N° 80 El sueño imposible

Estoy haciendo un reporte para la oficina en mi cuarto, sentado sobre la cama y con el notebook entre las piernas me sumerjo en el aburrido mundo de oficina pero en casa.
A eso del medio suena el teléfono de casa, es Catalina, la novia de mi hermano quien avisa que pasará más tarde a verlo. De que la conozco he fantaseado con ella, la he tenido en mis sueños más oscuros y me he masturbado muchas veces pensando en sus deliciosos senos y en un movimiento de caderas asesino sobre mi pene. Le doy el recado al pelotudo de mi hermano y sigo en "lo mío".
No podía concentrarme, no salía de mi mente el tono de voz de Catalina al otro lado del teléfono. Mi sangre hierve y la presión se hace insostenible debajo de mi pantalón. Dejo el computador a un lado, me recuesto y bajo mi pantalón hasta los muslos, mojo mis dedos en saliva y los paso por mi glande, y por todo mi pene. Empiezo a disfrutar del placer que brinda mi imaginación; la veo entrando desnuda a mi cuarto, caminando como en cámara lenta y con su contoneo de caderas, y una mirada caliente. Veía que llegaba a mí y me chupaba la verga tan rico, envolviéndola con su lengua. "Qué rico lo chupas" le decía. Hasta qué explotaba en su boca, llenándola de ese rico semen que ya había probado en mis sueños y tragado hasta la última gota. Me levanto al baño para lavar mis manos y mi pene, para seguir haciendo mi trabajo.
Estoy concentrado y mi hermano golpea la puerta, le digo que pase y venía con ella para presumirla como muchas veces lo ha hecho. Lo bueno que el computador ayudó a ocultar la erección que tuve solo con verla entrar con ese vestido corto que apenas tapa sus nalgas.
No sé qué pasó por la retorcida mente del enfermo de mi hermano pero la empieza a manosear frente mío, recorría sus tetas, su culo, su vagina y ella como si nada; pensaba que podía ser una broma y si caía iba a ser el hazmerreír de ellos por largo tiempo. Del manoseo pasaron a los besos, debo reconocer que estaba caliente y que quería unirme a ellos, pero la idea de la broma se me hacía más latente por lo que no me movía de mi cama.
La cosa se estaba poniendo caliente y demasiado, Catalina saca la verga de mi hermano y lo masturba frente a mí, la cara de placer de ese estúpido era estimulante pero más lo era la cara de perversa de ella porque disfrutaba tanto como él lo que hacía. Él igual mete su mano debajo del vestido y la empieza a tocar, sus gemidos eran parecidos al canto de los ángeles. Me tocaba por encima del pantalón como idiotizado mirando, escuchar sus gemidos era cautivante y perverso por la escena.
Se arrodilla frente a la verga de mi hermano y comienza a chuparla, los sonidos de su boca al mamar ese pedazo de carne me calentaban aún más, él se da cuenta de mi calentura y me hace un gesto invitándome a unirme. Me coloco de pie y empiezan acerco despacio, ella al verme saca mi pene y lo masturba mientras sigue con el de mi hermano en la boca. Ahora es mi turno, sentir sus labios apretando mi verga me hace gemir de placer. La desnudamos entre los dos y la llevamos a la cama; lamiamos esos duros pezones, su cara demostraba como el placer la invadía. Gimió con fuerza cuando sintió mis dedos explorando su clítoris, yo no resistí las ganas besarla; invado su boca con mi lengua, la sensación es indescriptible y la lujuria hace insostenible que aguante un minuto más sin penetrarla.
Mi hermano le dice que se monte sobre mí, Catalina se acomoda y de una hace entrar mi pene en su húmeda vagina. Se mueve con fuerza haciéndome disfrutar, mi hermano observa y se masturba viendo la candente escena.
La coloco de espaldas sobre la cama y pone sus piernas sobre mis hombros, la penetro con fuerza, golpeando su vulva con mi pelvis y viendo la cara de placer que coloca en cada embestida. La escena fue demasiado para mi hermano, ya que a los pocos minutos acaba gimiendo como un endemoniado.
Mientras yo seguía disfrutando de la exquisita vagina de mi cuñada, se coloca en cuatro y me ofrece la panorámica de su dilatada vagina. Con fuerza lo meto, ella se encorva al sentir la primera estocada; tomado con fuerza de sus caderas con el pene a punto de estallar al sentir como su vagina se contrae. Hay un momento en que ya no podemos aguantar y ambos terminamos unidos en intenso orgasmo que nos deja rendidos, nuestros fluidos se mezclan y nuestro pecho al unísono late por el placer recibido.
A lo lejos se oye el ringtone de mi celular, lo que me hace de un salto abrir mis ojos y despertar de tan rico y excitante sueño.

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

Publicar un comentario