Muchas veces la vida me dio la espalda en muchos aspectos, pero me dio la fortuna de encontrarte por esos azares que llamamos casualidad, esos momentos en que la mano de Dios pasa desapercibida para el resto.
No tenía la intensión de compartir mi vida con nadie, estaba concentrado en el trabajo y en otras cosas que no viene al caso detallar; pero la vida tenía deparada otra cosa, apareciste y cambiaste la planificación que ya tenía trazada. Estaba en un viejo bar y sonaba un tal Romeo, te miré y parecías inalcanzable, sólo quería acercarme para decirte que te habías robado mi corazón desde el momento en qué te vi cruzar la puerta. Tú ni siquiera notaste que estaba ahí, a pesar de eso me acerqué y te invité un trago, me dejaste bien clarito que la cosa no iba así.
En ese momento me encomendé a todos los santos que me ayudaran, en ese momento dejó de sonar ese tal romeo y le tocó a Silvio Rodríguez y habló de un unicornio azul; y tal como a él te me perdiste de vista, cuando volviste empezaste a verme como un galán y el trato cambió. Te saqué a bailar y prometiste no pisarme, tus brazos rodeando mi cuello y mis manos tomando tu cintura nos hacían acalorar.
De pronto tus labios se posan en los míos y me besas delicadamente, me miras después de besarme ruborizada y con algo de vergüenza, nos sentamos y hablamos, pediste un mojito y yo un whisky, entre sorbo y sorbo me moría por besarte para sentir otra vez el sabor de tus besos. La hora avanzaba y el bar se hacía pequeño, te propongo salir y aceptas; en ese momento hice la señal de la cruz y agradecí al cielo por haberte encontrado. "¿Qué te pasa niña?" -te pregunto. Respondes con tartamudez: "No creo en qué está pasando, pero no quiero separarme de ti jamás". Nos besamos en cada esquina y caminamos tomados de la mano, la gente nos mira como si fuéramos dos locos porque no saben lo que estamos viviendo.
Pasan los días y una noche fría nos reencontramos, ya no en ese viejo bar sino en mi departamento; preparo la cena, fue día laboral para ambos y estábamos cansados. Mirarte era un premio al terminar mi ajetreado día, tocar tu mano me acerca cada vez al cielo. Me acerco a ti y te beso con esa misma delicadeza que lo hiciste tú en ese primer encuentro. La delicadeza se transforma en pasión y la pasión cede su lugar s la lujuria, sentir como nuestras lenguas se entrelazaban en esa erótica escena hace que mi corazón se acelere y quiera salir de mi pecho.
Vamos a la sala, enciendo la radio y suena "Tan Natural" de Felipe Peláez, te tomo de la mano y te apego a mí con fuerza apoderándome de tu cintura, te mueves al ritmo de la música y de manera inesperada otra vez tu boca busca mi boca y me besas con deseo, entregando tu alma, tus deseos y la fragilidad de tu cuerpo a este hombre que había dejado de creer en el amor. Cómo dije antes, era una noche fría pero al calor de nuestros besos y a nuestras fogosas caricias parecía estorbarles la ropa.
Con sutileza mis manos suben hasta sentir tu cabello que como una cascada interminable cae al desarmar tu peinado, enredo mis dedos en el para sentir su suavidad. Acaricias mi rostro y me miras a los ojos, balbuceas, no puedes hilar palabra alguna y suspiras, entendí que ya eras mía pero sentías temor de decirlo. Mis dedos se deslizan por tus hombros y avanzan a tu pecho, coloco mi mano y siento el latir acelerado de tu corazón; de manera insolente desabotono tu blusa botón por botón, ésta cae al suelo y deja al descubierto tus senos envueltos por un brasier negro.
Seducido por el deseo te abrazo y con dos dedos suelto el sujetador, me detengo un instante para otra vez sentir tus latidos que cada vez se hacían más rápido, mi mano recorre tu pecho y se posa en tus senos los cuáles reaccionan al sentir como la punta de mis dedos quema tu piel; muerdes tus labios y me abrazas, me haces sentir vulnerable y te descubro mi corazón. Esta vez te beso con toda mi alma y tu desabotonas mi camisa, tus uñas recorren mi pecho marcando un camino que es seguido por tu lengua; gimo de placer al sentir como avanzas por él.
Nos vamos a la habitación y nos desnudamos sin mayor preámbulo, al verte recostada en la cama tomo tiempo para contemplar la perfección de tu cuerpo desnudo, notar tu vulva hinchada y lubricada deseosa por tenerme dentro hace que mi perversión aflore. Al acomodarme a la entrada de tu sexo ardiente viene a mi mente la noche en aquel bar y las ganas que tenía de hacerte mía esa noche.
Me introduzco lentamente en tu vagina, gimes y me dices que me deseas; una vez dentro me muevo despacio pero tú quieres que sea salvaje, me besas mientras el placer te invade, abrazada de mi cuello y de mi cintura con tus piernas me dices lo mucho que deseabas este momento. Solos en la cama damos rienda suelta a todo lo que la más perversa de las mentes puede imaginar hasta que ambos rendidos la lujuria exploramos en un intenso orgasmo, nuestros gemidos son incesantes y se confunden.
Desde ese día no te fuiste más de mi lado, ya van 14 años desde esa vez y como prometí ante ese ese altar te he cuidado como la posesión más valiosa que puedo tener, la risa de dos niños que corren por nuestro hogar complementan la felicidad que tengo de estar contigo, mi esposa, mi mujer, la que hace que mis noches sean placenteras y mi despertar sea viendo a la creación más de Dios a mi lado.
Pasiones Prohibidas ®
Linda historia! Se podrá conocer a alguien así? Pues creo q no debemos dudar en probar,no sabemos cuándo terminará en una historia apasionante como esta! 😉
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