Los días pasan como si nada en el interior del convento, el padre sigue realizando las misas como si nada y desvirgando a alguna monjita que no pueda resistir la tentación de un baño de semen en el interior.
Eran frecuentes los encuentros lésbicos entre las hermanas pero también se estaban haciendo frecuentes los encuentros con el sacerdote joven con una verga de ensueño.
La madre superiora intuía que algo sucedía, las hermanas andaban más risueñas de lo habitual, lo de los encuentros lésbicos era un secreto a voces pero había algo oculto en la actitud de éstas jovenzuelas que la hacía dudar. Una noche sin poder conciliar el sueño la madre superiora se dispone a recorrer los pasillos y se dio cuenta de un espectáculo grotesco, sexo lésbicos y masturbaciones hacía que el ambiente fuera ensordecedor, ya que los gemidos de las novicias se oía a distancia y llenaban cada rincón del convento. Ella siente una sensación que creyó olvidada, sensación que la hizo llevar su mano a la entrepierna y exclamar: "¡Ay, Dios mío!". Un fuego pareció envolverla y sin darse cuenta estaba envuelta en un orgasmo que la hizo verter todos esos fluidos contenidos por años en el piso. Se para tras el dintel de una puerta y observa a dos jovencitas realizar el sesenta y nueve, no daba crédito a lo que sus ojos veían; otra vez sus dedos se pierden en el interior de su vagina cuando oye la voz del padre Patricio: "Es de mala educación espiar a la gente Madre". Un escalofrío la invadió por completo y solo gimió con una mezcla de susto y placer ya que el padre se había pegado a ella haciéndola sentir su erecto miembro entre sus nalgas.
Ella mojó sus labios con la lengua y en su mente pensaba que rico sería para ella sentir ese pedazo de carne en su interior. Las manos calientes y lascivas se pegan a sus caderas, haciéndola exclamar: "¡Padre, qué rica verga tiene!". Sube su habito hasta la cintura y ofrece ese culo que nadie había tocado hace mucho. El padre solo moja la punta de su pene con saliva y busca una entrada encajando su miembro en ese olvidado ano, llenándolo de fluidos y lujuria. La madre superiora da un grito que es ahogado por la mano de aquel joven caliente en su boca. No podía creer lo que pasaba su primera vez en todo con el sacerdote que debía velar por el bien de su alma pecadora, pero no solo la estaba haciendo pecar, también disfrutaba de como lo hacía. Su ano se dilataba cada vez más, ya que ese miembro se hinchaba y latía, ella no entendía lo que pasaba pero le gustaba sentirlo así. Ya casi sin respiración cede al placer otorgado por el pastor de su alma descarriada, gime suavemente para no interrumpir la dosis se sexo de las monjas calientes a su cuidado. Mientras el padre descarga todo su semen en ese estrecho agujero que se abrió al placer carnal. Ella sentía que se quemaba su interior pero era la sensación normal de un culo desvirgado y abierto al placer.
Pasiones Prohibidas ®
Simplemente Exquisito mi señor ... darle rienda suelta al instinto carnal entregarse al deseo desenfrenado 😈💋
ResponderEliminarCaliente relato, mucha lujuria en el ambiente para evitar sentir.
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