar?” –se pregunta, pero esa sensación la invade con más fuerza y no puede más que rendirse a ese impertinente orgasmo, rindiendo culto al placer extremo que la somete y la convierte en una sumisa de la perversión.
Como puede acomoda su calzón para sentir el roce directo del miembro de su amado directo en su sexo, pero la humedad es tal que se resbala con suavidad y se abre paso hasta colarse por completo en su vagina. Con movimientos circulares disfruta a tal punto que sus ojos se cierran y su boca se abre de manera involuntaria dejando salir profundos gemidos de su interior. Él enloquecido por el placer, quisiera tomarla con fuerza pero sus manos se encuentran inmovilizadas y se conforma solo con sentir como los grandes pechos de su mujer revotan en su cara. Ella apoya sus manos en el pecho de su hombre y se mueve de manera descontrolada, entregando por completo su vida a satisfacerse y darle placer a su amado, hasta el punto de ambos explotar en una sinfonía de gemidos, ella cae rendida y él como puede acaricia el pelo de su mujer. Con un beso tierno en la frente le dice: “Voy a cuidar de ti, porque haces que cada momento a tu lado sea mágico, y aunque pueda estar rodeado de mucha gente no veo a nadie más que a ti a mi lado”. Ella lo mira y con sus ojos vidriosos responde con un suave beso en los labios.
Así, la puerta se cierra y los enamorados quedan solos en la habitación para solo disfrutar de la desnudez del otro y entregarse caricias que tal vez enciendan otra vez la pasión y lujuria en ellos.

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