Me dormí sobre el sofá esa tarde calurosa, luego de haber tomado una ducha tratando de refrescarme un poco. Comencé a sentir besos y caricias en mi cuello, mi vientre y mi pecho que me despertaron. Pude ver en la ventana de la sala que ya era de noche, mi princesa se encontraba sobre mí, vestida solamente con esas ganas que la llevaban a buscar placer, que le pedían que las sacie. Al ver que abría mis ojos algo sorprendido por su forma de despertarme, me besó de una manera lenta, luego introdujo su lengua en mi boca y casi empezó a devorarme en un beso apasionado, mordía mis labios y mi mentón. ¡Ufff! Las ganas se encendían por toda mi piel, apreté su cintura con mis manos a cada costado, luego bajé a su cadera haciendo lo mismo. Agarré sus nalgas y las apreté fuertemente, provocando que se escapara un corto sonido de su boca, una mezcla de dolor y excitación. Arrancaba los botones de mi camisa y lo combinaba con más besos por mi pecho y mi cuello, a veces intercalados con mordiscos muy provocativos. Sintió como mi miembro crecía dentro de mi pantalón, se acomodó para sentirlo mejor e inicio a mover su cadera mientras su entrepierna rozaba mi erección.
Tiró la camisa lejos y yo besé sus senos, mordí sus pezones con ansías, acariciando su espalda y marcándola con mis uñas. La respiración de ambos era algo agónica; se puso de pie, con ambas manos y de un solo tirón tomó mi pantalón junto con mi bóxer y me desnudó por completo. Gateó rozando sus senos con mi pene, pasándolo luego por su vientre. Sonreí con deseo cuando se posó sobre mí con ambas piernas flexionadas a cada lado de mi cadera, nos besamos de nuevo y mi mano inquieta viajó hasta su vagina, acariciándola por completo, cerró sus ojos con placer ofreciéndome su cuello, el cual llené de chupones. Con esa mano que la acariciaba, nos acoplé, entrando en ella. Nos llevó al delirio. Podría decir que el placer se extendió a cada fuero más íntimo de nuestro ser; inició sus movimientos de arriba a abajo para que la penetrara al ritmo que ella dictaba. Poco a poco lo hizo más y más rápido - ¡Ay, que rico! - gimió cerca de mi oído, desatando más placer en mi cuerpo entero.
La tomé de la cintura para penetrarla con más fuerza y rapidez. Sudábamos de una forma súper sensual, podía ver como sus senos rebotaban por la manera en que lo hacíamos y eso me fascinó muchísimo más - No pares - dijo en tono suplicante, llena de placer. Lo hicimos salvajemente; su boca se abrió, sus ojos se cerraron y sus manos se aferraron a la piel que lograron agarrar de mí, casi arrancándola. Su orgasmo la dominó con contracciones que aplicaban placer a cada centímetro de su ser tan solo unos minutos después de mi clímax. La noche se tornaba bastante interesante. El beso ahora expresaba cariño inmenso y el abrazo nos complementaba y el erotismo no se alejó de nosotros hasta que nuestros ojos se cerraron.
Pasiones Prohibidas ®
Hola buenas noches ahh muy sensual👏👏😏
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