N° 39 La chica del banco

En la larga fila del banco esperando para hacer unos trámites. Un día horriblemente de largo pero agradezco a Dios no estar encerrado en una oficina.
Por mucho tiempo he entablado conversación con una de las cajeras de ese banco, Jacqueline es su nombre. No es muy alta, tiene una hermosa sonrisa y un par de ojos que dicen mucho al mirar.
Me gusta su voz y muchas veces he visto por un botón de más abierto la forma de sus senos. Nunca he sabido cómo decirle que me atrae por miedo al rechazo, como el simple mensajero de una empresa estaba aspirando a mucho.
En varias ocasiones he soñado con ella, la he visto en mis brazos, he probado el sabor de sus besos, pero todo en mi mente ya que no me atrevería a contarle eso. Al fin toca mi turno: "Hola Pedro. ¿Cómo estás? ". -"Bien Jacqueline ¿y tú?". El diálogo, es entonces que le propongo ir a tomar algo después del trabajo, ella acepta y quedé en pasarla a buscar alrededor de las 18:00 horas.
Nervioso y mirando el reloj veía como la hora se hacía eterna. Ella sale del banco y camino hacia ella, ya que miraba a los lados buscándome. Me saluda de un beso en la mejilla, el primer contacto físico que tenemos. Caminamos a un pequeño restaurant cercano a su trabajo. Cenamos y conversamos, nos reímos, sin duda pasamos un momento agradable.
Ya se hacía tarde y decidimos partir. Ella se toma de mi brazo y caminamos. Me pide que aún no la lleve al lugar donde pasa la locomoción a su casa, sino que diéramos una vuelta. Recorrimos Santiago y llegamos al Parque Forestal, nos sentamos en un escaño y conversamos. La tomo de la mano mientras conversamos, acaricio su rostro y ella suspira profundamente.
El silencio de apodera de nosotros, nos miramos y ella cierra los ojos. Toco sus delicados labios mientras ella sigue el movimiento de mis dedos; tomo su rostro con mis manos y la beso solo tocando sus labios con los míos. Ella me abraza y se entrega al beso. Me sentía extasiado, su perfume me hacía volar y sus besos me tenían loco. Deslizo mis manos por su cintura y toco sus caderas, ella gemía mientras besaba su cuello y me susurraba al oído lo mucho que le gustaba. Mis manos bajan por sus caderas recorriendo sus muslos y estos se separan lentamente; mis manos se pierden en su entrepierna y ella gime suavemente, ya que hay gente alrededor y no queremos llamar la atención. Le propongo que vayamos a un lugar más íntimo en donde importe solo el nosotros y vivamos el ahora, accede y caminamos por el parque, llegamos a una casona antigua, entramos; me quito la chaqueta y la corbata. Jacqueline de igual forma quita la chaqueta de su traje de dos piezas. Me mira a los ojos y me pregunta: “¿Estás seguro que quieres pasar la noche conmigo?”. Me acerco, la tomo de las caderas una vez más y besos sus labios.
Rodea mi cuello con sus brazos y me confiesa que había soñado con estar conmigo, que de igual forma le atraía pero nunca pensó que sería en la primera salida. Callo sus labios con otro beso pero más intenso, ella desabotona mi camisa y me la quita, pasa sus manos por mi torso desnudo explorando cada detalle, llega a mi pantalón y hábilmente con una mano suelta mi cinturón, recorrió mis piernas, mis glúteos mientras besaba mi pecho. Le quito la blusa y el sostén, hábilmente meto mi mano debajo de su pantalón sintiendo la humedad de su sexo. Podía sentir su clítoris duro y su vagina lubricada, mis dedos se abren paso para penetrarla suavemente, ella cerraba los ojos y mordía sus labios. La llevo a la cama con suavidad, y le quito el pantalón con su ropa interior mientras mi lengua hace estragos en su vagina. Abro sus labios vaginales con la lengua, buscando su clítoris mientras ella se retuerce en la cama, con sus ojos blancos por la lujuria se estremece cada vez que mi lengua la penetra, recorre sus pechos y aprieta sus pezones mientras me pide que lo siga haciendo de esa manera, al borde del orgasmo ella da un suspiro profundo y solo explota en gemidos que llenan la habitación.
Exhausta, rendida toma un poco de tiempo y se dispone a desabrochar mi pantalón, busca mi miembro debajo de él. Poseída por el deseo comienza a pasar su lengua desde el glande a la base, en su cara se ve que lo está disfrutando y me gusta la forma en que sus labios envuelven mi miembro, otra vez con su lengua desde la punta a la base esta vez incluyendo mis testículos. Con mis ojos cerrados disfruto lo que hace.
Se recuesta y abre las piernas, apunta mi miembro y dice: “Eso mételo aquí” –señalando su vagina. Coloco sus piernas en mis hombros y suavemente la penetro hasta llegar al fondo. Con movimientos cortos pero rápidos me muevo chocando nuestro cuerpo con fuerza, haciéndola gemir y pedir que le dé más rápido. Su cara demostraba la calentura que tenía, sus labios estaban casi secos y a cada rato pasaba su lengua para lubricarlos. Una delgada capa de sudor la envolvía, haciéndola brillar con la tenue luz que ilumina el cuarto.
Sin sacarlo la doy vuelta y la coloco de lado. Ella levanta una pierna dejando expuesta su vulva, mientras la penetro con fuerza estimulo su clítoris con mis dedos, me dice que siga, que quiere acabar así. Sigo tocándola mientras la penetro y su vagina explota con mi verga en su interior. Sus fluidos me chorrean y se escurren en la cama; ella exclama: “¡Ay Dios mío!”. Sus piernas tiemblan,
Sus ojos están perdidos. Jacqueline quería más y un hombre siempre tiene que complacer a su dama.
La coloco en cuatro en la cama y la penetro, su vagina está muy mojada y me encanta sentir que sin mayor esfuerzo mi pene entra. Ella gime y me pide que le dé fuerte, que la nalguee y que marque mis dedos en sus nalgas. Desde ese día ella era mía y quería mi marca en su cuerpo. Ella sigue mi ritmo, se mueve para atrás mientras yo lo hago hacia adelante porque no quiere que se salga. Me dice que llene su interior, quiere sentir mi semen, me muevo con fuerza y cierro los ojos mientras siento como mi pene se hincha, un gemido intenso sale de mis labios mientras mi miembro llena su vagina tanto que sale y escurre por su vulva y por sus piernas. Se da vuelta y lo coloca en su boca, ordeñando hasta la última gota de semen.
La madrugada nos sorprende desnudos y cansados. Ahora mis idas al banco no serán tan aburridas, ya que ahora mi chica me atiende en la mañana por asuntos de trabajo y en la noche me da otra clase de atención más personalizada.

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