Te paso a buscar a la oficina, te espero en lobby del edificio, espero a que salgas de uno de los ascensores. Se me acerca un guardia de seguridad pars preguntarme que hacía, le respondo que espero a alguien y que está por bajar. En ese momento un ascensor abre sus puertas y tú sales con esa caminata seductora que tanto me gusta, el estúpido de seguridad se queda viéndote y me dice: "Esa mujer me tiene loco", sonrío con algo de sarcasmo y le digo: "Enserio". "Sí, es tremendo mujerón" -me dice. Te acercas hacía donde estamos y noto la inquietud de este personaje, te desvias a mi y me abrazas, me besas de esa manera que me encanta y nos vamos. Ruborizado me mira mientras salimos y yo le regalo la erección de mi dedo medio por pendejo.
Nos subimos en el auto pero no tomamos el camino acostumbrado a casa, sino que tomamos la carretera con dirección a un hotel que está cerca del aeropuerto. Pasamos al restaurant y cenamos a la luz de las velas. Nos besamos, acariciamos y dejamos que la pasión haga el resto, nos dirigimos a la recepción en donde nos entregan la llave de la habitación que había reservado. Nos subimos al ascensor hasta el piso 17, introduzco la tarjeta en el lector y la puerta se abre, una botella de champange nos espera, petalos de rosa en la cama y música suave. Nos paramos en el gran ventanal y miramos la ciudad desde la alturas, el ruido de la mundanal ciudad no se persive; sólo somos tú y yo junto con la pasión que corre por nuestras venas.
Me abrazas y te mueves al ritmo de la música mientras tus labios rozan los míos. Sigo el movimiento de tus caderas adherido a tu cintura, tu boca se desliza por mi cuello e invades mi pantalón pars sentir como mi pene se endurece. Me seduces, me atrapas con tus labios; mis pulsaciones aumentan y mi respiración se acorta. Te entrego el control, está vez serás tú quien orqueste la sinfonía sobre la cama o donde tu quieras, yo seré el esclavo que sigue las ordenes para entregar placer a la dueña de su lujuria, lascivia y deseo descontrolado.
Sacas mi corbata y desabotonas mi camisa, tu lengua se desliza por mi pecho hasta llegar al abdomen y viceversa, me tienes con la sangre hirviendo y el corazón acelerado. Haces que mi perversión se desate, que mi deseo de hacerte aumente. Siento como te adueñas de mi cinturón y del cierre de mi pantalón; hurgas en el interior, buscas mi miembro, quieres sentir cuán deseoso por ti está; lo sientes y lo aprietas por sobre mi ropa interior y exclamas con voz seductora: "Esto es mío". Te arrodillas frente a mí y sacas mi pene erecto que estila por la excitación que siente; padas tu lengua por el glande y me masturbas rápido, me tumbas en la cama y no dejas de chupar mi pene; es como si tu boca quedara prendada a mi pene. Me tienes al borde de la locura, es como si quisieras que mi pene explotara en tu boca. Te detienes y te desnudas, no dejas de mirarme con esos ojos traviesos que tanto me gustan; recorres tu cuerpo, tocas tus pechos y tus manos se pierden en tu entrepierna. Disfruto mirando y masturbándome, mientras muerdes tus labios y disfrutas de tu sexualidad. Ahora, me desnudas tomando en consideración cada segundo, disfrutando de cada espacio de mi cuerpo.
Te colocas en cuclillas, bajando lentamente hasta la punta de miembro, cierras tus ojos y gimes suavemente hasta que entra completo en tu vagina. Te mueves adelante a atrás mientras tus uñas arañan mi pecho. Mis manos en tus muslos disfrutan tu movimiento y tú aumentas la velocidad al moverte; acaricio tu rostro y te inclinas para besar mis labios. Me coloco de pie y te tomo en brazos, de un movimiento certero introduces mi verga en tu vagina, te quedas quieta esperando lo que va a suceder. Abro el ventanal que separa el balcón de suite y a la ruidosa ciudad y apoyado al borde de éste dejo qué te muevas y disfrutes de la vista que el mundanal Santiago nos regala.
Muerdes mis labios y sigues tu movimiento, quiero que gimas y me entregues hasta el último gemido que brota de tu ser. Un "te amo" sale de tus labios mientras acabas y entre gemidos te aferras a mi con fuerza para que yo embista con fuerza tu vagina, y llene tu interior de mi semen que brota como un géiser hirviendo en tu interior. Sin darte cuenta estás sumida en otro poderoso orgasmo que te deja casi sin respiración. Abrazados nos besamos, bebemos champagne y disfrutamos de la vista que la ciudad nos regala. Nos quedamos un par de horas mirando y nos dirigimos a la cama, en donde la voz de relator ya no se oye y da espacio a que dos amantes se entreguen a sus deseos íntimamente. Nos abrazamos con fuerza y lo que sucedió solo somos testigos tú y yo.
Pasiones Prohibidas ®
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