Se conocían hace tiempo, fueron juntas a la universidad y habían entablado una amistad que se vio afectada por los caminos diferentes que tomaron sus vidas. Gabriela era abogada de una firma importante y Francisca trabajaba de manera independiente.
Ya han transcurrido años y la vida se encargaría de juntarlas de una manera inesperada. Francisca iba a tribunales por un caso que llevaba en contra de una empresa por negligencia y Gabriela era la abogada de la parte demandada. Se reconocieron al instante, pero en ese momento el sentimiento de amistad no afloró ya que debían demostrar con argumentos sólidos su caso. Los alegatos comenzaron y cada una dio sus argumentos, pero ese no es el asunto, sino lo que sucedió cuando el juicio terminó.
Ya sin la parcialidad del principio y sin la presión del trabajo se encuentran en el estacionamiento y se funden en un cariñoso abrazo de reencuentro. No habían cambiado mucho ni el paso de la edad había causado estragos. Proponen una cena de reencuentro en un céntrico restaurant.
Gabriela espera a que llegue Francisca y al verla con un ceñido vestido rojo que se amoldaba a su figura sintió algo extraño, sus ojos se clavaron en Francisca recorriendo su cuerpo de pies a cabeza, y notó como su sexo se mojó por completo. Se saludan de un beso en la mejilla y Gabriela quedó prendada del perfume de su amiga aumentando esa sensación que recorría su cuerpo.
No era normal, eran amigas y por ende no podía sentir eso ni menos imaginar lo que su mente maquinaba.
Brindan por la amistad y por el éxito, recuerdan las locuras de universitarias y ríen mientras las burbujas del espumante empieza con efecto. Un poco pasadas de copas deciden que es suficiente y que es hora de regresar a casa. Francisca la invita a su casa para seguir con la charla y así ponerse al día de chismes. Gabriela accede, pero la condición de ambas les impide manejar por lo que llaman un taxi que las llevará a destino.
La mente de Gabriela no dejaba de imaginar los besos de su amiga y esa sensación la hacía humedecer aún más. Sutilmente tocaba sus muslos en el taxi completamente excitada y ya poseída por lujuria solo esperaba llegar con su amiga a casa para intentar seducirla.
Llegan a casa, Francisca cierra la puerta y va a la cocina donde en el refrigerador guardaba una botella de vino blanco. Los ojos de su amiga se clavaron en el trasero de su amiga, ella hurga debajo de su vestido negro sin breteles y palpa como su ropa interior está completamente mojada. No se da cuenta cuando ya sus dedos estaban hurgando su vagina entregándose al placer, gime suavemente cuando mete dos dedos en su sexo y se penetra con ellos.
Francisca la mira de lejos sin hacer ruido también excitada al ver como Gabriela se masturba en el sofá de la sala. Toca sus senos al ver a su amiga, el deseo la inunda y sus manos se deslizan por su cuerpo llegando a su entrepierna. Ambas gimen de placer. Francisca avanza donde Gabriela y al abrir sus ojos la ve parada frente a ella, sonrojada de vergüenza sin saber que su amiga la deseaba, se pone de pie para irse, pero su amiga tiene pensado pasar la noche con ella.
La toma por el brazo y la acerca a ella Gabriela no se resiste, y se deja llevar; se besan profusamente mientras recorren su cuerpo. Las manos de Gabriela se van directo a los glúteos de su amiga, siente sus nalgas firmes y duras. Sube el vestido y se da cuenta que Francisca se había quitado la ropa interior, sus manos se pierden en su sexo húmedo haciéndola gemir. La lleva al sofá y se dispone a deslizar su lengua por la vagina de su amiga; poseída por la perversión absoluta disfruta de los fluidos que emanan de su interior.
Se desnudan ambas lentamente disfrutando del espectáculo. Francisca se sube encima de su caliente amiga frotando su vulva y gimiendo; Gabriela la besa con delicadeza disfrutando los roces descontrolados de su amiga. Hacen el sesenta y nueve en la alfombra de la sala lamiéndose las dos a la vez y penetrándose con sus dedos. Ambas se entregan al placer y acaban en un orgasmo que inunda de gemidos toda la casa. Se continúan besando y disfrutando de ese espléndido reencuentro hasta altas horas de la madrugada.
Desde ese día Francisca y Gabriela siguen siendo rivales en el trabajo pero amantes en la intimidad, cuando la puerta se cierra y nadie las ve.
Pasiones Prohibidas ®
Mmm. Me gusta...
ResponderEliminarDespierta una rica sensacion en mi sexo seguir cada linea
Sin duda es una experiencia sumamente excitante.
Estas provocando mis demonios con cada relato mi amor
Mi humeda vagina te necesita ...
Vente rico...🔥💋😈