Les había contado un detalle escabroso que tal vez pasó desapercibido en el relato anterior, pero les contaré un poco más sobre la perversa mamá de Héctor.
Ivette tiene 45 años, es separada y trabaja en una empresa multinacional. Los años no habían causado en su cuerpo pero si habían marcas indelebles que dejó la separación y posteriormente hombres que no supieron valorar a esa mujer deseosa de rehacer su vida, tal vez no con un esposo pero si con un hombre que la hiciera sentir deseada.
Después de cogerse a la madre de Oscar y terminar ese trabajo para la universidad, Héctor llega a su casa y se da una ducha para terminar de apagar el fuego que lo consumía por dentro. Su madre aún no llegaba de su trabajo y él quiso sorprenderla con la cena, buscó en YouTube una receta y paso a paso siguió las instrucciones. Los platos sobre la mesa y dos copas vislumbran que hay algo para celebrar.
Pasan unos minutos, la puerta se abre, ella entra hablando por celular; pensando que está sola en casa dice algunas palabras obscenas a su interlocutor y sube sus piernas sobre una pequeña mesa cercana a la puerta para soltar la amarra de sus zapatos, su corta falda se sube hasta el borde de sus nalgas, pareciera que no llevara nada más puesto pero la diminuta tira de tela de su colaless se pierde en medio de tan poderosas pompas.
Se sentía en llamas y desliza su mano por su entrepierna, la fricción de la tela con su vulva le agarranca un placentero gemido. Corta la llamada y se dirige a la cocina; ve la mesa arreglada y a Héctor observándola, se ruboriza y él no dice nada. Bueno, un ahogado: "Hola mamá". Ivette responde: "Hola mi vida" y besa la mejilla de su atónito hijo. "¿A qué se debe esta sorpresa bebé?" -pregunta. "Sólo a qué siempre llegas cansada del trabajo y quise agasajarte. Toma asiento y disfruta" -Responde. Una sensación conocida la invadió, la misma que al verlo masturbarse en su habitación no la deja pensar en Héctor como su hijo sino como un hombre y eso la hacía mojarse. Ella sabe que no es correcto pero fantasea cada noche con el miembro de su adorado hijo. La cena transcurre de forma tranquila pero su vulva palpita al sentir la mano de su pequeño tomar la suya. Lo mira, lo escucha; ella quisiera callarlo con sus labios pero no sabe cómo reaccionaría ante esa temeraria acción. Los platos sucios en el lavavajillas son señal de una cena entre madre e hijo que no pasa más allá de eso.
La hora avanza, y ella cansada se va al baño donde llena la tina con agua tibia para relajarse un momento y después dormir. Al recostarse en la tina esa imagen aparece otra vez en su mente y sus manos se deslizan por su cuerpo hasta hundirse en su vagina, los gemidos son incontenibles ya que la perversión se encarga de ella, el placer recorre su cuerpo hasta dejarla casi sin respiración. Con sus piernas abiertas disfruta cuando sus dedos se meten en su interior imaginando que es el miembro erecto de Héctor el que causa estragos y la hace gemir. Su lengua roza sus labios resecos por el placer. No sé da cuenta que observándola tras la puerta entreabierta está ese pervertido de su hijo, tal vez el vino lo hizo pensar en cosas morbosas y lo excitó tanto que decidió ver a su madre en la bañera. Poseído por el mismo demonio se masturba con fuerza viendo como su madre susurra su nombre al momento de acabar en un tremendo orgasmo.
Él a su vez eyacula profusamente sobre su mano haciendo que su corazón lata tan fuerte como lo hace su verga al vaciarse. Ambos se van a la habitación sin darse cuenta de lo sucedido; ella rendida por el cansancio se queda dormida desnuda sobre la cama. Héctor no puede dormir pensando en la escena que le regaló su madre en el baño, con su verga erecta a más no poder se comienza a masturbar y eyacula otra vez de manera abundante pero su excitación es tal que su mente lo lleva con pasos sigilosos a la habitación de su madre para verla dormir y masturbarse, quizá así pueda conciliar el sueño.
Al abrir la puerta la ve durmiendo destapada y completamente desnuda, su asombro no da crédito a lo que ve. Ahora es el momento en donde se cruza la frontera del deseo, la lascivia y la perversión; se acerca despacio hasta la cama de su madre con temor a despertarla pero ella duerme profundamente.
Con su verga en la mano se masturba al lado de ella y contiene sus gemidos, la observa y deja de hacerlo para contemplar el cuerpo de su madre. La mira y la desea, no aguanta y moja sus dedos con saliva para lubricar su vagina, con sumo cuidado lo hace, cuando acomodado ya para penetrarla un momento de cordura lo invade y lo hace pensar en que no es correcto pero la lujuria era más fuerte, esa vagina está dispuesta a ser penetrada y no va a dejar pasar esa oportunidad. Al sentir como de abre espacio con su verga aprieta sus labios para contener en gemido del placer.
Con movimientos suaves se abre paso y disfruta del placer ligado a la perversión. La sensación de placer también invade a Ivette robando gemidos emanados de su inconsciente, conciencia de a poco vuelve y sus ojos lentamente se abren, al ver que el gestor de tal placer es su hijo queda atónita pero el placer el tal que se deja llevar y le dice: "Cógeme con fuerza hijo". Héctor cada vez golpea más fuerte la deliciosa vagina de su madre con su pelvis haciendo que ésta gima de placer. "Eso hijo cógeme más duro" -exclama. "Dale duro a tu mamita" -sigue diciendo. Él complace a su madre de tal forma que ambos explotan en un suculento orgasmo y que hace fundir sus labios en un apasionado beso.
Ahora Héctor se había convertido en el secreto padrastro de su amigo y por las noches era el hombre que calmaba la pasión de su perversa madre.
Pasiones Prohibidas ®
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