Salgo del trabajo y enfilo a casa en medio del caos que conlleva transportarse en la capital, con embotellamientos en cada esquina y gente de mal humor, solo los veo discutir y me río. En el reproductor suena "A qué no me dejas" de Alejandro Sanz con Alejandro Fernández, mis manos en el volante y mi imaginación se transporta a muestra habitación; imagino lo que puedas estar haciendo y me excita la idea de encontrarte desnuda masturbándote, esperando a que llegue y te posea como un toro en celo. Por unos segundos me encontraba en casa haciéndote gemir con mis embestidas; cuando un estúpido conductor sin imaginación me saca de concentración al sonar la bocina de tu tonto carro, con cariño más adelante le cedo el paso y amorosamente le regalo el saludo de mi dedo medio levantado y muevo mis labios: "Qué te jodan pendejo".
Suena mi móvil y veo tu foto, también me percató que es una videollamada, la sensación que me recorre hace que mi corazón se detenga por un segundo; estoy acostumbrado a tus sorpresas pero nunca llamas cuando voy camino a casa porque sabes que conduzco. Al conectarse la llamada veo que traes puesta una de mis camisas, labios pintados de un furioso rojo y cabello suelto, me saludas con un tierno: "Hola mi amor", continuas diciendo que me extrañas y por eso traes mi camisa puesta, para sentir mi olor en tu piel. Sorprendido y excitado te digo que ya estoy cerca, te colocas de pie y me muestras tus bragas mojadas por la excitación.
Al llegar a casa te veo ya sin mi camisa y solo con ese negro calzón que envuelve tu vulva y deja al descubierto el borde de tus nalgas. Con una mirada de dedeo dejas la formalidad del saludo a un lado y mueves suavemente tus caderas incitando mi perversión.
Me acerco al pequeño bar que tenemos y me sirvo un vaso de whisky; te observo y te deseo a la vez, haces de cuenta que no estoy, metes tu mano debajo de ese empapado calzón y te tocas con suavidad, esbozas pequeños gemidos de placer, alaridos sublimes al demostrar tu calentura, tus dedos entran por completo en tu vagina y te penetras de manera rápida. Los gemidos aumentan, tu respiración se agita y la boca se te seca; esos maravillosos ojos negros se vuelven blancos y tus piernas tiemblan, acabas en un orgasmo intenso en la sala, llenando con tus fluidos el piso y desatando en mi la bestia que retenía el vaso de whisky.
Me acerco a ti, bajo la cremallera de mi pantalón para sacar mi miembro y colocarlo en tu boca; enredo mis dedos en tu pelo y me haces temblar al engullir de una mi verga hasta la base. La sensación de placer es tal que tiemblo y gimo, lo tomas con una mano para chuparlo y masturbarlo a vez; y con tu mano libre te pierdes en la perversión ya que te tocas de manera rápida, quieres que tu calzón siga empapado por tu deseo incontrolable de una buena sesión de sexo junto al hombre que amas.
Me gusta cuando aflora esa personalidad siniestra y te dejas envolver por la pasión. Sigues con movimientos constantes en mi miembro y no lo sacas de tu boca; muerdes mi glande, lo aprietas con tus labios y me miras con una sonrisa maliciosa. Te incorporo y apoyo sobre el sofá, te quito ese calzón ya empapado de ti y lo coloco en tu boca, te invade una mezcla de sensaciones; el sabor te tus fluidos hacen que tus ojos se pongan blancos y el aroma de tu sexo excitado hace que te vengas en otro orgasmo que se derrama por tus piernas. Coloco mi erecto pene en la entrada de tu vagina y lo hundo con suavidad, no quieres que sea suave y con un certero movimiento te apegas a mí haciéndolo entrar completo. Te mueves imponiendo un ritmo salvaje, te jalo del cabello y te doy duro; quiero que grites, que me pidas más, que empapes mi verga con tus fluidos. Te susurro: "Quiero que seas mi putita". Sonríes y me dices: "Sabes que soy bien puta mi amor". Te nalgueo y ese gemido intenso de dolor y placer que sale de tus labios me vuelve loco, "eso papi pégale a tu puta" me dices. Te nalgueo con más fuerza marcando mis dedos y arrancando un gemido devastador que te hace sucumbir ante la contracción de tu vagina y acabar con fuerza.
Exhausta y extendida completamente en el sofá me dices que quieres más, me encanta ser el objeto de tu placer y quien apague el fuego en tu interior. Me tiendo en el sofá y te subes sobre mí, tu dilatado sexo abre paso a mi miembro y das paso a movimientos frenéticos de adelante a atrás y en círculos. Tomado de tus caderas disfruto de tus senos en mi boca mordiendo tus erectos pezones y embriagado por tus ensordecedores gemidos, ya rendido al placer exploto en tu interior, inundando como un río tu vagina completa.
Los espasmos en nuestros sexos son incontrolables y por varios minutos nos encontramos gimiendo y gozando de ese intenso orgasmo que nos deja fundidos en el intenso placer que nos brinda nuestra perversión.
Pasiones Prohibidas ®
Delicioso y Perverso mi amor 😈
ResponderEliminar