N° 86 Explotas al roce de mis manos (BDSM)

En la soledad de la casa nos dirigimos a nuestra habitación, te desnudas para mí y para satisfacer mis deseos, una venda me oculta de tus ojos y cuerdas se encargan de inmovilizar tus extremidades, te acomodo en una pequeña silla en donde esperas pacientemente que yo empiece con el juego. El deseo hace que humedezcas tus labios ya que se secaban a medida que los minutos avanzan; sin siquiera aún tocarte tu vagina se humedece expectante a lo que sucederá.
En mis manos un bastón retráctil de polímero, que al extenderlo hace un sonido característico que ya conoces, con él te recorro y golpeo tus muslos para que dejes expuesto tu sexo que tanto me enciende. La pequeña punta metálica abre tus labios vaginales y deja en evidencia cuán deseosa te sientes, un pequeño gemido hace que te estremezcas. Soy tu dueño y me excita cada vez que gimes al estimular tu clítoris, me haces sentir todopoderoso cuándo me pides más; pero no quiero oír tus peticiones, por eso coloco una mordaza que reprime tus gemidos y tu voz.
Bajo el cierre de mi pantalón y saco mi miembro para recorrer tu cara con él, puedo percibir las ganas que sientes de tenerlo en tu boca y chuparlo de la manera que te gusta. Sigues el recorrido de mi miembro con tu cara y balbuceas, te mueves despacio sobre la silla empapándola con tus fluidos que se desbordan, te miro y muerdo mis labios al tenerte sometida a mi perversión. Tus senos sienten mis dedos que los aprietan con fuerza provocando que tus pezones reaccionen al estímulo y con tus gemidos ahogados me doy cuenta que estás siendo invadida por un incontrolable orgasmo; tu cuerpo se sacude y quito la mordaza, rompes el silencio llenando la habitación con ensordecedores gemidos que penetran cada fibra de mi ser provocando algo de ternura.
Con calma busco entre los "juguetes" y saco la fusta que corta el aire para golpear tus senos provocando espasmos en tu cuerpo. Te excita el sonido del arrugado cuero que te golpea, con intensidad recibes otro golpe en tu vientre arrancando un gemido intenso. Me inclino ante ti y te susurro, buscas mi boca en el aire porque te mueres de ganas de saborear mis labios los que hasta el momento te han sido esquivos. Quisieras tener libres las manos para tomarme del rostro y morder mis labios como me gusta que lo hagas, pero tu voluntad es mía y tus deseos están sometidos a mi frívola lujuria, pero así te gusta que sea.
Con mi perversión al máximo corriendo en mis venas, saco mi miembro erecto y lo pongo en tu boca, te doy permiso de hacer lo que quieras con él. Muerdes mi glande, lo envuelves con mi lengua, sonríes al ver la cara de pervertido que te regalo y con mi verga en tu boca gimes suavemente.
Una a una las amarras van cayendo y al sentirte libre tomas mi miembro, un golpe con la fusta en tus manos demuestran que quiero que uses solo tu boca, lo entiendes y sigues tragando por completo mi pene que choca en tu garganta. Hago que te coloques a gatas y golpeo tu trasero con la fusta, un agónico gemido estremece la habitación y avanzas en dirección a la cama gateando, y ronroneando, me vuelves loco de excitación cuando haces eso. A pasos lentos avanzo atrás de ti, a mi orden te subes a la cama y te desnudas; ordeno que te masturbes para yo mirar como gimes y disfrutas de tu cuerpo. Exacerbado de excitación mis sentidos se concentran en el placer que provocan tus dedos al penetrarte.
Ya no puedo contener mis ganas de sentirme dentro de ti y como un animal en celo me lanzo a la cama para hacerte mía, te tomo con fuerzas de los muslos y separo tus piernas; con fuerza te penetro. Gimes, gritas, te retuerces y susurras cuanto te gusta, suplicas para que lo haga más fuerte. Con violencia te coloco de estómago y levanto tus caderas, mi pene se desliza del clítoris a la entrada de tu vagina arrancando gemidos ahogados de tus labios. Con esa misma fuerza te penetro hasta llegar al fondo de tus entrañas, quiero que te vengas y me empapes con tus fluidos, que ya no te contengas y solo me regales el mejor de tus orgasmos.
Embobado con la contracción de tu vagina y con los espasmos que te hacen sucumbir, y caer rendida a ese orgasmo que te envuelve con gemidos interminables. Yo tampoco puedo contenerme y me uno a ese concierto de gemidos que está reservado para los que se aman y se vuelven pervertidos a la hora del sexo. Inundo tus entrañas con mi tibio semen, el que se mezcla con tus gemidos.
Ahora, ambos tendidos en la cama nos besamos y acariciamos en compensación del intenso momento vivido.

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Ummm que rico relato...
    Como siempre me haces humedecer con tus ricas lecturas
    Con ganas de desfogar la excitacion 🔥😈😈 como siempre te digo vente...
    Un bello relato mi adorado perverso💋

    ResponderEliminar

Publicar un comentario