Después de mucho dar vueltas el asunto decidimos vivir juntos, no importaron los comentarios de las personas, solo importó lo que tú y yo pensamos y queremos hacer.
Buscamos un céntrico departamento en donde sería nuestro nido de amor, con una vista panorámica de la ciudad y espacio suficiente para las cosas que queremos comprar. Empiezan a llegar las cajas y la ropa para guardar en loa closet, de a poco el departamento se transforma en bodega ya que no hemos tenido tiempo para guardar nada ni mucho menos ponernos a armar muebles, tan poco tiempo que ni la cama hemos armado, creo que fue mala idea de cambiarnos el domingo porque no hicimos nada. Bueno, si hicimos algo pero no precisamente ordenar. Cubrimos algunos muebles con sábanas viejas porque íbamos a empezar con cambiar el color de las paredes antes de acomodar todo.
Ya es sábado por la mañana y me levanto en silencio, dormimos otra noche en el suelo porque no he armado aún la cama y la solución, poner el colchón en el piso. Voy a la cocina, preparo algo de café, mezclo la pintura y con el rodillo marco el trazo a seguir sintiéndome un experto. Sigilosa te levantas y me observas, suspiras e involuntariamente tus manos se deslizan por tus senos, la lujuria te invade y crea en ti pensamientos libidinosos, los que hacen tu vagina humedecer en un instante, cierras los ojos y de manera involuntaria ya tu mano se perdió dentro de tu ropa interior. En el aire se percibe tu excitación, puedo saber lo que haces porque tu respiración agitada te delata; hago de cuenta que no te percibo y sigo en lo mío.
Te me acercas por la espalda y desgarras la polera que llevo puesta, deslizas tus manos por mi pecho dejando impregnado el perfume de tus fluidos en mi pecho alborotando de inmediato la tranquilidad en mi pantalón. Desabrochas el jeans que llevo puesto y metes la mano entre mi bóxer para sentir como se erecta mi miembro con el toque de tus dedos. Dejo el rodillo a un lado y dejo que invadas con toda confianza mi entrepierna y me toques de manera suave mientras pasas la lengua por mi hombro. Entregado ya a la lujuria me doy vuelta, te tomo en mis brazos y te llevo a la otra pared en donde mi lengua se pierde en tu boca, con gemidos intensos me demuestras que ardes de deseo. Poco a poco nos deslizamos hasta quedar en el suelo, te subes sobre mí sin separar tus labios de los míos. Mis manos se aferran a tu cintura y levantan el pequeño suéter que traes puesto, embrujado por tu figura te recorro completa apretando con fuerza tus nalgas, gimes con delicadeza al sentir como mi boca busca tus senos. Vuelves a besarme y acaricias mi rostro, apoyo mi cabeza en uno. de mis brazos y observo cada uno de tus movimientos.
Esa pequeña sensación de poder te excita, muerdes tus labios y respiras agitado mientras aprisionas mis brazos con tus manos. Susurras en mi oído como si quisieras que nadie te oiga: "Eres mío" y muerdes el lóbulo de mi oreja, sonrío y afirmo: "Si mon amour, completamente suyo". ¡Oh, esa dulce sensación de conocer tu debilidad!". Se desata se tu interior la hembra hambrienta de sexo que deja marcas en mi pecho con sus afiladas uñas y devora mis labios con esa hambre incontrolable que tanto me encanta. Con mis brazos ya libres bajo hasta tus caderas y me aferro con fuerza, tratas de liberarte pero sientes como tu ropa interior fue rota por el ímpetu que hay en mi sangre, con fuerza tiro el malogrado calzón y la fricción que te recorre desde el ano al clítoris te hace acabar sobre mi pantalón; tratas de ahogar tus gemidos refugiándote en mi boca, esa sensación hace que te restriegues tu vulva sobre mi pantalón y supliques que te penetre.
Te mueves un poco hacía atrás y bajas rápidamente el cierre de mi jeans e invades la privacidad de mi entrepierna. Tomas mi miembro y lo acomodas en la entrada de tu lubricada vagina, te mueves con fuerza soltando gemidos desde lo profundo de tu ser, te quitas el diminuto suéter y me regalas en movimiento de tus senos al ritmo que tú has impuesto. Me excita esa capa de sudor que te envuelve y como gotas de éste caen de tu frente a mi pecho; te nalgueo con fuerza para que te muevas más rápido. "Eso mi guagua, muévete así" -te digo. Caes sobre mi pecho y muerdes mis labios mientras solo tu vagina se mueve haciendo que gima de placer.
Siento como tu vagina se contrae y como tus piernas tiemblan en cada movimiento; cierras los ojos y te transportas al cielo y te tomas de ese intenso orgasmo que recorre cada espacio de tu cuerpo. Satisfecho observo tu cara y me transporto contigo a ese paraíso de placer en donde nuestros cuerpos se funden en la más grata armonía, sabiendo que nos pertenecemos y ahora que vivimos juntos podemos tenernos cuando lo queramos.
Pasiones Prohibidas ®
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