N° 40 El placer venido de Colombia

Era un día normal en casa, no tenía nada que hacer y bajé al gimnasio del condominio a hacer ejercicio.
Corrí 5k, anduve 25k en bicicleta e hice setecientos abdominales. Sudado y exhausto me quedo un momento en el suelo cuando un "Hola" me hace abrir los ojos. Era Pilar, la chica del departamento contiguo. Es colombiana, no muy alta, piernas firmes, glúteos apretados y generosos, senos no muy grandes pero firmes; aparte de su particular acento calentón es de tez oscura.
Al verla en esas mallas de lycra ajustadas que le marcaban las nalgas y su vagina, y con ese top que apenas tapaba sus senos mi miembro reaccionó como un caballero poniéndose de pie en seguida. Ella me mira y me dice: "Wow ¿Tienes un arma debajo o estás feliz de verme?". Avergonzado me tapo mi evidente erección y le pido disculpas por lo sucedido. Ella se ríe, sabe que me tiene caliente hace tiempo pero soy muy cobarde para insinuarle algo. Me despido de ella y salgo casi corriendo del gimnasio.
En mi departamento coloco algo de música y me desnudo para darme una ducha. Al recordar a Pilar otra vez mi miembro reacciona, mientras el agua cae yo cierro los ojos e imagino que ella lo está chupando. Disfruto al ver en mi imaginación como mi pene entra y sale de su boca; al borde del éxtasis imagino como mi semen escurre por su cara y ella con sus dedos lo lleva a la boca para saborearlo. Cuando puedo abrir mis ojos me di cuenta que me había masturbado, se me hizo tan real; fue una experiencia exquisita.
Al otro día nos topamos en el ascensor, yo venía del trabajo y ella de hacer unas compras en el mall. Andaba con unos jeans ajustados que le hacían ver más grandes esas nalgas deliciosas. Caliente por ese culo otra vez mi miembro reacciona, ella lo nota y la muy guarra se mueve hacia atrás chocándolo con esos glúteos de ensueño. "Mmmmmmm papi, lo tienes duro" -me dice. Con algo de vergüenza la miro por el espejo lateral del ascensor y pone cara de caliente mientras menea sus nalgas haciéndome acabar solo con el roce de su culo. Entendí que esa morena quería candela y yo tenía la antorcha para encenderla.
Salimos del ascensor, y obligadamente debía pasar por mi departamento para llegar al de ella. Frente a la puerta, le digo que me espere, la tomo de la mano y la hago entrar. Antes que cierre la puerta ella se lanza sobre mí y me besa mientras su mano busca el cierre de mi pantalón, yo cierro la puerta y mis manos se pierden debajo de su polera. Siento sus tetas firmes en su esplendor ya que no usaba sostén. De lo más caliente mientras ella me masturbaba me lleva al sofá, yo caí rendido y ella lo mete en su boca, era tal igual como lo había imaginado en la ducha.
Lo mordía suavemente, lo pasaba por su cara, me gustaba ver como lo hacía. Yo gemía de placer. Vamos a mi habitación y ella me dice: "Ya te habías tardado mi amor, hace tiempo quería que me cogieras".
La desnudo completamente sobre la cama, recorro su cuerpo con mi lengua hasta llegar a su vagina; ella sube sus piernas en mis hombros dejando expuestas también sus nalgas. Agarrado de sus caderas escarbo su interior disfrutando de sus fluidos. Escucharla gemir y hablarme me calentaba aún más, ya que me decía: "Papi", "Papito", "Mi vida", con ese puto y calentón acento que tienen las colombianas.
Tan caliente como yo me pide que pase mi lengua por sus nalgas y que lubrique su ano para penetrarlo con mis dedos. Ella solo gemía al sentir como mis dedos se abren en su estrecho y apretado ano mientras mi lengua hace estragos en su clítoris.
"Papito, dámelo por detrás " -me dice. Coloco sus piernas en mis hombros y la penetro despacio. Su ano lubricado recibe mi miembro sin dificultad, me muevo lento para que se dilate. Ella toma sus senos y los aprieta mientras moja sus labios con su lengua. Me recordaba del ascensor y como me hizo acabar con sus nalgas, esa escena me calentaba más y quería llenar su ano con mi semen.
Se notaba que se contenía y le susurro: "Vente putica, acaba". Sus gemidos se vuelven ensordecedores, su ano latía apretando mi verga. Me tenía prisionero y con los espasmos de su ano me estimulaba aún más. Descargando ese torrente de semen en ese delicioso ano. Uffff, una experiencia única, ver como se retorcía de placer al punto de quedar casi sin respirar.
Abrazados en la cama yo beso cuello, hicimos un pacto de golpear la pared cuando sintamos ganas el uno del otro y saciarnos cada vez que lo deseemos.

Pasiones Prohibidas ®

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