Estaba sentada en mi trabajo frente al pc cuando una notificación hace me hace saltar del asiento, ya que estaba concentrada en lo que hacía. Pasan los minutos y reviso, era del grupo de la secundaria, y nos invitaban a una reunión de ex alumnos. Sin duda un momento de recordar cosas que vivimos y marcaron la adolescencia. También vería a ese ex novio que parecía pulpo tocando mi cuerpo cada vez que salíamos y que se llevó lo más preciado que puede tener la mujer esa noche de graduación. Sentía algo de nervios ya que los años han pasado y no somos los mismos de hace 20 años atrás. Los días se acercaban y ya se cumplía el plazo de avisar si iba o no; por alguna razón digo que sí y ahora debía asumir la decisión. Llega el día y me sentía como una princesa de Disney, sentía que la mirada de mis compañeros me desnudaba, incluso me sentía deseada por alguna que otra compañera; eso me excitaba y hacía que mi sexo se humedeciera. Muchos se acercaban buscando conversación, me llenaban de piropos y halagos, algo sonrojada solo sonreía; no me importaba lo que ellos pudieran decir, solo quería encontrarlo a él entre la gente, volver a sentir sus manos en mi cuerpo, sus besos encendiendo mi deseo; anhelaba ser suya como la primera vez; aunque nuestra vida haya tomados rumbo distintos, mi cuerpo, mi alma y mi corazón le seguían perteneciendo. Miraba hacia la puerta ansiosa por verlo entrar, con un trago en la mano, disfrutando la suave muisca, siento un “Hola” que penetra hasta la última fibra de mi ser, fue como si el tiempo se detuviera y la música dejara de sonar, era el hombre dueño de mis deseos que se había acercado a saludar. Me cuelgo de cuello con la esperanza de besar sus labios, pero me ofrece su mejilla; tal vez en mi imaginación pensaba que sería lo mismo que en la secundaria, había olvidado que el tiempo había pasado y que muchos teníamos una familia e hijos de por medio y eso era lo que precisamente pasaba; él había hecho su vida en otra ciudad, tenía una esposa e hijos que lo esperaban; no podía reprochar nada ya que mi situación era similar a la suya y por ende no habían reproches ni muchos menos malas caras. Solo tuvimos una emotiva conversación y un momento agradable que prometimos volver a tener si se hacía otra reunión o bien nuestros horarios coincidían para tener una cita. Manejando a casa no podía quitarme de la cabeza su voz, su rostro; el momento que me abrazó cuando nos saludamos, cuando dulcemente tomaba mis manos cuando hablábamos, esa sensación de excitación volvió a recorrer mi cuerpo y otra vez mi entrepierna se mojó de manera abundante, quería tener sexo pero no quería volver a casa para hacerlo con ese troglodita que duerme del otro lado de la cama, que solo piensa en su satisfacción olvidándose de hacerme sentir mujer. Decidí estacionarme a un lado del camino y dar rienda a esa pasión que me estaba quemando, deslizaba mis dedos por mi entrepierna sintiendo la humedad de mi sexo, mi respiración se agitaba al momento de ser penetrada por mis dedos. Sacaba los fluidos de mi sexo para probarlos en mi boca, me sentía tan deseosa de un pene erecto en mi interior, acariciaba mis senos, mis pezones se sentían duros. Sentía esa voz resonando en mi mente y me hacía gemir de placer imaginarlo haciendo conmigo las cosas más oscuras que pasaran por su mente. Perdí la noción del tiempo, pero sin duda sé que quedé exhausta por todas las veces que acabé pensando en su miembro destrozando mi vagina. Llegué a casa, me di una ducha y me acosté como si nada hubiese pasado. Los días transcurren y o hay notificaciones en el grupo, tampoco una llamada de aquel hombre que hace mi día un poco más intenso, ya que siempre que lo recuerdo tengo que tocarme para saciar mis ganas de tenerlo entre mis piernas. Llega el fin de semana y el celular deja caer su sonido característico y la vibración corta y sutil, una notificación había llegado; la reviso y era del grupo, había otra reunión para fin de mes, era la oportunidad perfecta para reencontrarme con él pero esta vez sería distinto. ¡A la mierda el matrimonio! Ahora, importaba mi satisfacción, el deseo que me estaba consumiendo; de solo imaginar las cosas que podríamos hacer me mojaba y mis manos se deslizaban a mi vagina, podía sentir mis labios hinchados por sobre la ropa interior, sentía como mi pantaleta se empapaba de mis fluidos, esa sensación me acompañó por el resto del día y ese deseo no desapareció por más que me tocaba para saciarme. Llega el día señalado, me visto más provocativa; me encantó ser el centro de las miradas de aquellos compañeros y compañeras. Me abro paso entre la gente y siento otra vez esas miradas libidinosas que me desnudaban y me poseían, me sentía excitada, mojada, pero mi deseo era por aquel que desvirgó mi inocencia. Transcurren algunos minutos y sentada frente a la barra con un trago en la mano, otra vez ese “hola” me recorre por completo haciendo que vagina palpite de deseo y expulse sus fluidos alrededor de mis piernas. Otra vez lo rodeo con mis brazos pero fue diferente, me tomó con fuerza de la cintura y me apegó a él. Besó mis labios con pasión y sus manos se posaron en mis nalgas, apretándolas y haciéndome gemir. No sé qué pasó por su mente, pero me encantaba ese cambio, extrañaba esos labios y esas manos tocando mi cuerpo. Podía sentir como su miembro se endurecía, podía sentir su excitación y el deseo que de él afloraba, mis manos disimuladamente bajan a su pantalón y siento como su entrepierna se abulta aún más. Le susurro al oído: “Me deseas”, responde de manera afirmativa y nos vamos a su auto, en donde en el asiento trasero me desnuda con violencia, tal como lo hizo la primera vez, él con sus pantalones abajo y con su miembro erecto me toma del pelo y me lleva a esa deliciosa verga para meterla toda en mi boca. Volver a saborear ese delicioso pedazo de carne hacia que mi corazón se acelerara y mi vagina palpitara deseosa por tenerla dentro. Me acomoda poniendo mi torso sobre los asientos delanteros, mi culo queda al aire, a su completa disposición, siento como su lengua recorre mis nalgas, se pierde en mi ano y desborda mi vagina con placer extremo, su lengua me recorría completa y con su boca chupaba mis labios vaginales, sentía como sus dedos desgarraban la piel de mis caderas y como su lengua hacia hervir mi sangre cada vez que con movimientos suaves rozaba mi clítoris. Ya no aguantaba la sensación que me recorría, gemía y gritaba intensamente, estaba llenando su boca con mis fluidos tibios, parecía que eso le gustaba porque metía su lengua hasta el fondo, como si quiera dejarme sin ni una sola de lubricación. Con una mano en mi cadera y con la otra en su miembro me hace bajar para penetrarme, siento como su verga se abre paso en mi vagina, me muevo con fuerza, los vidrios se empañan por el calor de nuestros cuerpos, no importa lo que pueda percibir fuera, importa lo que estamos sintiendo en el interior del vehículo, y la forma en que me penetra. Me muevo con delicadeza, quiero sentir todo su miembro, sus manos hacen estragos en mis senos; aprieta mis pezones con fuerza, mis labios se secan, mi respiración se acaba. Siento como mi sexo se contrae en cada movimiento haciéndome explotar con su verga en mi interior, quisiera descansar pero él quiere que me siga moviendo ya que también está a punto de venirse. Sigo mis movimientos pero esta vez de forma rápida, solo quiero sentir su verga llenando mi vagina con ese rico semen que hace tiempo ya me inundó. Me toma de las caderas y me mueve de manera intensa de arriba abajo, siento como su verga llega hasta lo más profundo, siento como si fuera a desgarrar mis entrañas; su pene palpita descargando ese rio de semen que se pierde en la profundidad de mi sexo, por el solo hecho de sentir su semen recorrer mis entrañas vuelvo a acabar, mezclando sus fluidos con los míos. Excitante y furtivo fue ese encuentro, nos vestimos con la esperanza de que nadie notara nuestra ausencia, pero todos sabían en lo que estábamos, nadie comentó nada ni tampoco hubo quien apuntara con el dedo, porque esas reuniones de ex alumnos solo eran la excusa perfecta para tener aventuras y rememorar los tiempos pasados, cuando el sexo era parte vital en la relación. Desde esa noche nos juntamos dos veces al mes para saciar nuestro deseo y las ganas de darnos un buen polvo en el asiento trasero de los autos.
Pasiones Prohibidas ®
Que rico hacerlo en el auto. Como no me voy a volver adicta al sexo si es lo mejor. ��
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