N° 54 Una cena diferente

Con Luisa nuestra relación era especial, la pasábamos bien en todo aspecto; en la cama siempre salíamos con algo nuevo ya que era de mente abierta y no se negaba a nada que le produjera placer. En muchas ocasiones al llegar del trabajo la sorprendía en la cama con sus dedos en la entrepierna, gimiendo y húmeda a más no poder. Me excitaba sorprenderla masturbándose, siempre me escabullía y terminaba con mi lengua en su vagina saboreando sus intensos fluidos y penetrándola hasta quedar rendidos por la lujuria.
Un día mi mujer me dice que vendrá a visitarnos una de sus amigas de infancia, algo molesto acepto ya que para recibir a mis amigos siempre había un pero, y como se trata de una amiga de ella no debe haber protestas ni reclamos. Como si viniera alguien importante todo estaba impecablemente ordenado, la mesa con sus elementos bien puestos, hasta una botella de vino tinto; yo no sé si molestarme o agradecerle a la “amiguita” por el impulso a ordenar que le dio a Luisa. Hasta me hizo vestirme para la ocasión, la última vez que me vestí para recibir a alguien fue para nuestro matrimonio, jajajajajaja.
La cosa es que, pasaban los minutos y la llegada de su amiga era inminente, me solté la corbata para fumar un cigarro en el patio y beber una cerveza fría, cuando Luisa me va a buscar para decirme que había llegado su amiga. Quedé sin habla, era una rubia preciosa, alta, tez blanca, con unos pantalones de tela ajustados en sus piernas y con una blusa blanca con algo de transparencia. Me acerco y después de besar su mejilla le digo: “Hola, soy Gabriel. Es un gusto tenerte en casa”. Ella responde: “El gusto es mío Gabriel. Me llamo Sofía, encantada”.
Nos sentamos, charlamos, mientras la cena se preparaba. Le digo a Luisa que me acompañe a la cocina y le digo que su amiga me tiene caliente, ella se sonríe y me dice: “Tú ves una escoba con falda y te calientas”. Me di cuenta de algo que ella no había notado, Sofía estaba excitada pero no por mí sino por mi esposa, se lo hice saber ya que me enloquecía la idea de verla con una mujer, era un tema que ya habíamos hablado pero que no se había tocado más. Luisa cree que exagero, “ey, le digo, “el lesbianismo no es algo que se le cuenta a todas las amigas por el tabú que existe. Además, eres su amiga por muchos años, ¿cómo no lo ibas a notar?”. “Son años que no nos vemos” –me dice. “No puedo creerlo de ser así” –replica, pero la idea de igual forma le sedujo, incluso la excitó. Notaba como juntaba sus piernas para contener sus fluidos y la sensación que le llegaba a la entrepierna; salí a fumar otro cigarrillo y las dejo a solas, aunque observo por la ventana la acción en la sala, vi como Sofía se sentó al lado de mi mujer para charlar más distendidamente. Entro y me siento en el sofá, observo cada movimiento de ambas, ya no caía en mi tanta excitación, me coloco de pie para ir al baño y descargar mi excitación. Salgo del baño y veo a Luisa subir las escaleras corriendo, no entiendo que pasa y al preguntarle a Sofía, me confiesa que intentó besarla, que por favor la perdonara y se lanza a llorar en mis brazos. “No quiero perder su amistad” –me dice. “Tampoco quiero que pienses que soy degenerada, pero mis impulsos me traicionaron”. “Será mejor que me vaya” – dice, “no creo que sea correcto que lo hagas sin antes hablar con Luisa” –le digo. Pasan los minutos y no sale de la habitación, le indico a Sofía cual puerta es y que suba a hablar con su amiga; en mi mente tenía algo de rabia con mi esposa por no haber seguido el lascivo juego de Sofía, tampoco podía obligarla, ya que es algo que depende solo de ella.
Sofía sube cada escalón de manera sensual, igual entiende que me tiene caliente hace rato y apunta en la dirección que le había indicado, abre la puerta sin golpear de forma suave, queda atónita con el espectáculo que ven sus ojos: LUISA DESNUDA DE LA CINTURA HACÏA ABAJO MASTURBÄNDOSE; en su cara se nota el asombro, no sabe qué hacer: Cierra la puerta o entra a ayudar a mi mujer a descargar su deseo. Ella no salió corriendo por sentirse ofendida por la acción de Sofía, sino porque no pudo contener sus ganas. Entra con pasos silenciosos y en la penumbra se oculta su sensual figura, en ese momento Luisa no podía parar de gemir ya que estaba siendo presa de un orgasmo que la deja sin aliento, al lado de la cama Sofía no esconde su placer ya que sus manos hurgan en su entrepierna; mi mujer al verla la toma de las caderas y la sube a nuestra cama en donde se besan de manera apasionada. Yo solo era un espectador en la función amatoria de estas dos mujeres calientes que se dejan envolver por la lujuria. Detrás de la puerta con mi pantalón desabrochado y la cremallera abajo busco mi miembro para sacarlo y así conmigo sea testigo de ese espectáculo excitante.
Luisa desnuda completamente a su amiga y ella hace lo propio con mi esposa; Sofía pasa sus dedos por los labios de Luisa y ella los moja con su lengua; lentamente toca el clítoris de mi mujer mientras se besan delicadamente; el morbo me tiene preso, la pasión enceguecido y el placer rendido a los pies de dos mujeres que no han notado mi presencia aún. Escuchar los gemidos de mi mujer es un deleite para mis oídos y ver como Sofía la hace gemir es un deleite para mis ojos. La lengua de la amiguita baja por sus senos hasta su sexo húmedo, masajeando suavemente ese clítoris y de vez en cuando perderse en el interior de su vagina. Perdida en el placer Luisa saca a relucir su lado salvaje y disfruta de la lengua de Sofía hasta poner sus ojos blancos de placer, silenciosamente mi verga y yo observamos, mudos testigos de la excitación que se percibe en el aire.
Sofía se sube sobre ella y se besan cada vez con más pasión, exponiendo su culo hacia la puerta donde estoy, se mueven para flotar sus vaginas húmedas y gemir juntas. Casi enceguecido avanzo y meto mi miembro en la vagina de Sofía quien da un alarido de placer, voltea y me dice: “Te habías tardado papacito”. Coloco mis manos en sus caderas mientras frotan sus vaginas; mi esposa disfrutaba de los pechos abundantes de su amiga mientras mi pene disfrutaba de esa vagina caliente y húmeda. Me pide que me mueva más fuerte, se viene en un orgasmo que la hace rendirse, exhausta cae en el pecho de Luisa quien la besa y acaricia delicadamente. Me acomodo en la silla del escritorio y las contemplo complacido mientras me masturbo con la misma suavidad en las que ellas se han envuelto.
Se miran y sonríen acercándose hacia donde estoy; ambas toman mi miembro y lo mueven rápido mientras Sofía lo chupa como loca mi esposa se traga mis testículos. ¿Qué más se puede pedir? Ya sé, ¡acabar en la boca de la amiga de mi mujer! Mientras ella se traga mi miembro, esa sensación incontrolable de querer explotar me recorre por completo, haciendo que casi se ahoga con mi espeso semen, recibiendo hasta la última gota que emana de la pasión contenida. Se acerca a Luisa y besa sus labios compartiendo tan exquisito botín conseguido. Esa noche dormimos los tres en la cama, y por la mañana me despierto con ellas chupando mi verga, pues, querían esa dosis de leche mañanera en sus bocas.


Pasiones Prohibidas ®

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