Hay cosas que deberían pasar desapercibidas para nosotros, pero cuando no sucede se juega al borde del peligro y todo podría pasar. La historia que redacto es la fantasía de un muchacho que sigue la Página, aunque no ha sucedido nada quise darle ese merecido premio que hace el relato más interesante. Damas y caballeros, disfruten. Eran amigos de la infancia, habían pasado por varias etapas juntos, se habían vuelto los mejores amigos; incluso estudiaban la misma carrera ya que querían fundar su propia empresa y ser exitosos.
Un día Héctor va a la casa de su amigo Oscar a realizar un trabajo, al hacer sonar el timbre y abrirse la puerta aparece Victoria, la mamá de Oscar. Es una mujer madura de casi 47 años, Héctor pareció quedar hipnotizado ante la imponente figura de aquella mujer que viste un ajustado jeans que se amolda a sus piernas y deja ver unas caderas generosas, una polera ceñida al cuerpo que hace justicia a las curvas bien definidas de su torso, maquillada suavemente y labios brillantes. Fue como si el tiempo se detuviera en la vida de aquel veinteañero y la imagen de esa mujer se refleja en sus ojos, y casi sin hilar palabras pregunta por su amigo. “Ah, ¿tú debes ser Héctor? Pasa, toma asiento, lo voy a llamar” –Le dice ella-. Esas palabras entraron a lo más recóndito de su ser y hace reaccionar su cuerpo de inmediato. Se sintió embobado y a la vez excitado, él pensaba en su interior si aquella mujer tan sensual se fijaría en el amigo de su hijo aunque sea para coger una vez.
Toma asiento, ella le trae un vaso de jugo y queda sentado esperando a que su amigo baje del segundo piso. Héctor no puede despegar sus ojos del cuerpo de Victoria, se sintió completamente atraído por aquella mujer madura; trata de tapar el bulto que se hace debajo de su pantalón para que ella no note la erección que lo está dominando, él piensa en su interior poseerla, pero también sabe que es la mamá de su mejor amigo y que eso es suficiente para controlar su deseo perverso de cogerla sobre la mesa del comedor.
Ya después de unos minutos Oscar baja y empiezan con el bendito trabajo para la universidad. La cabeza de Héctor vuela y no puede concentrarse en las cosas simples del trabajo. Su mente estaba ocupada imaginando a la madre de su gran amigo debajo de la mesa dándole una mamada a escondidas, el solo imaginar el roce de sus labios lo hace respirar agitado, su mente lo lleva a lugares inexplorados y sin duda el placer que siente se hace intenso cada vez más. Pide permiso para ir al baño, ahí intenta descargar la presión contenida en sus testículos y en su pene; se masturba pensando en esos redondos senos, en ese culo gigante y en esa vagina que se marcaba en el apretado jeans. No pasa mucho tiempo y su mano se inunda con ese espeso semen contenido. Lava sus manos y antes de salir se fija que sobre un canasto hay una diminuta tanga de color rojo usada por esa madura mujer, sin pensarlo la toma y aspira el delicioso olor de esa entrepierna y su miembro reacciona otra vez, guarda la tanga en el bolsillo de su pantalón y sale.
Al salir del baño le dice a Oscar que no se siente bien y que tiene que volver a casa; otro día terminarían de hacer ese maldito trabajo. Cuando llega a su casa sube raudo a su habitación, se encierra y huele los fluidos impregnados en ese pedazo de tela; su mano casi sin voluntad se va a su durísima verga, imaginando esa vagina en su boca y saboreando esos fluidos directamente de la fuente. Envuelve la base de su pene y se masturba con los ojos cerrados pensando en la diosa del amor que lo tenía embrujado; de pronto, la puerta se abre y era su madre, una mujer también mayor y bien conservada, la vergüenza lo invade y a su madre también, ella cierra la puerta sin decir nada. Se había olvidado de que su pequeño es ya un hombre y que debe tener la privacidad en su cuarto. Pasan los días y ninguno de los dos había cruzado palabra alguna sobre el incidente, pero muchas noches su madre había saciado su pasión penando en él y en el trozo de carne que tenía en su mano, incluso muchas veces cuando dormía lo observaba desde la puerta y se tocaba enloquecida hasta chorrear sus fluidos por las piernas.
Se acercaba el día que debían entregar el trabajo y Héctor va a la casa de su amigo, ya afligido porque el plazo se vencía y era apremiante terminar, al tocar el timbre, la dueña de sus pajas más intensas aparece tras el umbral de la puerta; esta vez ya no había nervios, se sentía en confianza por todas las veces que la había poseído por con su mano. Se sienta y Victoria le trae el mejor jugo jamás exprimido. Le da la noticia de que Oscar se había ido a juntar con su novia y que no llegará en mucho rato, fue como si los planetas en el cielo se alinearan, como si el Ser Superior hubiese oído cada uno de sus gemidos al masturbarse pensando en ella y le concedió el deseo de su corazón. Charlan amenamente, pero él no puede despegar sus ojos de la boca de ella, se imaginaba metiendo su lengua en la boca de ella. Se da cuenta de lo distraído que está y le pregunta: “¿Qué te sucede?”. Reacciona y le dice: “Es que tenía tiempo que no veía a una señora tan bella”. Ella sonrió y le dijo que exageraba, que no era para tanto.
Le dice que la acompañe a la cocina y que siguieran con la plática, empezó a preparar algo. Sentado en una silla alta miraba como ella se desplazaba por la cocina haciendo sus cosas, se sentía como el macho alfa mirando con sigilo a su hembra para aparearse y quedar satisfecho. Ella siente esa mirada que la desnuda y esas pupilas que la recorren sin permiso, siente que su estómago se aprieta no de miedo, sino de la excitación, ya que su ropa interior está húmeda; se siente tan caliente que hasta tiembla. Quiere ser poseída por ese macho joven lleno de vigor, hace tiempo que no tenía esos pensamientos perversos, creyó que se habían esfumado con el hombre que amó y se fue con otra mujer más joven, y que este joven al mirarla había descubierto una mina de oro que no ha sido explotada. Para relajarse enciende la radio y suena un acorde sensual que llena el ambiente de erotismo, y qué inconscientemente los lleva a juntar sus labios en un intenso beso que se hace más intenso cuando sus cuerpos atraídos como el hierro al imán se juntan y sus brazos se cruzan. Héctor no sabe si está soñando, pero si era un sueño había que aprovecharlo al máximo.
Sus manos se deslizan con libertad por ese cuerpo que tanto ha deseado, algo inexperto y nervioso la comienza a desnudar, y así dar rienda suelta a la pasión. Ella abre sus piernas para dar cabida a sus dedos curiosos y así ser estimulada por aquel muchacho descontrolado; a esas alturas ya no importan los códigos de la amistad, solo importa lo que puede sentir por esa mujer. Los dedos de Héctor se pierden en esa húmeda vagina haciéndola gemir de placer y susurrar lo mucho que le gusta. Cómo puede desabotona el pantalón de Héctor y encuentra su verga dura, caliente y mojada; lo masturba de la misma forma en que él lo hace, mientras otra vez sus labios se juntan y sus lenguas se amarran en un lujurioso beso.
La da vuelta y le separa las piernas, busca las puertas de ese húmedo camino que lo llevará al placer mientras ella mueve sus caderas para guiarlo. Al encontrar la entrada se toma de las caderas y empuja despacio hasta penetrarla por completo. Cada vez son más rápidas son las arremetidas de Héctor que la hacen quedarse sin aire al explotar en un intenso orgasmo; se aferra como puede a la mesa para no caer mientras el muchacho sigue embistiendo con fuerza, la excita sentir como los testículos golpean su vulva y también los cinco dedos de él que se marcan en sus nalgas de lo apretado que está afirmado.
Ella quiere sentir como explota en su interior tan deliciosa verga que la deja sin aire y con sequedad en su boca. Él siente que ya está a punto de acabar, se dispone a sacarlo cuando ella le dice que lo haga dentro, hace años que no siente un río de semen inundando su interior que será un desperdicio sentirlo correr fuera. Un par de estacadas certeras y su semen brota de la misma forma que lo hace un río fluyendo en la montaña. En los ojos de Victoria se puede ver el placer, la satisfacción de ser desea por un chico más joven que ella; se puede ver en ella qué se siente hembra otra vez. Se da vuelta para quedar de frente a su joven hombre y le dice que cada vez que quiera tendrá libre acceso a todo el placer que le proporcionará su experiencia.
Limpian los rastros de su incursión amorosa y se sientan en el sofá, charlan como si no hubiese ocurrido nada, en eso Oscar abre la puerta y sin sospechar nada terminan ese molesto trabajo; pero en los ojos de Héctor se puede leer una frase: "Yo soy tu padrastro y tú no lo sabes"
Pasiones Prohibidas ®
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