N° 64 Cena de trabajo

Pasan las diez de la noche y nos alistamos para salir, veo como secas tu cuerpo salido de la ducha, como esa toalla recorre cada espacio de tu cuerpo. Me siento excitado solo de verte hacer algo tan cotidiano, pero eres mi mujer y sabes lo que provocas en mí. 
Veo cómo te vas cubriendo de a poco, como te colocas el brasier y las pantaletas rojas, y ese ceñido vestido rojo que marca tu figura. ¡Wow! "¡Te ves hermosa!" -sale de mis labios, tu solo sonríes. El maquillaje, la ropa interior, el peinado y el vestido; todo es perfecto y te hace lucir como la reina de mi castillo.
Yo vestido de un sobrio traje negro, camisa blanca, corbata del tono del traje; totalmente común y corriente, pero acompañado de la mujer más sensual que ojos humanos hayan visto. 
Bajo a esperarte en la sala, sentado escuchando algo de jazz y con una copa de vino blanco frío en la mano, el sonido del saxofón me transporta y hace que mi cabeza maquine escenas nuestras haciendo el amor logrando que mi pene se erecte y quiera poseerte como muchas veces ya lo he hecho. 
Me siento en el comedor con todas las luces apagadas, solo ilumina la luz de la radio encendida con la música llenando el ambiente. 
Ni al mejor director porno podría habérsele ocurrido tal escena, yo escondido en las sombras asechando a mi presa. Siento tus pasos bajando la escalera y me llamas, no respondo, sólo espero a que bajes para dar rienda suelta a mis torcidos pensamientos. 
Caminas hacia el comedor y enciendes la luz, me ves sentado y me dices: "Ya vamos, se nos hace tarde". Me coloco de pie, tu caminas delante mío, te tomo con fuerza de la cintura; sientes como mi miembro erecto se posa en tus nalgas y me dices: "Pensaba que no lo ibas a hacer nunca, dame lo que merezco".
Bajo los breteles del vestido y saco tus senos sobre el sostén, los meto en mi boca, chupándolos. Gimes e invades mi pantalón sacando mi pene por entre el cierre, te coloco en la mesa y subo tu vestido hasta la cintura, muevo la pantaleta a un lado y te hago mía con fuerza, solo soy un poseído por el demonio del sexo y tú eres mi sumisa, mi esclava dispuesta a complacer mis oscuros caprichos sexuales.
Tú gimes alborotada cada vez que te penetro hasta el fondo y mis testículos te golpean. Sientes como tu interior se contrae y tu respiración se vuelve escasa, también puedo sentir como desde tu interior fluye ese orgasmo que te hace gritar, gemir y sentir que mueres y vives a la vez.
Quieres que acabe yo, qué inunde toda tu vagina con mi semen. Me tomo de tus caderas y me muevo con fuerza, ahora solo importa dar a mi dama lo que ella pide, cada embestida que doy desgarra tu interior provocando dolor y placer; otra vez acabas deliciosamente y mi miembro explota en ti llenando cada espacio de tu interior con ese esperma que quema tus entrañas, exclamas: "¡Uffff, delicioso!" y me pides que lo deje adentro hasta que se descargue la última gota de mi placer. Sin duda somos dos pervertidos, dos seres que se complementan en la intimidad.
Acomodas tu ropa como si nada y caminas hacía la puerta con mi semen fluyendo de tu interior y mancha tu pantaleta, total eso no importa ya que es la marca distintiva de que tu cuerpo me pertenece. Nos subimos al auto y nos enfilamos a esa aburrida cena de mi trabajo pero antes ya disfrutamos del delicioso postre.

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