N° 89 Embriagada de placer

Ya se hizo de noche, después de cenar y lavar los platos sucios me voy a la cama, te quedas en la cocina haciendo no sé qué cosa. En mi mente estaba el plan de dormir hasta el próximo mes o mejor hasta el otro día, el cansancio se apoderó de mí y caí rendido.
Dormía cuando siento que cierras la puerta de la habitación, abro los ojos y te veo parada solo con las pantis negras, una botella de vino a medias y mi camisa desabrochada que dejaba ver la forma de tus pechos.
Al instante mi respiración se agita por el placer que me provoca verte casi completamente desnuda y algo tomada, me dices lo mucho que te gusta hacer el amor y lo que te enloqueces en la cama. Mi instinto hace que me incorpore y me coloque frente a ti para posar mis manos en tus caderas, me das de beber directo de la botella pero no te detienes cuando termino, sino que viertes parte del contenido y este escurre de mi boca y baja por mi pecho, con tu lengua emprendes el viaje desde mis labios hasta mi abdomen quitando todo rastro de vino de mi cuerpo. De alguna manera que no entiendo arrancas un gemido de placer de mis labios. Disfruto con tu lengua en cada centímetro de mi piel y también con tu cara de niña haciendo travesuras.
Te comienzas a mover de manera sensual, con gestos insinuantes me demuestras las ganas que tienes de jugar. Poco a poco abres la camisa dejando al descubierto tus senos, te das vuelta contoneando tus caderas al ritmo de una canción que suena en tu mente, te mueves de forma sensual, insinuante. Nuevamente me recuesto y observo tu show acariciando mi miembro sobre mi pijama; te quitas por completo la camisa y muerdes tus labios, te exhibes para mí y me erotizas ver tu cuerpo moviéndose en un vaivén extremo, me quiero acercar, pero pones tu mano en señal de alto, lo que me indica que es tu juego y yo acepto tus reglas. Vuelvo a recostarme pero esta vez con mi pene en la mano y sin quitarte los ojos de encima disfruto de la forma que tus manos recorren tu cuerpo y profanan tu sexo haciéndote gemir hasta llegar al éxtasis.
En la intensidad del orgasmo me coloco de pie, te tomo del pelo y te llevo al piso; obligo a que te tragues mi miembro hasta la base, aunque al solo sentir el roce del glande en tus labios abres la boca para darle paso, me vuelve loco la forma en que devoras cada centímetro de mi pene, haciéndome arrancar gemidos de placer. Mirar tu cara mientras te comes mi miembro me lleva al cielo y la forma en que lo aprietas en la base y el glande con tus labios me hace retorcer al momento de gemir. Con un hábil movimiento de tu boca lo tragas hasta el fondo, haces que explote en tu garganta y tragas hasta la última gota de semen que mi pene vierte; con esa misma cara de niña malvada disfrutas al ver mi cara al momento de acabar.
Te vas a la cama y con las piernas abiertas me llamas para seguir con ese juego despiadado que tejiste en la mente mientras dormía. Me acerco despacio, tomando mi tiempo, mi respiración se acerca a tu sexo y gimes al sentir como mi lengua se abre espacio para buscar tu clítoris, tu respiración jadeante, tus labios resecos y una lengua entrometida recorriendo tu interior hace que mis deseos por ti aumenten. “¡Oh, mon amour!”. Susurras mientras te acercas a otro orgasmo, ya casi sin fuerzas solo te retuerces de placer aprietas tus pezones y gritas con fuerza: “¡laissez-moi finir!”. Ante esa suplica desgarradora de tus labios, incluyo mis dedos para darte ese placer que requieres y con un grito agónico acabas, dándome a probar del placer que sale de tu vagina.
Ahora, ya sometida a mis deseos, me acerco a ti y te beso suavemente en la mejilla mientas mi miembro se abre paso en tu sexo y entra con suavidad, arrancando de tus labios un agónico alarido de placer, automáticamente tus piernas me envuelven me obligan a realizar movimientos cortos, ya que no quieres que se salga mi miembro, quieres disfrutar en cada embestida. Tus ojos pierden el color y rasguñas mi espalda, sumido en el placer absoluto me da la sensación de que el tiempo se detuvo y solo somos los dos en el mundo disfrutando de ese maravilloso momento. En una sincronía perfecta ambos estallamos de placer a la vez, nuestros cuerpos se funden y se transforman en uno solo a la hora del orgasmo; un beso apasionado hace más placentera la unión y esas mágicas palabras en francés al momento de quietud: “Merci mon amour pour le plaisir que vous me donnez”, me hacen estremecer aún más. Haces que ame tus locuras, haces que ame cada momento a tu lado y también me haces amarte como nunca antes lo hice.

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios