N° 51 Cuñada caliente

Siempre me consideré un hombre fiel, si bien pervertido pero fiel a la persona que está mi lado, nunca se me hubiese pasado por la mente las cosas como ocurrieron. En fin, así se dieron y es lo que quiero comentarles; antes que nada quiero hacerles la salvedad de qué lo que ustedes puedan decir u opinar no me importa, es solo el hecho de desatar el nudo que me tiene ya casi sin aire.
Mi vida transcurría bien, era exitoso en todo, con un hogar bien constituido, una esposa maravillosa y un par de niños con quienes reír y disfrutar de momentos geniales. Esa tranquilidad y pasividad se vio trastocada cuando por alguna razón que no entiendo mi esposa se hizo cargo de su pequeña hermana Maritza de 22 años. Creo que sus papás habían tenido problemas que lamentablemente desembarcan en mi casa, ya que por ser la hermana mayor debió apoyar haciéndose cargo de ella.
Los días no han sido muy buenos, he tenido que cambiar algunos hábitos que para mí eran sagrados, se habían acabado las salidas desnudo del baño después de la ducha, en fin. Un fin de semana mi esposa sale con los niños a uno de esos aburridos cumpleaños de sus compañeros de curso, en donde las mujeres hablan de lo buenos que son sus niños y de lo mangoneados que son sus esposos. Por otra parte los hombres vestidos de pantalones Dockers y poleras Polo hablando de aventuras inventadas con secretarias y demases. Estoy hastiado de esa porquería, preferí quédame en casa y disfrutar de un par de cervezas a la orilla de la piscina, salgo al patio y está Maritza con un diminuto bikini que apenas cubría todo. “Hola cuñadito” –me dice, yo solo muevo la cabeza y sonrío falsamente, me dirijo a la silla para reposar mi humano cuerpo y tostarme al sol cuando me dice: “Cuñado, ¿por qué no te metes a la piscina?”. Para ser realista, me estaba conteniendo las ganas de entrar a la piscina y darle el mejor polvo submarino de la historia de la humanidad, la había espiado de noche en su habitación y la vi cómo se tocaba para saciar su hambre de sexo, así como en varias oportunidades ella nos ha espiado cogiendo con mi esposa y la he visto a través de la puerta tocarse y quedar exhausta por el placer alcanzado, pero en este caso no sería el juego voyerista de siempre (ambos sabíamos que era así), sino que pasaríamos con el juego a otra etapa más difícil de sobrellevar: COGERME O NO A MI CUÑADA y transformarla en mi amante.
Observo como el sol acaricia cada espacio de su cuerpo, como el agua se evapora de su piel. Tengo el placer de ser el único testigo de ese magno espectáculo viendo cada detalle de ese tonificado cuerpo. Mi miembro se erecta al verla tocándose para colocar bloqueador en su piel, me mira y dice: “Cuñado, ¿me puedes ayudar?  “Cl, claro” –balbucean mis labios. Me levanto y voy donde ella, tomo la botella con el bloqueador y lo esparzo por su cuerpo entre seco y húmedo, le digo que se desamarre un poco el bikini para esparcirlo entre las amarras, excitado al máximo acomodo mi miembro bajo el traje de baño. “Recuerda esparcirlo en las nalgas” –me dice. ¡Uffffff! Se sentían firmes, duras tanto como yo tenía mi verga bajo el bañador.
“No puedo seguir” –le digo, ya que las ganas me consumían, se da vuelta y me dice: “Yo tampoco, quiero que me cojas tan rico como lo haces con mi hermana”. Me lanzo sobre ella besándola como un loco mientras mis dedos hurgan por su vagina haciéndola gemir y morder mis labios, ya entregados a la lujuria la despojo de ese pequeño bikini y la recorro con mi lengua por completo hasta llegar a su entrepierna y perderme en su interior, saboreando sus fluidos y extasiado por sentir como mi lengua la quemaba por dentro, y como hundía mi rostro en su vagina lubricada. Calientes y perversos nos dejamos llevar por el placer, se pone en cuclillas frente a mí y se traga mi miembro centímetro a centímetro; disfruta haciéndolo suavemente, sabe que estoy vulnerable a sus deseos y perversión me tumbo sobre la toalla y se monta encima de mí moviéndose con delicadeza y de abajo a arriba. Mis manos se posan en sus caderas y siguen su movimiento, ella desliza sus manos por sus senos apretando sus pezones. Estaba en las nubes con mis ojos en blanco disfrutando de su vagina húmeda y caliente por mí, disfrutaba cada vez que la nalgueaba y gritaba de placer dejando aprisionando mi miembro en su vagina, contrayendo sus músculos y lo haciéndolo latir al ritmo de su conejito sudado, me motivaba ver su cara con mi pene en su interior. La tomé con fuerza sin sacarlo y la puse de espaldas con sus piernas rodeando mi cintura, gemía cada vez con más fuerza y casi sin respiración se viene en un ensordecedor orgasmo, y me dice que “hace tiempo quería que se lo metiera así y que una vez casi se unió a su hermana y a mí cuando nos vio cogiendo”. Caliente como estaba no aguanto un movimiento más y reviento mi verga en su interior, llenándola con mi esperma que inunda su interior como un torrente. Se pone otra vez en cuclillas y chupa mi miembro con fuerza, quiere exprimirlo hasta la última gota y sentir el sabor de mi semen en su boca, ya que en su interior era como lava hirviendo. Limpia sus labios y se coloca otra vez ese diminuto bikini, cuando levantamos la vista vemos a mi esposa con sus manos en la vagina disfrutando de la cogida que le había dado a su hermana, por desgracia o placer ahora duermen las dos en mi cama disfrutando de las bondades que las dos poseen.

Pasiones Prohibidas ®

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