N° 48 La nueva vida

Terminando de arreglarme para salir a trabajar, frente al espejo anudo mi corbata y te veo recostada. Dormida profundamente me acerco para despedirme besando cuidadosamente tus labios, no quiero despertarte pero al sentir mi respiración acercarse abres los ojos. Me besas y me dices: "Te extrañaré".
Antes de salir de la habitación suena mi teléfono, lo dejo sonar ya que no iba a contestar. Preguntas - "¿quién es?". "Leslie, mi secretaria" - te respondo. Vuelvo a besarte para salir rumbo a la oficina, al abrir la puerta suena una notificación de WhatsApp y un mensaje que dice: "Mi amor, perdona por llamarte sé que aún estás en casa pero cuando puedas llámame por favor". Subo al carro y conecto el celular al bluetooh, marco y se escucha aquella voz de la mujer que llamó, justamente era Leslie. Desde hace unos meses que empezamos a tener una aventura que se escapó de las manos, habíamos acordado no comprometer sentimientos pero tanto por su parte como por la mía ese acuerdo se rompió. Me dice lo mucho que me extraña y que no soporta no amanecer a mi lado. La entiendo perfectamente ya que a mi pasa igual.
Ella es simplemente perfecta en todo aspecto ya sea en el profesional como en el arte del sexo. Verla todos los días de 09:00 a 18:00 horas en faldas ajustadas, tacos de 10 cm y con ese cabello negro largo hasta la cintura me hizo mirarla con otros ojos.
Yo llevo alrededor de 16 años casado, una hija y nada más que decir. ¿Si me casé enamorado? Sí y muy; nos complementábamos en todo, éramos dos locos que la gente veía raro en la calle pero los años y la rutina destrozaron la relación. Frialdad, falta de preocupación e incluso indiferencia encuentro todos los días, ya son años que fingimos que somos el matrimonio perfecto pero solo eso: Fingir y aparentar algo que no somos. Sobrevivimos a la crisis de los siete años en donde estuvimos al punto del divorcio. Yo juro por mi vida que di todo lo que estuvo de mi parte para mostrarle lo mucho que amaba estar a su lado pero solo de su parte había un iceberg que enfriaba aún más la relación.
Muchas veces tuve que prácticamente rogarle para que hiciéramos el amor, yo me acercaba a ella, la buscaba pero nada. Muchas veces esperé a que se durmiera para descargar mis deseos ayudado de mi mano derecha, incluso en salidas que hacíamos como matrimonio a la playa también. No quiero justificar mi infidelidad y ahora la falta de amor hacía mi mujer pero no fui el culpable de que ya no haya pasión; creo que dormimos juntos porque eso acostumbran los casados aunque por mi parte yo tendría mi propia habitación.
En cambio Leslie desde que llegó a la oficina siempre estuvo pendiente de mí, ya sea porque soy su jefe o por la razón que fuera, una vez escuché a alguien decir que "el hombre (entiéndase varón) se siente a gusto en donde se le reconoce" y Leslie reconocía mis cualidades de liderazgo en el trabajo y a la vez la preocupación que demostraba por mi esposa e hija.
Una vez le pedí si podía quedarse trabajando hasta tarde, ya que iba a tener una junta no presencial con un inversor del extranjero. Estábamos solo ella y ello en la oficina, mientras esperaba la conexión por Skype conversaba con ella y me enteré de algunas cosas de su vida. Nos reíamos mientras llegaba la hora de la conexión, bueno detalle aparte es que no despegué mi vista del abultado escote. Se cerró el trato después de una tensa negociación. Le pregunto cómo se irá a su casa y me dice qué había pedido un taxi. "¿Cómo se te ocurre Leslie? Yo te llevo, es lo menos que puedo hacer si por mi culpa estás aquí" -le dije. Le pedí si me preparaba un café como a mí me gusta y que se sirviera uno para que me acompañe por unos minutos más. Trajo las dos tazas y se sentó conmigo, les confieso que el café fue una excusa para oler su perfume cuando dejó la taza y también para mirar sus senos cuando se sentó al frente mío.
"Me siento tenso, muero por un masaje" -le digo. Se coloca de pie y se pone tras de mí, pone sus manos en mis hombros estimulando los músculos para que se relajen; lo hacía con la presión justa, me gustaba la sensación de relajo y excitación que me invadía, da vuelta mi silla para soltar mi corbata y desabotonar el cuello de mi camisa quedando de frente a ella inmóvil. Mis ojos se clavaron en sus labios y noto que ella también me miraba, no pude contener mis deseos de besarla y creo que ella también lo deseaba; me coloco de pie, me abre espacio para salir y la tomo de la cintura con fuerza dándole ese beso que sus labios me pedían. Una pasión incontrolable la desborda llevándome otra vez a la silla subiéndose en mis muslos con las piernas abiertas, se acomoda hasta sentir mi miembro rozando su vagina por sobre la ropa interior ya que su falda quedó subida en sus caderas. Mis manos recorren esas generosas nalgas mientras ella desabotona mi camisa completa, besa mi cuello y pasa su lengua por mi pecho. Yo abro algunos botones de su blusa para deleitarme con sus pechos. Me sentía vivo, deseado; era un cúmulo de sensaciones que no podría describir una a una.
Me levanto de la silla con ella rodeándome con sus piernas y brazos, la dejo sobre el escritorio mientras nos besamos. Bajo con mis manos hasta su vagina que se notaba hinchada y húmeda, la despojo de su colaless negro para sentir sus fluidos en mi boca haciéndola gemir cada vez que mi lengua invadía su clítoris. La veía como apretaba sus senos mientras se retorcía de placer. Dos de mis dedos la penetran con suavidad, me dice que pare, no quiere mis dedos, quiere mi verga en su interior, se incorpora y hábilmente suelta mi cinturón, desabotona mi pantalón y lo baja. Toma mi miembro, moja su mano con sus fluidos y lo masturba suavemente; ya lubricado lo acomoda en la vagina, yo lo meto con fuerza, ella grita de placer. Mis movimientos cada vez son más cortos y fuertes; sus ojos se ponen en blanco y exclama: "¡Qué rico me lo mete jefe!". ¡Uffff! Escucharla hablar me calentaba aún más, me pedía que no me detuviera, qué se lo hiciera más duro. Me tenía poseído la lujuria y el placer, podía sentir mi sudor en la frente, podía sentir como su vagina se contraída al gemir y casi sin respiración me pedía más. Leslie rendida al orgasmo que la invadió acaba con una inusitada fuerza moviendo el escritorio al gemir y retorcerse. Yo estaba a punto de acabar y vaciar la pasión contenida por meses, me pide que acabe en la entrada de su vagina, en sus labios y en su clítoris. Lo saco y bastan dos certeros movimientos de mi mano para inundarla completamente desde la vagina a su culo, extasiado al ver como mi semen la recorría como un río de magma y como se tocaba expandiéndose por su vagina mis fluidos.
La hora había avanzado, debíamos volver a casa. Nos vamos raudos a su casa y al bajar del auto me dice lo mucho que disfrutó ese tiempo conmigo. Al llegar a mi casa mi esposa duerme, me doy una ducha y me acuesto a su lado y le doy un beso, ni siquiera se enteró que llegué.
Al otro día estaba ansioso por encontrarme con la mujer que devolvió la vida y las ganas de sentir otra vez. Desde esa noche Leslie se hizo importante, y creo que es cuestión de tiempo que mi matrimonio termine para comenzar una nueva etapa junto a mi secretaria.

Pasiones Prohibidas ®


Comentarios

  1. Que mal que una relacion termine en desastre por la rutina y el costumbrismo

    Que rico es desatar la pasion cada que se antoja
    Darle paso a la lujuria desenfrenada y la complicidad para vivir muchas aventuras perversas
    Excelente relato mi perverso 💋

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