N° 120 Mi esposa con uniforme escolar

Siempre hemos sido una pareja que disfruta del sexo. Cada vez que estamos juntos es como si fuera la última vez que estaremos juntos, cada vez es intenso y a veces caemos rendidos en la calma exhaustos de placer. Hace un tiempo hemos incorporado juegos que hacen la relación más entretenida y mantienen la llama encendida de la pasión, de la lujuria y del deseo.
En esas ansias de experimentar, buscando algunas cosas que incorporar a la noche de desenfreno Maritza, mi mujer encuentra entre las cosas, la falda, blusa y corbatín que usaba Rebeca nuestra hija cuando estaba en secundaria, ese diminuto uniforme que muchas veces mantenía mi miembro erecto cuando venían sus compañeras de clase a realizar trabajos en casa, ese mismo uniforme que una vez empapé con mi semen pensando en que era una de las putitas que Rebeca tenía de compañeras.
Se viste de escolar y me llama para incitar mi perversión. Los encantos de Maritza vuelven a cualquiera loco y ver como apenas la falda tapa sus nalgas y la blusa ceñida a su cuerpo hacen que la lascivia aflore y el deseo se vuelva parte fundamental para dejarnos llevar y saciar ese instinto que hace endurecer mi miembro. Verla de esa manera me convierte en un lobo hambriento que sin importar corre hasta dar con su presa y saciarse: así con mi boca salivando y mis pulsaciones casi al máximo trato de contener al animal que quiere solo saciar su instinto, para solo observar cada detalle en silencio.
Consciente de lo que provoca, se pasea y se exhibe ante mis ojos que trasmiten perversión y seducción, se inclina levemente solo para mostrarme que su ropa interior está húmeda  y que su cuerpo está a merced. Ella desliza sus manos siguiendo las curvas de su cuerpo, surca sus senos y recorren hasta meterse debajo de la diminuta falda; sus dedos se empapan solo con tocar su pantaleta provocando gemidos suaves y pequeños espasmos al sentir como los labios vaginales se hincharon y se abren al paso de sus dedos curiosos. Se para frente a la ventana y baja su calzón un poco más abajo de sus rodillas y descaradamente se masturba invitándome a la lujuria, ya casi sin contener a ese animal reprimido me comienzo a desabotonar la camisa y a abrir el cierre de mi pantalón mientras ella hunde sus dedos en su vagina; gime, se retuerce y tiembla al penetrarse hasta la base de sus dedos. Con cara de traviesa invita a que me acerque, yo gateando me dirijo a ella y olfateo su sexo, se estremece al sentir el sonido de mi nariz saboreando aquel aroma que su vagina expele. Con mi lengua recorro cada espacio de su entrepierna y me embriago de sus fluidos que desbordan por sus muslos. Como un experto me pierdo en su interior con mi lengua arrancando gemidos de placer; toma mi pelo y hunde mi cara en su sexo para sentir como mi lengua la penetra. Perdidos en el placer me coloco de pie y beso esos carnosos labios que tanto me gustan y han saciado lo virilidad.
La tomo de las caderas con fuerza, apegada a mí su sexo húmedo se desliza por mi pantalón dejando las huellas de su recorrido. Baja recorriendo mi pecho con su lengua, toma con fuerza mi miembro y pasa si lengua desde la base al glande, lo masturba con fuerza mientras lo escupe para lubricarlo, me gusta cuando se pone sucia y se olvida de los protocolos solo por el placer que le brinda el saber que cada espacio de mi cuerpo le pertenece. Lo traga completo para ir sacándolo poco a poco y al ir saliendo lo muerde con algo de fuerza haciéndome estremecer de placer. Controlo las ganas de estallar en su boca y la coloco de pie apoyando sus manos sobre el borde de la ventana para penetrarla como un animal y hacer que gima descontrolada; basta solo una embestida para abrirme paso en su sexo y con movimientos violentos la poseo haciendo que acabe con inusitada pasión. Por la lujuria dominados, enceguecidos por la pasión  descontrolados y el éxtasis hace presa de nuestros sentidos, siento como su vagina se contrae y destila su lubricación, unida a ese intenso orgasmo que hace que me vacíe en su interior hasta quedar rendido en su interior.
Después de la manera intensa de saciar nuestro instinto nos besamos con esa pasión que sólo los que se aman pueden entender y con la promesa de castigar por la noche a esa alumna que se ha portado mal.

Pasiones Prohibidas ®

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