Un maldito fin de semana sin suerte, creo que es el primero desde que vivo solo que ninguna mujer duerme a mi lado. Llega el lunes y otra vez a la oficina pero esta vez había algo diferente, era Alejandra, la nueva chica de seguridad. 1,77 de altura, tal vez no más de 30 años y unas curvas de infarto, le digo que sin el sistema de tracción adecuado podrían salirse del camino y tener un grave accidente. Seria deambula por los pasillos, mirando que todo se encuentre dentro del orden establecido. Embobado la miro y le sonrío pero ella es inmutable, creo que eso me gusta y también hasta podría decir que me excita.
Pasó un mes desde la llegada de Alejandra y las únicas palabras que he podido sacarle: "Buen día señor". "Hasta luego señor". Había perdido todas las esperanzas de conquistarla y por supuesto tenerla en mi cama, le llevaba chocolates, dulces, pasteles (creo que el más pastel era yo), de todas las cosas con las que se puede agasajar a una mujer y nada. Ya casi entregado al fracaso, mi jefe me llama a la oficina y asigna quedarme hasta tarde haciendo unos informes; se me iba a cancelar el tiempo extra, me iba a ir en taxi y me iban a dar de comer. ¿Qué más se podía pedir? ¡Jajajaja!
Eran ya cerca de las ocho de la noche, yo creí estar solo, estaba en mi celular viendo un video xxx con los audífonos puestos, el cinturón suelto y el pantalón desabrochado cuando unos zapatos brillantes se paran frente a mí; asustado casi caigo de la silla y obviamente mi teléfono voló como 50 metros. Era Alejandra que me avisaba que llegó la comida y que la había dejado en el casino, se da media vuelta y veo esas nalgas moviéndose al ritmo de pasos firmes y seguros.
Llego al casino (comedor) y la veo sentada bebiendo agua en un vaso, creo que también se sorprendió de verme ya que agua le escurrió por la comisura del labio cayendo en su blusa blanca dejando translucir la forma de sus senos y parte de su sostén. ¡Qué imagen! Se senté lo más pronto que pude ya que miembro reaccionó de manera sorprendente. En el mismo cuarto pero separados la observaba, sentía el impulso incontrolable de lanzarme sobre ella y desnudarla con violencia para hacerla mía; me moría de ganas por tener mi pene en su boca y que lo chupara como un caramelo hasta que mi semen escurriera por su boca. Mi pene parecía explotar, tanto que tuve que bajar mi cierre y sacarlo bajo la mesa.
Ella miraba, yo huía de sus ojos ya qué me daba vergüenza en la actitud que me encontraba, tal vez me denunciaría por acoso sexual o simplemente no diría nada y se iría a continuar su trabajo. Me dice: "No se incomode por nada, sólo relájese". Continúa caminando y yo pegado a esas nalgas de otro planeta.
Termino de comer y camino hacía mi cubículo cuando la guardia de seguridad entre penumbras aparece llevándome con fuerza contra la pared estrellando mi cara en ella. Con sus pies abre mis piernas y me palpa desde el torso a las piernas. "¿Qué pasa Alejandra? Estás abusando" -digo con un poco de susto, estúpidamente protesto a algo que imaginaba, varias veces había sido mi inspiración para y autobrindarme placer. Cuando ya vuelvo en mí y comienzo a disfrutar el momento las manos de Alejandra se encontraban bajando la cremallera de mi pantalón y mi miembro fuera siendo sutilmente masturbado. Excitado a más no poder siento que voy a acabar, gimo de placer, mi verga se empieza a hinchar y a tener esos espasmos placenteros soltando hasta la última gota de semen en su mano. Sin ningún pudor pasa la lengua por su mano limpiando hasta la última gota de mi blanquecino y viscoso semen.
No daba crédito a lo que sucedía, pensaba que era un sueño sobre la mesa del casino y que en algún momento despertaría con una mancha de semen en el pantalón. Me lleva prisionero de mi verga hasta mi estación de trabajo en donde me sienta y ella baja saboreando mi pene con su lengua, sacando hasta el último residuo de semen encuentra. Mi excitación aumenta cuando su lengua recorre mis testículos, haciendo que me retuerza en la silla; se coloca de pie y desabotona la blusa con su insignia, sube el cinturón sin soltarlo en donde tiene el bastón, las esposas y el radio con el que se comunica con su central, y se quita ese ajustado pantalón que bien marcaba ese trasero gigante. Sólo quedó con su fornitura con los implementos descritos, su corbata y la gorra de su servicio, yo disfrute cuando me montó en la silla como si fuera una experta jinete; haciendo movimientos suaves casi sin sacarlo, mientras mi boca disfruta de sus senos, muerdo sus pezones fuerte, "¡ay me duele corazón!" -me dice. Por alguna razón su dolor me calentaba más y lo hacía solo para escuchar los "ays" de sus labios.
Mis manos se van a sus nalgas, quiero que aumente el movimiento, la nalgueo y ella entiende y se mueve con fuerza, se cambia de posición dándome la espalda y colocando su vagina en mi miembro erecto, moviéndose con más fuerza mientras yo perdía mis manos en sus senos. A la muy puta le encantaba sentir como hacía entrar mis dedos en su ano mientras llenaba su vagina con mi verga. Se vino en un delicado orgasmo que la hizo retorcer en mi pene y gimiendo como loca, sus fluidos corrían por sus piernas y se desbordaron en las mías. Exhausta pero caliente me pide más; la llevo a la oficina del jefe en donde varias veces el ha tenido sexo con su esposa, con su secretaria y con alguna chica que ha querido aumento de sueldo. Ahí sobre el escritorio consagrado al dios del sexo le meto toda mi verga de un solo golpe, ella grita al sentirla pero su cara de placer era evidente. Me muevo con todas mis fuerzas haciendo que se venga otra vez y queda casi sin respiración, le doy un tiempo pero no quiere que are hasta sentirse llena de ese líquido que probó con sus manos.
"Acaba puto" -me dice, yo no puedo contenerme más inundando su interior hasta desbordar su vagina con mi semen. Fue la mejor experiencia qué he tenido; ahora, cada vez que nos quedamos trabajando hasta tarde tenemos una sesión de sexo en algún lugar de la oficina.
Pasiones Prohibidas ®

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