N° 38 La cita ideal

Por más de tres meses hemos hablado solo por mensajes. Nos conocimos en una de éstas páginas de Internet, conozco todo de ti en detalles así como tú conoces los míos.
Hemos tenido sesiones intensas de sexo telefónico y sesiones interminables de sexo virtual. Tenemos una relación, aunque no sé si llamarlo de esa forma, pero en cierta forma es algo especial, solo nos falta vernos.
Propusimos vernos el que tanto te encantan y que imaginas fin de semana que pasó. El jueves en la noche me escribes qué estás ansiosa de probar mis labios mi lengua hurgando en tu vagina. Siento como tú respiración se agita, como gimes; me dices que me deseas y que no quieres perder el tiempo en comer ni beber un café, quieres que vayamos a la habitación de un hotel y te haga mía.
Imaginarte desnuda en la cama y tocándote hace que mi miembro reaccione y se ponga duro, deseo tenerlo dentro de ti y que te muevas suavemente mientras gimes de placer. No puedo esperar a mañana y juntos nos masturbamos hasta quedar rendidos al teléfono.
Llega el otro día y nos encontramos en una céntrica plaza. Nos vemos a lo lejos y se notaba el nerviosismo en nuestros ojos, pero había llegado nuestro día tan esperado.
Me abrazas por el cuello y yo te tomo de la cintura, siento el delicioso olor de tu piel y miro tus labios pintados de rosa, después de decir: "Hola" te beso suavemente y pegas tu pecho al mío. Me susurras: "Hazme tuya ahora". Quiero solo quitarte la ropa y disfrutar de tu cuerpo desnudo.
Ya tenía una reservación hecha. Caminamos unas calles tomados de la mano y llegamos a ese hotel. En una habitación del piso 26 está el nido de amor de dos tortolos que han esperado tiempo para tenerse.
Entramos y caminamos al ventanal de la suite que termina en un balcón en donde vemos la ciudad. Destapo una botella de espumante y sirvo un par de copas. Nos miramos y contemplamos el paisaje, me abrazas y me dices que te desnude.
Prenda por prenda te desnudo, lentamente mientras en la habitación suena un saxofón sugerente. Te tengo completamente desnuda y recorro tu cuerpo con mis manos. Sigo la figura delicada de tu silueta mientras la oscura cuidad se ilumina bajo nosotros.
No importa que nos vean de los edificios contiguos, solo importa que por fin se dio el momento de hacerte mía. De igual forma me desnudas y te sientas en un sillón abriendo tus piernas para que disfrutara con mi lengua de tu vagina que por tanto tiempo la había soñado tener así. Me arrodillo y escarbo en tu interior, delicadamente gimes al sentir como mi lengua separa tus labios y busca tu clítoris mientras mis dedos se pierden en el interior de tu vagina.
Excitado al sentir tu cuerpo temblar y ver como pones tu cara cada vez que gimes, y disfrutas de la realidad de mi lengua. Haces que pare y me dices que es mi turno. Me llevas de mi miembro erecto a la cama qué está cubierta de pétalos de rosas y me lanzas sobre ella, te posicionas en mis piernas y rozas mi pene con tu lengua hasta meterlo en tu boca. Disfruto al ver como cierras tus ojos y lo metes todo a la boca, me preguntas si me gusta como lo haces; yo casi no puedo responder debido al placer que me recorre por completo. Colocas mi verga en tus pechos y lo masturbas con ellos deliciosamente.
Te subes encima de mí y con movimientos sutiles mi pene reacciona a tus estímulos y busca la entrada a tu vagina hasta meterse dentro. Exclamas: "¡Por fin tu verga es mía!" -y te mueves con fuerza mientras me tomo de tus caderas para seguir tus movimientos.
Noto como tú pulso se acelera y tu respiración se acorta, tus movimientos no son tan intensos como al principio; son más largos. No puedes contenerte y acabas deliciosamente en un concierto interminable de gemidos, hasta el punto de arañar mi pecho.
Caes de espalda en la cama, casi sin fuerzas, me coloco sobre ti y tú abres las piernas dándole cabida a mi verga que aún estaba deseosa de ti. Enredados en las sábanas de la cama damos rienda suelta al deseo y a la perversión que por mucho tiempo habíamos planeado, ahora te tenía debajo mío y penetrada; de esa forma estábamos sellando la relación que teníamos sin vernos y sin tocarnos.
Me envuelves con tus piernas y me pides que llene tu interior con mi semen. Yo enloquecido me muevo con fuerza mientras beso tus labios y siento como explota mi verga en tu interior, llenando cada rincón.
Exhaustos pero satisfechos, tú recostada en mi pecho y la botella de espumante vacía, yo acariciando tu pelo con una sonrisa en los labios y complacido por la mujer que la vida me ha regalado.

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Es un deleite leer Cada frase porque la imaginación hace lo suyo, reviviendo la escena en todo su esplendor que rico... La verdad me encantó mi amor

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