N° 46 La hora peak

Es otro día en Santiago, a lo que se llama la hora punta u hora peak. El metro asquerosamente lleno con gente que se dirige a su hogar para descansar después de la extenuante jornada laboral.
En la estación de combinación donde converge la línea 1 con la línea 5 un mar de gente aborda un reducido vagón en donde quedan aprisionados según estadísticas oficiales 6 o 7 personas por metro cuadrado.
Esteban iba de camino a su casa cuando en ese tumulto de gente sube Andrea, una chica que vivía en la misma dirección de él pero nunca en la vida se habían visto, esa fue su primera vez.
Como puede Andrea entra al vagón quedando pegada a Esteban, sus nalgas habían sido atraídas como con un imán al metal al miembro de ese muchacho. El tren emprende su marcha creando inercia moviéndose Andrea y Esteban involuntariamente. El roce de las nalgas de Andrea hace que el pene de Esteban reaccione poniéndose duro. Ella al sentir como tomaba forma la erección del hombre que tenía detrás siente un poco de vergüenza, buscando la forma de salir para aliviar la presión, ya que entiende que es algo normal, pero sus esfuerzos eran en vano ya que no podía salir.
Llegan a la siguiente estación y Esteban se siente aliviado, esperanzado en que baje alguien y haga espacio pero nadie se mueve. Se cierran las puertas y continúan la marcha y otra vez el movimiento, y el problema persiste. Otra vez su miembro se erecta al sentir como ese culo se movía delante de él, ya no podía hacer nada, se había entregado y disfrutaba el momento. Andrea de una forma u otra también disfrutaba al sentir como provoca a ese hombre solo con rozarlo y la excitaba escuchar los gemidos suaves de aquel varón que la llevaba pegada a él.
Ya no era la inercia, sino que movimientos voluntarios la hacían pegarse más para sentir ese miembro erecto. Ella vestía un vestido negro, no llevaba medias y un diminuto colaless de igual color. Lujuriosamente mueve su mano hacía atrás tocando el muslo de Esteban y buscando el camino para aquella verga deliciosamente erecta por sus nalgas. Busca el cierre de ese pantalón que aprisiona aquello que la ha excitado tanto.
Siente como las manos de Esteban comienzan a levantar su vestido delicadamente para que la gente no se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. Excitada siente como esas manos queman sus nalgas y estimulan su vagina lubricada. Esteban sabe ella está entregada al deseo, así también sabe cómo el deseo produce poder y él ahora tenía ese poder en sus manos. Poder de coger a Andrea delante de todos o el poder hacer que todo termine en ese momento, pero su calentura pudo más y con disimulo saca su miembro y lo roza por las nalgas de Andrea deslizándolo y embistió con fuerza entrando en su ano. Ella contuvo el grito apretando sus labios y dientes, se movía siguiendo la marcha del tren y paraban cada vez que el tren se detenía. Con la vista abajo y los ojos en blanco disfrutaba teniendo adentro ese exquisito miembro: "¡Qué ganas de gritar!" -pensaba ella, pero debía guardar silencio y disfrutar callada de lo que sucedía en su culito.
Esteban extasiado de igual forma callaba sus deseos de gemir. Ambos acaban en un silencioso orgasmo, ella siente como su ano se llena de ese semen caliente y viscoso. Rápidamente se acomodan y arreglan para descender del ya que llegaron a la estación terminal. Caminos diferentes los separan pero en su mente quedará el recuerdo de aquella experiencia con un desconocido en el metro.

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Uffff amor... Sabes bien que me encantaria que lo hicieramos tal cual como en la escena de tu relato
    Que rico....
    Aun tenemos muchas cosas por hacer...🔥🔥😈

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