María decidió volver a la casa de su amiga impulsada por la curiosidad, otra llamada telefónica transforma a ese hombre en un animal poseído por el deseo y la lujuria de tener a sus dos sumisas en la cama otra vez. Esta vez la instrucción es clara: "Las quiero desnudas", solo esas palabras y nada más.
Ambas se desnudaron y empezaron los juegos sexuales sin esperar a su amo. Carolina, la pareja y primera sumisa de éste autoritario hombre besa a su amiga María con la misma intensidad que lo hizo la primera vez, abre sus piernas y entrega su entrepierna a los dedos lujuriosos de Carolina, entregando placer a su gran amiga.
Carolina deja que su amiga tome el control de la situación y se recuesta sobre la alfombra, abriendo por completo sus piernas, María se lanza sobre esa vagina húmeda y con su lengua hace un recorrido completo, que hace estremecer el cuerpo de Carolina y apretar sus senos con fuerza, siente que puede alcanzar el cielo con las manos al cerrar sus ojos, la inexperta lengua de María la tiene con la respiración entrecortada y con su vagina desbordando un río de fluidos incontenible; toma la cabeza de su amiga y la hunde en su vagina, dándole de beber de ese manantial inagotable que fluye de entre sus piernas. Después de eso juntan sus vaginas y al ritmo de movimientos constantes causan esa fricción qué estimula cada fibra sensible de sus entrepiernas.
Entregadas al extremo placer, no se dan cuenta que la puerta se abre y aquel hombre está parado de un impecable traje negro, se notaba que está excitado ya que la erección debajo de su pantalón así lo evidencia, con deseo las mira y lleva su mano al cierre de ése pantalón. La escena sin duda lo calienta, pero su instrucción fue clara: "Las quiero desnudas". No les dijo que empezaran sin él, sin duda ambas merecían ser castigada; se acerca con pasos sigilosos, al llegar donde ellas se coloca en cuclillas y besa los labios de cada una como lo haría un esposo al llegar del trabajo, acaricia sus rostros; ellas no paraban de frotarse y gemir por el placer producido. Las toma del pelo para separarlas, toma a María y la coloca con el vientre sobre sus piernas; se oye el sonido de diez nalgadas que dejan marcados los dedos, los gritos de placer y dolor llenan el ambiente y la satisfacción de saber que era necesaria la corrección la hacen apreciar la muestra de afecto que ese hombre le da.
Le tocaba el turno a Carolina de ser castigada, pero con ella es más severo, con un látigo de cuerdas azota sus nalgas; quedando con marcas y desatando en ella una contracción vaginal intensa que la hace acabar en medio de gemidos profundos de su ser.
Ahora ambas son tomadas del cabello y llevadas a la habitación gateando y arrastrando por el piso. Una vez ahí éste implacable ser de traje negro comienza las prácticas sexuales qué tanto disfruta. Ver a María con los brazos extendidos y con grilletes en las manos mientras el recorre su sexo la punta de sus dedos y a Carolina atada a lo que parece ser un banco con las manos atadas por debajo y los pies atados a las patas de éste dejándola de espalda, frágil y sometida a sus deseos oscuros.
Era la hora de sacar a florecer lo siniestro y perverso del amo que cuando somete a alguien a la hora de amar pone su vida en ello. Se acerca a María, quien no aguanta la excitación cuando siente el tibio aliento de su amo y hombre que reemplazó a aquel moribundo amor de juventud y tantos años casados. Ella suspira y le dice: "Haz conmigo lo que quieras". Los dedos de aquel hombre parecen cuchillos afilados recorriendo su cuerpo, se desespera, gime y da alaridos de placer cuando tres dedos se introducen en su vagina y la penetran a destajo. Él la besa como nunca antes la habían besado, la acaricia como nunca antes lo han hecho y además, la penetra como nadie lo hizo jamás.
María no puede contener el placer y se entrega a un intenso orgasmo qué la hace desfallecer. "Gracias mi amo" brotan de sus labios. Él le regala otro beso intenso y se acerca a Carolina, al verla atada y sometida entiende que ella sabe disfrutar de esos juegos, y la recorre con su lengua hasta perderse en el interior de su húmeda y dilatada vagina. Al él lo enloquecen esos fluidos calientes que salen de ella y bebe hasta la última gota de ese elixir de pasión que esa vulva generosa le regala.
Ella se contrae sobre el banco, siente que su interior reventará y su respiración es solo un vago recuerdo, ya que casi no puede hacerlo; hasta qué sus pulmones se expanden y sueltan el aire contenido en ellos que la hacen explorar en jadeos intensos y en espasmos incontrolables. Su alma se va con el dios del placer al cerrar sus ojos y se pierde por largos minutos, hasta que es traída de vuelta por los labios de aquel hombre que ama y por eso decidió someter su voluntad a él.
Ya complacidos los deseos oscuros de aquel hombre de traje negro, son liberadas de sus amarras y gateando se acercan a él; de rodillas esperan algo más. Él baja la cremallera de su pantalón y saca su miembro erecto para ofrecerlo a sus dos sumisas. Con sus lenguas lo recorren brindando placer a ese implacable hombre, chupándolo y masturbándolo a la vez lo hacen gemir tan deliciosamente que siente como su cuerpo tiembla. Al sentir la boca de ella en sus testículos y la otra con toda su verga en la boca siente como si su corazón fuera a explotar en su pecho. Su glande está morado de tanta excitación y explota en la boca de María, dándole ese caliente semen que esperaba recibir. Generosamente lo comparte con su amiga Carolina a través de un beso intenso, no dejando rastros de ese blanquecino y viscoso líquido.
Las acaricia como su fueran dos gatitas ronroneando y les dice que si quieren jugar ellas solas no tiene problemas en dejarlas pero deben pedírselo primero.
Pasiones Prohibidas ®
Muy Interesante.
ResponderEliminarBuen relato
Cuando hay gusto y obvio consentimiento en ello hay placer.