Saliendo del trabajo nos dirigimos con unos colegas a tomar algo, sentíamos que merecíamos un momento de relajo ya que el día estuvo movido y había que recargar pilas.
Yo pido lo de siempre: whisky doble sin hielo y los otros la típica cerveza que acompaña en la mesa. No había venido a este lugar hacía años, estaba distinto. De pronto, algo se vislumbra en el horizonte y el radar empieza a accionar; era la nueva dueña del bar: Una chica alta, blanca, de ojos claros y cabello cobrizo natural. Cintura de avispa, trasero y senos abundantes. "¡Qué mujerona!".
Quise abordarla pero fui detenido por uno de mis colegas que me dijo: "Para ligar con ella tienes que der de billetera gorda". Entonces la realidad golpeó mi mesa, recordé que solo soy un funcionario público con un sueldo no muy acorde a mis gastos caros pero que no necesito que el dinero desborde mi billetera para impresionar a una chica. Dije: "Vamos, tú puedes". Me levanté y caminé a la barra con el vaso en la mano, y con cara de sofisticado ¡ja, ja, ja, ja, ja! Algo que siempre resultaba; pero no ésta vez. Solo conseguí otro caso de whisky y enfilé a la mesa para ser el blanco de burlas de mis compañeros.
Ya después de un par de horas decidimos volver cada quien a su casa. En el recibo de mi cuenta venía el número telefónico y el nombre de la dueña del bar. Mis pulsaciones aumentaron y de verdad me sentí extraño ya que había sido rechazado anteriormente. Decidí llamar y me dijo que me despidiera de mis amigos y le diera media hora para salir.
Los muchachos se subieron a sus autos y yo esperé en el mío ya que Valeria era una chica que valía cualquier espera. La vi salir yo bajo de mi auto con la mirada fija en ella, verla caminar hacia mí con ese jeans azul ajustados, botas a los muslos y un top escotado con breteles delgados. Era como si caminara en slow motion, yo embobado con la escena. De pronto un golpe de realidad, un "hola" -me despierta. Estaba ahí frente a mí y yo sin decir nada, estaba como un estúpido sin saber qué hacer.
Se sube al vehículo y me indica por donde ir para llegar a su departamento. Una vez ahí, bebimos unos tragos y ella puso música. Se sentó a mi lado y me contaba que ya lo sofisticado le había aburrido, todos querían impresionarla luciendo abultadas billeteras y hablando del mundo; ella quería a alguien normal, alguien que con poco le mostrara mucho y la hiciera sentir mujer, y no como algo sacado de la vitrina de una tienda. Me contó que ella había visto eso en mí y que me había rechazado para que volviera siendo yo, pero me quedé con el rechazo por eso ella tomó la iniciativa.
Tan pronto como termina de hablar se lanza sobre mí y comienza a besarme como una fiera hambrienta, yo solo dejo que ella haga lo que quiera conmigo. Se desnuda rápidamente pero conmigo se toma el tiempo para hacerlo. Disfruto de sus manos y de su boca recorriendo mi cuerpo.
Ya desnudos caminamos hacía la habitación, ella se lanzó sobre mí y acomoda mi miembro en su vagina haciéndolo entrar despacio. Sus movimientos eran espectaculares, me hacían sentir en las nubes. Mordía sus labios cada vez que sentía mi pene completamente adentro. Yo tomado de sus caderas disfruto de sus movimientos, algo tan placentero que sentía que éramos uno en la cama.
Sola después se coloca en cuatro con su cola levantada, yo estaba enloquecido, me coloco detrás y lo meto todo de golpe en su vagina, haciéndola gritar de placer. Me movía fuerte y mis testículos golpeaban su vulva, poseída me pedía más fuerte.
Me dice que quiere sentirlo en su ano, que lo lubricara bien y que la penetrara. Con mi lengua empecé a dilatar su culito mientras con mis dedos penetraba su vagina, Valeria explotó en un delicioso orgasmo que corría por sus piernas.
La penetro suavemente y siento como mi pene se abre paso en lo apretado de su ano. Sus ojos en blanco y su respiración agitada me demostraban que lo disfrutaba tanto como yo. No sé lo que sucedió pero apretaba con su ano mi pene haciéndome sentir un placer intenso, tanto que podía sentir como se hinchaba en su interior y como mi semen se descargaba como una cascada, dejándome casi sin respiración.
Exhaustos caemos rendidos, ella me abraza y se duerme junto a mí. A la mañana no estaba a mi lado, se había ido. Sobre el velador habían $300 dólares y una nota que decía: "Gracias por el placer que me diste. Ese es el pago por tus servicios".
Yo pido lo de siempre: whisky doble sin hielo y los otros la típica cerveza que acompaña en la mesa. No había venido a este lugar hacía años, estaba distinto. De pronto, algo se vislumbra en el horizonte y el radar empieza a accionar; era la nueva dueña del bar: Una chica alta, blanca, de ojos claros y cabello cobrizo natural. Cintura de avispa, trasero y senos abundantes. "¡Qué mujerona!".
Quise abordarla pero fui detenido por uno de mis colegas que me dijo: "Para ligar con ella tienes que der de billetera gorda". Entonces la realidad golpeó mi mesa, recordé que solo soy un funcionario público con un sueldo no muy acorde a mis gastos caros pero que no necesito que el dinero desborde mi billetera para impresionar a una chica. Dije: "Vamos, tú puedes". Me levanté y caminé a la barra con el vaso en la mano, y con cara de sofisticado ¡ja, ja, ja, ja, ja! Algo que siempre resultaba; pero no ésta vez. Solo conseguí otro caso de whisky y enfilé a la mesa para ser el blanco de burlas de mis compañeros.
Ya después de un par de horas decidimos volver cada quien a su casa. En el recibo de mi cuenta venía el número telefónico y el nombre de la dueña del bar. Mis pulsaciones aumentaron y de verdad me sentí extraño ya que había sido rechazado anteriormente. Decidí llamar y me dijo que me despidiera de mis amigos y le diera media hora para salir.
Los muchachos se subieron a sus autos y yo esperé en el mío ya que Valeria era una chica que valía cualquier espera. La vi salir yo bajo de mi auto con la mirada fija en ella, verla caminar hacia mí con ese jeans azul ajustados, botas a los muslos y un top escotado con breteles delgados. Era como si caminara en slow motion, yo embobado con la escena. De pronto un golpe de realidad, un "hola" -me despierta. Estaba ahí frente a mí y yo sin decir nada, estaba como un estúpido sin saber qué hacer.
Se sube al vehículo y me indica por donde ir para llegar a su departamento. Una vez ahí, bebimos unos tragos y ella puso música. Se sentó a mi lado y me contaba que ya lo sofisticado le había aburrido, todos querían impresionarla luciendo abultadas billeteras y hablando del mundo; ella quería a alguien normal, alguien que con poco le mostrara mucho y la hiciera sentir mujer, y no como algo sacado de la vitrina de una tienda. Me contó que ella había visto eso en mí y que me había rechazado para que volviera siendo yo, pero me quedé con el rechazo por eso ella tomó la iniciativa.
Tan pronto como termina de hablar se lanza sobre mí y comienza a besarme como una fiera hambrienta, yo solo dejo que ella haga lo que quiera conmigo. Se desnuda rápidamente pero conmigo se toma el tiempo para hacerlo. Disfruto de sus manos y de su boca recorriendo mi cuerpo.
Ya desnudos caminamos hacía la habitación, ella se lanzó sobre mí y acomoda mi miembro en su vagina haciéndolo entrar despacio. Sus movimientos eran espectaculares, me hacían sentir en las nubes. Mordía sus labios cada vez que sentía mi pene completamente adentro. Yo tomado de sus caderas disfruto de sus movimientos, algo tan placentero que sentía que éramos uno en la cama.
Sola después se coloca en cuatro con su cola levantada, yo estaba enloquecido, me coloco detrás y lo meto todo de golpe en su vagina, haciéndola gritar de placer. Me movía fuerte y mis testículos golpeaban su vulva, poseída me pedía más fuerte.
Me dice que quiere sentirlo en su ano, que lo lubricara bien y que la penetrara. Con mi lengua empecé a dilatar su culito mientras con mis dedos penetraba su vagina, Valeria explotó en un delicioso orgasmo que corría por sus piernas.
La penetro suavemente y siento como mi pene se abre paso en lo apretado de su ano. Sus ojos en blanco y su respiración agitada me demostraban que lo disfrutaba tanto como yo. No sé lo que sucedió pero apretaba con su ano mi pene haciéndome sentir un placer intenso, tanto que podía sentir como se hinchaba en su interior y como mi semen se descargaba como una cascada, dejándome casi sin respiración.
Exhaustos caemos rendidos, ella me abraza y se duerme junto a mí. A la mañana no estaba a mi lado, se había ido. Sobre el velador habían $300 dólares y una nota que decía: "Gracias por el placer que me diste. Ese es el pago por tus servicios".
Pasiones Prohibidas ®

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