N° 58 Sorprendida in fraganti

Son casi las doce de la noche y llego cansado del trabajo, presumo que duermes ya que no hay ruido ni luces encendidas. Subo despacio la escalera para llegar a la habitación, pero noto algo distinto, tu perfume llenaba la atmosfera despertando la perversión en mí.
Casi sin abrir la puerta te espío sigiloso y te descubro completamente desnuda sobre la cama, tocando cada espacio de tu cuerpo, disfrutas sintiendo como tus dedos se deslizan por tu vientre hasta llegar a tu entrepierna; acaricias tu sexo con suavidad y muerdes tus labios. Verte retorcida en la cama me excita a tal punto que no puedo contener mis ganas de mirarte y tocarme a la vez. De manera pervertida me pierdo en tus gemidos, de manera lujuriosa disfruto con mi mano en mi entrepierna de la misma manera que lo haces tú, pero yo quiero tener tu boca en la mía y que saborees mis besos. Lentamente me desnudo y sigo observando como tus dedos se pierden en tu interior, gimes y pronuncias mi nombre cada vez que te penetras con más fuerza. Te rindes al placer, provocándote un orgasmo que llena la habitación completa.
Ahora, de manera decidida entro y me siento en la silla del computador para observarte, cuando abres tus ojos me ves con el miembro en la mano. “¿Cuánto llevas ahí? –me preguntas, con una sonrisa en los labios te respondo: “El tiempo suficiente como para oír mi nombre cuando te acercabas al orgasmo”. Te incorporas y te acercas a mí, besas delicadamente mis labios mientras suspiras, la piel se me eriza al sentir el roce de tus labios y tus manos tomando mi rostro. Bajas despacio por mi pecho, mi abdomen hasta llegar a mi pene que se muere por estar dentro de ti lo tomas suavemente y lo mueves de arriba abajo, logrando que gima de placer. Sabes lo mucho que me calienta cada vez que haces eso, me enloquece cuando lo aprietas con fuerza y pasas tu lengua por el glande, el calor de tu lengua envolviéndolo como un capullo hace que mis gemidos aumenten, lo tragas despacio llenando tu boca sin dejar de moverlo. De mis labios salen palabras obscenas al sentir como tu boca llega a la base de mi pene.
Endemoniadamente lo colocas entre tus senos y me masturbas, pasas tu lengua cada vez que el glande llega a tu mentón, haciendo que mi excitación aumente; me tienes en las nubes, mi deseo se rindió a ti desde el momento que tu esencia se metió en mi olfato, causando que el placer, la perversión, el deseo y la lujuria me invadieran con tal poder que me hacen perderme en ti. Te subes sobre mí, mi pene abre espacio entre tus labios vaginales y se mete despacio. Te retuerces de placer al sentirme dentro, te deslizas con fuerza para que llegue más a fondo; rodeas mi cuello con tus brazos mientras me besas suavemente y sigues tus movimientos. –“Me encanta sentirte dentro” –me dices, mientras mis manos se posan en tus caderas; frotas tu vulva en mi miembro con fuerza e intensidad, mi boca recorre tus pechos y gimes casi sin respirar, mi lengua busca tus senos y tú encuentras ese orgasmo que desborda de tu interior inundándonos, mientras tu corazón acelerado pareciera salirse del pecho. Complacida y exhausta contraes tus músculos vaginales presionando mi pene en tu interior, forzándolo con movimientos cortos a que explote en ti y llene cada espacio de tu interior con mi semen que quema lo más profundo de tu ser.
Te llevo en brazos a la cama y me cuentas como al sentir mi perfume entre las sabanas te excitaste y que te perdiste en ese placer de sentir tus manos en tu cuerpo. Mis labios esbozan una sonrisa y mis manos acarician tu pelo mientras nos fundimos en un beso intenso, cerramos nuestros ojos y el tiempo se detiene al toque de nuestros labios deseosos el uno del otro.

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