María decidió terminar su matrimonio de años para refugiarse en la casa de su amiga y entregarse por completo a los deseos lujuriosos de su amo.
Muchas veces en la privacidad ése rudo hombres la sometió a juegos oscuros que la convirtieron en una sumisa tan obediente como su amiga Carolina.
Una noche, con la perversión al máximo en los tres el amo decide dejarlas que jueguen entre ellas pero no esos juegos oscuros que están acostumbradas a jugar sino que de la manera "tradicional" debía desbordar su pasión mientras él observa.
En la habitación estas mujeres desatan su lujuria al besarte y se acarician, él observa sentado en la cama mientras su deseoso miembro crece aprisionando su pantalón. Carolina apoya en la pared a María y la desnuda lentamente, su boca recorre cada espacio de su cuerpo, arrancando gemidos ensordecedores de sus labios. Abre sus piernas y saborea los fluidos que su vagina hace escurrir, María toma sus senos y mira hacía donde está su amo y con ojos perversos se funden en una mirada lasciva mientras él se masturba despacio.
Carolina baja el cierre de su vestido, el que cae al piso y exhibe su cuerpo deseoso por sentir las manos de María deslizándose por él. A una orden del amo María se coloca de rodillas e invade la entrepierna de su amiga, haciéndola estremecer con la punta de su lengua; los gemidos de Carolina se hacen intensos, constantes, el aire es escaso en sus pulmones y solo siente alivio cuando sus fluidos desbordan y con un agónico gemido da comienzo a una sinfonía perfecta de gemidos, ese sonido armónico que envuelve los oídos y te lleva al cielo.
En el piso de la habitación, rendidas ambas al deseo unen sus vaginas y las frotan para despertar aún más el placer en sus cuerpos. Por minutos se olvidaron de que estaban siendo observadas, por un momento sintieron como sus almas se entrelazaron y la lujuria las unía haciendo que su corazón casi les salga del pecho. Con la respiración agitada se entregan a un intenso orgasmo que las hace temblar. Quedan tendidas en el piso y su amo quien las miraba con el miembro en la mano y tocándose viendo la escena de pasión desbordada. Se acerca despacio y ellas se colocan de rodillas frente a él, se pone en cuclillas y las besa de manera sutil, es como si el hielo que cubre sus sentimientos se derrite y empieza a mostrar un lado sensible. Complacido va con ellas a la cama en donde no hay órdenes ni reglas, hay solo pasión, lujuria y un juego sexual sin necesidad de dolor.
Pasiones Prohibidas ®
A Sido un cuento maravilloso me ha gustado mucho espero que sigan publicando nuevos relatos como este
ResponderEliminarTodo en su medida es bueno
ResponderEliminarEl disfrutar de la lujuria del placer es mejor si se tiene verdadera complicidad con alguien.
Excelentes relatos Mí Amo