N° 70 Una comida que jamás se hizo

Estamos los dos en la cocina preparando la comida, yo te ayudo cortando las verduras y tú en los fogones y tú te encargas de armar lo que será nuestro almuerzo. Te observo y noto como se ven tus nalgas en ese corto vestido y mi perversión aflora, haciendo que la excitación llegue debajo de mi pantalón y mi miembro se ponga duro. Miro cada uno de tus movimientos, dejo el cuchillo en la mesa porque con ese trasero no puedo concentrarme en cortar nada; tal vez sí, en cortar la tira de tu ropa interior para dejar tu culo al descubierto y vulnerable para mí.
Al parecer sientes la excitación en el aire, es como si pudieras saber que te deseo y que quiero hacerte mía ahora, porque reclinas más tu tronco para dejar expuestas tus nalgas a mis ojos libidinosos y lujuriosos. Mi mano abre la cremallera de mi jeans y busca mi miembro erecto y deseoso de tu sexo, me toco pensando en todo lo que quiero hacer contigo. Mi respiración se agita mientras me toco más rápido, las imágenes de mi cabeza se vuelven difusas y mis ojos se concentran en tu culo que me tiene enloquecido.
Me levanto de la silla y agazapado como un animal salvaje que busca atrapar a su presa me acerco a ti, me arrodillo en sumo silencio, sin hacer ruido y cara se mete debajo de tu corto vestido y con mi lengua empiezo a explorar esas nalguitas que despertaron mi pasión, descubro que no llevas ropa interior y mi lengua se mete sin permiso en tu entrepierna haciéndote gemir de placer. Abres tus piernas para darle libre acceso a mi lengua y que invada por completo tu sexo. Te apoyas sobre el lavaplatos y cierras los ojos, gimes de placer cuando sientes que mi lengua entra por tu vagina y gimes con intensidad; siento como tú lubricación escurre por mi boca. Te doy vuelta para seguir abusando de tu sexo con mi lengua, te tocas los pechos mientras gimes y casi habla me dices lo mucho que te encanta. Tus piernas tiemblan y te hacen perder el equilibrio, tus fluidos son abundantes y tus gemidos ensordecedores, acabando en mi boca y con tu manos en mi cabeza hundiéndola en tu sexo y gimiendo inconteniblemente.
Te tomo de la cintura y te impulso para que te cuelgues de mí, me rodeas con tus piernas y te llevo sobre la mesa, sentada en el borde te quitas el vestido; tomo uno unos minutos para contemplar tu belleza, tu desnudez y como la lujuria coloca tus deseos a la voluntad de este hombre que solo sabe amarte. Colocas tus manos en mis hombros y con tus piernas me atraes a ti como un poderoso imán, me besas y acaricias mi pelo, puedo percibir tu deseo, pero también percibo el amor que sientes por mí, la manera que me besas, la manera que me tocas; la forma que te expresas cuando me hablas y tu lenguaje silencioso a la hora de hacer el amor son las señales inequívocas de lo mucho que me amas y disfrutas estando a mi lado. Me dices con suavidad al oído: “Hazme tuya mi amor”. Con ese placer inusitado te penetro despacio y veo tu cara de placer mientras me abro paso en tu interior, con tus ojos cerrados, la boca abierta y tu respiración entrecortada te aferras a mí con fuerza, con deseo; me muevo con fuerza solo con el afán de escuchar esos gemidos intensos que me vuelven loco, tu lengua se mete en mi boca y me besas apasionadamente, mientras tus manos se posan en mi cintura y me empujan a tu interior.
Me siento en la misma silla donde estaba y tu te subes sobre mí, de frente, regalándome la visión de tus ojos enamorados y tus labios secos por la pasión que te consume. Mojas tus labios y te mueves rápido embriagada por el deseo, apasionadamente beso tus labios, siento tu aliento caliente en mi boca y me excito más. Me pervierte sentir como te entregas y como la perversión brota por cada uno de tus poros; envuelves mi cuello con tus brazos y me regalas tus senos para que los deguste como frutas dulces. En esa danza de amor un te amo brota de tus labios y me hace estremecer como cada vez que me lo dices.
Te oigo gemir y me enloquece, quiero que acabes conmigo y juntos nos entreguemos a la sensación de placer incontrolable que hace que los cuerpos húmedos en sudor se fundan, y se convierten en uno solo. Tu cuerpo se desvanece y tus gemidos indican el inicio de un concierto inmaculado de placer, de igual manera me uno al canto de placer sacando los gemidos contenidos en mi interior. Nos besamos con pasión y ternura; yo disfruto de los latidos de tu sexo que se mezclan con los de tu corazón, en ese momento el almuerzo pasó a segundo plano, ya que nos concentramos en el delicioso postre que preparamos junto con la perversión y lujuria.

Pasiones Prohibidas ®

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