Habían hablado muchas veces al respecto, era un tema
recurrente en ambos. Él ya tenía experiencia y ella solo se interesaba al escucharlo hablar y defender ese punto de vista con tanta vehemencia. Algo había en ese perturbado mundo que a ella le hacía sucumbir y mojarse de solo imaginar la situación.
Le indico que existía un acuerdo previo entre las partes y que debería firmarse un contrato en que se explicaba claramente cuál sería la función de ambos a la hora del sexo y como se iba a proceder. Eso a ella le excitó más y él hábilmente lo notó. Acostumbrado a dar órdenes y ser obedecido en todos sus caprichos hace que se masturbe al otro lado de la línea. Ella entre gemidos, le dice que está dispuesta a obedecer todo lo que pidiera y a complacerlo en todo.
Él como frío hombre de negocios le dice que su abogado se pondrá en contacto con ella para que le entregue todos sus datos personales y así confeccionar el contrato de sumisión y que una copia le llegaría a los días por correo. Pasan los días y las conversaciones eróticas por teléfono no dan tregua, ella se habituó a llamarlo "Amo", la sola idea de ser sometida y ultrajada por aquel hombre la hacía excitarse a tal punto que sus bragas quedaban empapadas.
Es lunes por la tarde cuando golpean la puerta del apartamento, es el cartero quien trae entre sus cosas algo parecido a una carpeta. Lo abre con calma, siente que su corazón se agita y su respiración se acorta, casi jadeando en sus manos un porta documentos negro con puntas doradas, en su interior cinco hojas y la primera lleva el título "Contrato de sumisión". No puede contener la excitación, de solo imaginar su contenido su sexo se mojó y sintió espasmos en toda su entrepierna.
Al analizar párrafo por párrafo no podía esconder su asombro y con una mano en su vagina se entregada al placer de cada letra escrita. Llegando al clímax, estalla en gemidos incontrolables que la dejan al borde de la "muerte". Exhausta ya sobre la cama y con los ojos cerrados imagina lo que será ser sometida por un hombre y entregarse por completo a él para complacerlo sin reservas ni condiciones. Su mente volaba y suena el celular; es aquel hombre que planea ser todo en su vida, le pregunta si ya recibió el contrato y que es prudente sentarse a discutir los términos. La cita será el martes en un céntrico café, ella estuvo dispuesta a firmar desde el primer momento; pero sus dudas eran si sería capaz de tolerar el dolor de los golpes o lo apretado de las amarras. Él la mira con detenimiento, sonríe de manera maliciosa y le dice: "Vamos a averiguar al respecto". Salen del café y caminan para ella sin rumbo conocido, pero él sabe perfectamente donde van. Llegan a un hotel pequeño, él se acerca a ella ofreciéndole sus labios pero ella sabe que aún no recibe el permiso de besarlo, por lo que contiene sus ganas hasta que él la besa, la toma del cabello y le dice: "Vamos a ver hasta qué punto eres capaz de aguantar".
La lleva contra la pared y la voltea dejando su cara pegada a esa fría pared, la obliga a besarla y a dejar sus labios marcados en esa inerte estructura, sus manos la recorren y golpean sus nalgas; ella gime y agradece el castigo. La da vuelta y del pelo hace que de ponga de rodillas, le pregunta si está dispuesta a obedecer sus órdenes y con un jadeante: "Sí, mi Amo" responde; cediendo toda su voluntad a los deseos más oscuros de aquel hombre.
La coloca de pie y desnuda su torso, dejando al descubierto sus turgentes senos. De entre su pantalón el Amo saca un par de esposas las que aprietan sus muñecas y las cierra hasta que ya no dan más. La tira de estómago sobre la cama y baja sus pantalones con la ropa interior, él suelta su cinturón y propina fuertes azotes en las nalgas de su sumisa, la que gritaba de placer al sentir el curtido cuero del cinturón, le pregunta el Amo: "¿Te excita?". Ella responde: "Sí mi amo". Su Amo le da una mirada de enojo y le dice: "No te he dado permiso para excitarte". La incorpora y pone de frente a él y con el cinturón en la mano azota los senos de aquella mujer sometida a los castigos caprichosos de aquel severo Amo.
Excitado al ver a su futura sumisa recibir de buena manera sus castigos, decide premiarla. La tira otra vez de estómago a la cama, le saca por completo la ropa que lleva puesta, levanta sus caderas y baja el cierre de su pantalón para penetrarla con fuerza, ella no puede más que gemir y disfrutar de cada una de las embestidas de ese rudo macho, él la nalguea al mismo momento en que sus testigos golpean con fuerza en la vulva de su sumisa. Haciéndola acabar en un intenso orgasmo.
Se recuesta a su lado, la acaricia y coloca su mano en ese erecto miembro y hace que lo masturbe suavemente, él gime al sentir la mano de ella entregándole placer. La jala del cabello y lleva su boca a su miembro, colocándolo completo hasta sentir que se ahoga. Extasiado al sentir como chupa su verga la toma entre sus brazos, la sube sobre él y la penetra otra vez con fuerza; ella gime, se retuerce de placer. Él puede sentir como su vagina se contrae y late en cada embestida; ella siente como si su alma dejara su cuerpo por ese minuto y medio de gemidos intensos.
Nuevamente la coloca en cuatro al borde de la cama y la penetra con fuerza, ahora ya sin detenerse por nada sino que taladrando esa vagina húmeda hasta inundarla por completo con su semen, ella siente como ese viscoso líquido la inunda y quema su interior.
Agradecida por los castigos y por el placer que le propinó, ella encantada firma el Contrato de sumisión, el que legalizan ante notario. Ella desde ese día entregó todo su ser a un hombre que la supo encantar con palabras sutiles y él recibe para si una mujer dispuesta a satisfacerlo, y que él está dispuesto a cuidar hasta que el contrato termine.
Pasiones Prohibidas ®
Un Excelente relato que invita a la entrega y la lujuria
ResponderEliminarApasionantes letras mi Señor 💋