Hace unos días les conté que soy un oficial de policia y que empecé una relación con una camarada de armas con rango inferior al mío y que tengo gustos peculiares a la hora del sexo. Bueno, ahora les contaré a qué me refiero al decir "gustos peculiares".
Quedamos de juntarnos temprano, ya que ambos estábamos de servicio en la tarde y por ende debíamos aprovechar el tiempo de la mejor manera.
Nos encontramos en un céntrico lugar de la cuidad, nos abrazamos como si fuera la primera vez que nos veíamos y nos besamos con esa misma intensidad. Acaricié su rostro de manera suave y su respiración se agitaba, podía percibir su deseo de tenerme entre sus piernas, tampoco podía esconder mi excitación ya que mis manos se deslizaban por su cintura. Caminamos hasta un hotel donde nos esperaban ya que tenía una reservación.
Le digo que voy a pasar al baño, que me espere. En mi bolso tenía mi uniforme, mi pistola, las esposas y el bastón retráctil. Me vestí con mi uniforme y con los demás implementos, sin poner el cargador y bala en la recámara: "¡Policia, arriba las manos!" - le digo. Ella sigue el juego y me dice: "Si yo no he hecho nada". "Guarda silencio y colócate contra la pared". Obedece mi orden y se apoya en la pared con sus manos en alto. Me acerco siguiendo los protocolos respectivos para efectuar la inmovilización de sus brazos apoyando mi hombro en su espalda mientras las esposas apretaban sus muñecas haciéndola jadear de placer, procedo con el registro de rigor pasando mis manos por su cuerpo lo que la hacía temblar de excitación, mis manos se deslizan por sus contorneados muslos, ella movía sus caderas siguiendo mis movimientos, la nalgueo con fuerza para que deje de hacerlo y continuar. Mis manos suben por sus durísimas nalgas, las aprieto con fuerza y ella gime con intensidad; mis manos se meten debajo de su blusa sintiendo su ardiente abdomen y firmes senos, sus pezones estaban a punto de explotar por lo caliente que estaba. Botón por botón desbotono su blusa y saco sus senos por encima del sostén para sentir sus pezones duros, la doy vuelta para sentirlos en mi boca, rozándolos con mi lengua, morderlos y chuparlos; con sus ojos cerrados ella gemía al sentir mi boca causando estragos en sus pechos.
La coloco otra vez de boca a la pared y bajo sus pantalones con todo y ropa interior. Mis manos otra vez se deslizaron por sus nalgas haciéndola estremecer, mi lengua pasea por sus glúteos y se pierde en su ano, jadea y tiembla cada vez que la punta de mi lengua intentaba abrir su estrecho agujero, se ahogaba de placer, su ano palpitante delataba su inminente orgasmo el cual se dejó sentir con gemidos incesantes. No aguantaba las ganas de penetrarla, la llevé a la cama, la coloqué en cuatro y la embestí con fuerza en su vagina húmeda, y dilataba, deseosa de ser embestida. Tomado de sus caderas la penetro como toro en celo, haciendo que gritara cada vez que mis testículos golpeaban su vulva; podía sentir como su vagina palpitaba, cómo jadeaba de placer, era todo lo que buscaba en una mujer que disfrutaba del sexo pervertido como yo. Completamente excitado acabo en su interior llenando su vagina con mi semen y haciéndola suspirar de satisfacción.
Le suelto las esposas y ella se funde en un abrazo en el cual entregó su alma y corazón. Desde esa mañana el rudo policia sucumbió a la ternura y pasión de la mujer que al principio le robó el corazón.
Pasiones Prohibidas ®
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