N° 68 Cegada a la hora de amar (BDSM)

En medio de la oscuridad de la noche se oye una puerta que se cierra detrás de una pareja de enamorados que se besan apasionadamente. Con deseo sus lenguas se entrelazan y sus manos se recorren provocando en ellos una sensación que los inunda por completo.

Sienten que la vida pasa frente a sus ojos cada vez que sus cuerpos se funden en un cálido abrazo, respiran al unísono y sienten lo mismo; están compenetrados en la lascivia y la lujuria, al punto de hablarse sólo con la mirada.

Él la desnuda sin prisa, le gusta disfrutar de cada detalle de su cuerpo, la recorre con su lengua arrancando gemidos de su alma, ella cierra sus ojos mientras esa lengua entrenada en la perversión recorre sus pechos y erecta sus pezones. Muerde sus labios mientras su hombre baja por su abdomen y sus piernas se abren dándole cabida entre sus labios vaginales; con esa lujuriosa lengua él estimula su clítoris, es como si electricidad la recorriera de la cabeza a los pies. Esa placentera sensación la hace gemir sin control y posar sus manos en sus abultados pechos. Sus fluidos se mezclan con la saliva de su amante, provocando en ella una sensación que la hace gemir de manera descontrolada hasta perderse en un profundo orgasmo qué la hace caer al piso rendida y exhausta por el placer y la excitación.

Él caballerosamente la toma en sus brazos y la lleva a la cama, esta vez sus ojos son vendados por un pañuelo de seda negro y otra vez su cuerpo es invadido por esa escurridiza lengua que sabe por dónde dirigirse para provocar ese tan delicioso placer en su cuerpo. 

Percibe en la oscuridad de sus ojos como él se desnuda, percibe esa respiración profunda que tanto le gusta y la estremece. Ya desnudo, acomoda su miembro en la entrada de esa lubricada vagina, penetrándola despacio, ella abre su boca y gime casi sin respirar, sus piernas rodean la espalda de su hombre y sus brazos el cuello; se entrega al ritmo que impone aquel varón dueño de sus deseos y gime tan fuerte que no solo la habitación se llena de ese placentero eco sino también cada espacio de la casa.

Él también gime de placer al sentir como se abre paso en esa deliciosa vagina, gime al sentir los labios de su amada junto a los suyos. También se entrega a esa melodía de amor que brota de los labios de la mujer que ama; ella deja las huellas de sus uñas en su espalda pero a él no le importa eso, es su mujer y puede hacer con él lo que desee.

Otra vez ella sucumbe a esa sensación qué la embarga y la hace quedar respiración. La besa con ternura mientras se mueve despacio y disfruta de la vagina caliente de su mujer. 

Siguen enredados en las sábanas disfrutándose, invadiendo sus cuerpos con caricias lujuriosas y candentes. Otra vez la puerta de la habitación se abre, nosotros salimos y dejamos a los amantes dando rienda suelta a sus deseos.


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