Cansado de trabajar llego a casa deseoso de darme una ducha, comer algo y dormir plácidamente, entro dejando el saco y la corbata sobre el sillón de la sala. En la escalera desabotono mi camisa y suelto mi cinturón. Al subir la vista te veo parada en la puerta de la alcoba: lencería negra con portaligas, zapatos taco aguja, el antifaz negro que en muchas veces he ocupado cuando en nuestras noches de BDSM has sido mi sumisa, no olvido las esposas y una fusta escondida.
De inmediato caigo preso a tu perversión y me pongo de rodillas dispuesto a obedecer tus órdenes, me susurras al oído que las palabras de precaución son las mismas que tú usas en esa situación.
Me indicas que bese tus zapatos, absorto pero excitado al ver que te habías transformado en una dominante obedezco tus deseos, señalas con tu índice por donde quieres que bese y donde quieres que toque. Golpeas mi espalda con la fusta porque hice algo que te desagradó; hasta ese punto mi excitación era extrema. Te mueves y yo te sigo gateando como un perro faldero ansioso de cariño.
Me indicas que me levante y me ponga tras de ti, y que con mis manos recorra de tus hombros a tu espalda. Mientras que la fusta recorre mis muslos y me golpeas cuando sientes que mis dedos tocan tus pechos. Excitado y agradecido por la corrección doy un pequeño gemido.
Me quitas la camisa y sacas mi cinturón, lo pones en mi cuello, y me obligas a que gatee al lado tuyo mientras tienes el cinturón tomado. Me siento como un león encadenado y hambriento, pero es tu momento y debes demostrar que puedes hacerlo.
Buscas en mi closet y sacas una corbata negra de seda para colocarla en mis ojos, con los ojos vendados mis sentidos de audición y olfato se agudizan. Me quitas el pantalón y el bóxer, me empujas a la pared, me esposas con las manos atrás (aprendiste bien) y me tiras a la cama y siento como tú lengua me recorre completo. Me obligas a guardar silencio cuando siento que tu lengua recorre el glande de mi pene erecto a punto de explotar. Un gemido involuntario sale de mis labios y otra vez soy castigado por esa fusta en mi pecho, la sensación de dolor y placer me invade. Aburrida de mi mal comportamiento colocas algo en mi boca. Tiene un olor y sabor muy característico, son tus pantaletas húmedas. ¡Wow! ¡Estoy en las nubes!
Puedo notar que ya no puedes soportar más, me tienes vulnerable y sometido. Ahora quieres ser saciada. Te subes sobre mí y te mueves suavemente, lento. La dominante quedó atrás y aparece la mujer tierna y deseosa de mí.
Gimes cada vez más fuerte y tus movimientos son intensos. Colocas tus manos en mi pecho mientras presionas mi miembro con tu vagina provocando una explosión en mi verga que inunda tu interior mientras descontrolada te recuestas en mi pecho rendida al placer.
Sacas la venda de mis ojos, tu pantaleta de mi boca y sueltas las esposas de mis muñecas. Me pides un abrazo y un beso delicado.
Agradezco a mi dama por la sesión de BDSM más intensa de mi vida. Sin duda te graduaste con honores.
De inmediato caigo preso a tu perversión y me pongo de rodillas dispuesto a obedecer tus órdenes, me susurras al oído que las palabras de precaución son las mismas que tú usas en esa situación.
Me indicas que bese tus zapatos, absorto pero excitado al ver que te habías transformado en una dominante obedezco tus deseos, señalas con tu índice por donde quieres que bese y donde quieres que toque. Golpeas mi espalda con la fusta porque hice algo que te desagradó; hasta ese punto mi excitación era extrema. Te mueves y yo te sigo gateando como un perro faldero ansioso de cariño.
Me indicas que me levante y me ponga tras de ti, y que con mis manos recorra de tus hombros a tu espalda. Mientras que la fusta recorre mis muslos y me golpeas cuando sientes que mis dedos tocan tus pechos. Excitado y agradecido por la corrección doy un pequeño gemido.
Me quitas la camisa y sacas mi cinturón, lo pones en mi cuello, y me obligas a que gatee al lado tuyo mientras tienes el cinturón tomado. Me siento como un león encadenado y hambriento, pero es tu momento y debes demostrar que puedes hacerlo.
Buscas en mi closet y sacas una corbata negra de seda para colocarla en mis ojos, con los ojos vendados mis sentidos de audición y olfato se agudizan. Me quitas el pantalón y el bóxer, me empujas a la pared, me esposas con las manos atrás (aprendiste bien) y me tiras a la cama y siento como tú lengua me recorre completo. Me obligas a guardar silencio cuando siento que tu lengua recorre el glande de mi pene erecto a punto de explotar. Un gemido involuntario sale de mis labios y otra vez soy castigado por esa fusta en mi pecho, la sensación de dolor y placer me invade. Aburrida de mi mal comportamiento colocas algo en mi boca. Tiene un olor y sabor muy característico, son tus pantaletas húmedas. ¡Wow! ¡Estoy en las nubes!
Puedo notar que ya no puedes soportar más, me tienes vulnerable y sometido. Ahora quieres ser saciada. Te subes sobre mí y te mueves suavemente, lento. La dominante quedó atrás y aparece la mujer tierna y deseosa de mí.
Gimes cada vez más fuerte y tus movimientos son intensos. Colocas tus manos en mi pecho mientras presionas mi miembro con tu vagina provocando una explosión en mi verga que inunda tu interior mientras descontrolada te recuestas en mi pecho rendida al placer.
Sacas la venda de mis ojos, tu pantaleta de mi boca y sueltas las esposas de mis muñecas. Me pides un abrazo y un beso delicado.
Agradezco a mi dama por la sesión de BDSM más intensa de mi vida. Sin duda te graduaste con honores.
Pasiones Prohibidas ®

Comentarios
Publicar un comentario