Ya han pasado días desde que te tuve por última vez en mi cama, aún recuerdo tus gemidos llenando el ambiente y la forma en que me decías lo mucho que te encanta la forma en que te hago mía. También recuerdo tus uñas marcando un camino ensangrentado por mi espalda mientras mordía mis labios y con cara de enloquecida te movías con fuerza para hacerme explotar en tu interior.
Pensando en esos momentos, es cuando suena mi celular y al contestar, tu voz hace que mi deseo se accione y mi miembro reaccione a tan grato estímulo, me pides que vaya a visitarte ya que tienes que hablar algo importante conmigo. Mi cabeza voló por unos segundos y sentí miedo por primera vez desde que estamos juntos. Al llegar a casa me encuentro con tu desagradable amiga María, esa mujer que dijo que lo nuestro no iba a funcionar y que ya estábamos "grandes" para el tipo de cosas que hacemos cuando la puerta se cierra tras nosotros.
Sin oírte y con solo mirarte podía entender que algo perverso se tejía en tu mente, eso le pie a la lujuria y a mis pensamientos retorcidos. Ahora entendí la llamada y la prisa con la que me pedías llegar; es tu juego y tú eres la dueña de la situación, yo te miro a los ojos para no perder detalle de lo escabroso de tus pensamientos. Creo que siento un poco de compasión por tu amiga, ya que ella no sabe lo que espera.
Tuvimos una amena charla, pero quería que dieras el paso y desataras la bestia que tienes atada en tu interior. Después de un par de tragos te sientas en el brazo del sofá a mi lado, me acaricias y yo acaricio tu pierna y mi mano se mete debajo de tu vestido tocando tus muslos. María nos mira con algo de desconcierto, en todo caso normal ya que para ella somos un par de pervertidos. Al roce de mis dedos tu piel se estremece, tú sientes como tú vagina se empapa al sentirme tan cerca; abres las piernas y dejas ver que no traes ropa interior, exhibes a María tu vagina mojada y deseosa de tenerme dentro. Creo que esa fue la gota que derramó el vaso, ya que se levanta ofuscada y se dirige a la puerta; sales tras ella, la tomas de un brazo, le dices algo y besas sus labios. La reacción de ella fue alejarte y quedar desconcertada, me levanto del sofá y camino hacía ustedes; me coloco detrás de María apoyando mi miembro en sus nalgas y tocando sus senos mientras beso su cuello. Tú besas sus labios y tocas su entrepierna, ya no podía resistirse a la lujuria, ésta la había poseído y se entrega a la locura desbordaba de los juegos que ella tanto criticaba. Su vagina se humedece y se contrae al sentir tus dedos escavando su interior, te regala un montón de gemidos contenidos por tu boca; ya entendió el juego y busca sentir mi pene en sus manos, baja la cremallera de mi pantalón y mete su mano sintiendo lo dura que está mi verga, la mueve suave mientras tú disfrutas de sus senos.
La comenzamos a desnudar y colocas una venda en sus ojos, siente algo de miedo pero la calmas con un beso apasionado, yo tomo sus brazos y los coloco detrás, siente el frío metal de unas esposas aprisionado sus muñecas y cuando suena el clic que indica el cierre ella gime despacio. La coloco de espaldas a la pared y tú abusas de ella, de su vulnerabilidad, invadiendo su húmeda vagina con tu lengua, reviviendo en ella el deseo y la excitación que tenía extinta por culpa de un marido indiferente, me acerco y beso sus labios de manera suave. La haces acabar de manera intensa y sus fluidos desbordan como una cascada por sus piernas e inunda tu boca.
La llevamos a la habitación en donde las reglas cambian, es el lugar en donde soy el amo y para estar ahí ella tiene que rendir su voluntad y deseo a mí, se lo dices; ella asiente con la cabeza y al entrar es colocada de rodillas en donde una fusta recorre cada espacio de su cuerpo, al llegar a la entrada de su vagina ella gime y la callo con un golpe con el cuero de la fusta en su vulva, se excita aún más dando otro gemido intenso. Subo otra vez por su abdomen llegando a sus senos, respira con su boca abierta, jadea de manera incontrolable; está llegando a otro orgasmo solo siendo recorrida por la punta de la fusta.
Tú estás en la cama mirando la escena y masturbándote, ves cómo tu amiga disfruta de esos juegos que ella criticaba y te calientas tanto como está ella. La llevo a la cama, en donde te lanzas sobre ella besándola y recorriendo su cuerpo, te doy un azote en las nalgas que te hace gemir de placer. Quiero ver como la violentas, como haces brotar los gemidos más ocultos de su ser, dice lo mucho que le gusta. Yo en un rincón de la habitación las miro y toco mi miembro disfrutando de la escena. La colocas en cuatro y pasas tu lengua por sus nalgas y, la introduces en ese apretado agujero haciéndola estremecer.
María suplica por tener mi verga en su boca, la complazco solo por ser primera vez como sumisa (ya sabes que me encanta verte rogar para te coja). La pongo en su boca y ella se la traga de una, no cabía tanto deseo en su cuerpo, verla chupando y casi al borde del ahogamiento me calienta demasiado. Yo gimo de placer cuando muerde mi glande y me hace temblar esa sensación.
Te observo y también disfrutas al ver como la boca de tu amiga me hace gemir. Buscas entre los "juguetes" y sacas un consolador el cual chupas como si fuera mi verga, me miras con cara de putita al hacerlo, lo introduces con fuerza en ese dilatado ano y la haces gritar, esa mezcla de dolor y placer que tú conoces bien. La penetra con la misma violencia que lo hago contigo y la dejas exhausta de placer. La dejamos descansar unos minutos, al poco rato ella se va porque se acerca la hora para que llegue su marido, ese hombre que mató la pasión, el deseo y la lujuria, promete volver a experimentar esa sensación con nosotros, ya que en las horas qué pasamos juntos volvió a vivir y a sentir deseo por alguien.
La puerta se cierra y solo quedamos los dos dándonos placer de la forma poco tradicional que nos gusta y nos vuelve locos.
Pasiones Prohibidas ®
Bello y perverso a la vez
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