Después de hacer el amor y haber incitado tu perversión, vamos a la ducha en donde seguimos dando tienda suelta a la pasión. Al sentir como tu pene erecto roza mis nalgas me enciendo más aún y me arrodillo frente a él para saciar su calentura con mi boca y hacerlo explotar, disfrutando de tu exquisito semen que me inunda.
Ya en dirección al cine, compras las entradas, unas palomitas de maíz y unas gaseosas, nos sentamos bien arriba para tener mejor panorámica de la pantalla. La trama era intensa; había amor, suspendo, lágrimas, yo no podía contener el llanto y como un bebé lloré; tú como macho rudo me abrazaste y contuviste, besaste mis labios y me dijiste que todo estaría bien, qué solo es una película.
Sentir tu abrazo fuerte y tu beso hace que la excitación empiece a calentar mi sangre y que se humedezca mi sexo, ya no me puedo concentrar en la película; mis dedos buscan la cremallera del jeans que traigo puesto y se pierden sobre mi ropa interior haciendo que ésta se empape de mis fluidos. Muerdo mis labios mientras mi vulva se hincha deseosa de tu pene, mis gemidos son contenidos porque la gente podría notar que me masturbo pensando en tu verga.
Hago una pausa con mis ojos cerrados, y noto como una mano insolente recorre mis pechos, algo asustada ya la mano escurridiza era de la persona que estaba al otro lado mío, lo miro con algo de susto y noto que tiene su verga fuera del pantalón y se tocaba deliciosamente. No puedo negar que me calentó mucho verlo, así que cedí mis senos a su mano intrusa. Miraba de reojo a que no fueras a darte cuenta de lo hacía, y como disfrutaba de esa mano que recorría con tanta familiaridad mis tetas, haciendo que mis pezones se pusieran duros de placer.
Levantó el brazo de la butaca que separa nuestros asientos, toma mi mano y la coloca en su dura y mojada verga. ¡Qué ganas de chuparla! Pero podrías darte cuenta, así que me conformaba con pasar mis dedos en la punta de su glande y saborear ese néctar que brota de tan imponente pene. Lo masturbo suave mientras él desabotona mi jeans y se pierde debajo de mi ropa interior, invadiendo con sus dedos mi sexo, casi al borde de gritar pero acallo con mi mano el grito de placer que salía desde lo profundo de mi interior.
Este misterioso hombre no paró de violentar mi conchita con sus dedos hasta que sintió como mis fluidos llenaban mis piernas y mojó mi ropa interior. Yo no paré hasta sentir como su semen caliente desborda mi mano, y lo llevo a mi boca para disfrutar de su textura y viscosidad. Guardó su verga y yo le mando un beso en el aire el cual agarra y, pasa por su entrepierna; me calenté mucho más. Se levantó creo que al baño, y yo con ganas de seguirlo; te susurro al oído que me acompañes al baño, te levantas y vamos. En la oscuridad para salir de la sala tocaba tus nalgas mientras bajamos por los casi invisibles peldaños.
Entramos en silencio al baño para no alterar a las otra mujeres que pudieran haber dentro, nos encerramos en el cubículo del retrete, Me lanzo sobre ti para besarte con toda la pasión que aflora en mí, como una loca voy a tu pantalón para desatarlo y saciar mi hambre de verga que tengo desde tu contención y fue intensificada por ese anónimo miembro que me dejó con las manos llenas de esa substancia blanquecina que me vuelve loca.
Saco tu pene y lo paso por mis labios llevándolo a mi boca y disfruto de la erección que crece en mi boca. Me tomas del pelo y me mueves para que lo haga rápido, te miro y te veo con los ojos cerrados; yo me imagino que chupo esa verga que tuve en mi manos en la oscuridad de la sala del cine. Realmente me quedé con ganas de probar ese pene con mi boca pero estaba disfrutando del tuyo y me tenías igual de caliente.
Me pongo de pie y bajo mi jeans, te colocas detrás y apuntas tu pene con una fuerza tremenda en mí vagina; me haces gemir de placer cuando se posan tus manos en mis caderas y embistes con fuerza, siento como si me partieras el interior. Me das con tanta fuerza que no puedo contener el orgasmo; mojando mis piernas y haciendo que tiemblen, y Qué casi pierda el equilibrio.
Sigues moviéndote con fuerza, puedo escuchar tus jadeos como de perro en celo en mis oídos y me vuelves loca con la fuerza que le das tu verga a mi vagina. Siento que s hincha aún más en mi interior y late tanto como mi sexo, tus gemidos se hacen más intensos y llenas lo más recóndito de mi interior con esa leche espesa que me recorre y quema mi vagina.
Rápidamente sales del baño sin levantar sospechas; me esperas afuera y yo salgo con la vulva ardiendo por tus estocadas que me hacen desearte con pasión.
Pasan los días y vuelvo al cine para ver si puedo encontrar al tipo que me dejó con ganas de más esa noche de cine.
Pasiones Prohibidas ®
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