En mi oficina esperando a que las horas pasen, mirando la inmensidad de la ciudad que poco a poco se tiñe de negro y se ilumina a la vez, ya que en otoño e invierno se oscurece más temprano. Suena el teléfono, Rosa mi secretaria que con voz sensual me pregunta: "¿Se le ofrece algo señor?". Esas palabras traspasaron cada fibra de mi ser y me hizo estremecer y hasta suspirar. Ella no sabe de mis gustos peculiares ni de mi fascinación por las amarras, por las esposas ni menos que me gusta castigar a las mujeres que están conmigo cuando desobedecen una de mis órdenes. No desconozco que muchas he fantaseado con poseerla sobre el escritorio y que grite que soy su dueño en cada embestida. Le pido una taza de café y que de ahí pueda arreglar sus cosas para retirarse, con una sonrisa, tal vez algo maliciosa me dice: "Cómo usted diga señor". Otra vez esa palabra, otra vez la sensación que se instala por completo en mi entrepierna, otra vez esa respiración agitada.
Sentado mirando el horizonte y casi por instinto mi mano se mete en mi pantalón para estimular mi pene que parece querer explotar por la excitación. Deliciosamente perdido en el placer que brinda mi mano e imaginación siento como la puerta se abre lentamente, es Rosa que con su atuendo de secretaria hace que el reloj se detenga y que el mundanal ruido de la urbe se silencie, puedo notar como con pasos seguros sus caderas se adueñan de la oficina y el sonido de los tacos en la baldosa elevan aún más mi lujuria. Por alguna razón resuena en mi mente una melodía ("I put a spell on you", de Anime Lennox) y por una milésima de segundo la vi desnudándose al ritmo de la melodía. "¡Listo mi señor!" me dice. La miro en silencio y le digo: "Gracias". "¿Algo más que desee señor?" -me pregunta con cara maliciosa, había visto esa mirada una vez pero me hice el tonto e hice de cuenta que no había pasado nada; pero esta vez aunque quisiera pasar desapercibido mi excitación era evidente. La miro a sus ojos verdes y me pierdo en esa mirada, apenas mis labios pronuncian: "Nada más, muchas gracias por su gentileza Rosa". Va saliendo de la oficina y antes de que cruce el umbral la detengo. Caprichosamente la hago devolverse y le digo: "Quiero que repitas lo último que me dijiste". Me mira con algo de sorpresa. Le dijo otra vez pero palabra por palabra: " Algo más- qué- desee- señor" -me dice con suavidad y sin quitar sus ojos de los míos que miraban como sus labios gesticulan las palabras.
Me levanto de mi silla y ella se gira siguiendo mis movimientos, una vez más sale esa palabra de sus labios: "Dígame señor, ¿qué le pasa?". De un profundo suspiro y con la voz fuerte le digo: "¡Date vuelta!". Obediente y complaciente se voltea: "¿Así señor?" -me dice. Me acerco por detrás, su respiración se agita y siente como su sexo se humedece al oírme preguntar: "¿Qué quieres conseguir Rosa?". Suspira de manera casi agónica y me dice: " Experimentar el placer del dolor señor". Me apego a ella y deslizo mis manos por sus muslos, con algo de miedo tiembla y respira agitado susurrando: "¡Oh, mi señor!”. Pongo mi dedo en sus labios para callarla y con su lengua lo empieza a envolver gimiendo mientras lo hace. En ese momento la lujuria se apodera de mí y la llevo del pelo contra contra el escritorio, levanto su falda y acaricio sus nalgas; puedo percibir el deseo ya que su ropa interior se siente mojada, sabe que eso me excita ya que restrego mi miembro por sobre nuestra ropa, eso la hace jadear e incluso quedar sin aire a medida que mi pene se hincha entre sus nalgas.
La tomo de su cabello largo y empujo su cabeza hacia atrás a medida que la embisto de manera suave, puede percibiese el olor del sexo en el aire y la sensación de lujuria que nos inunda, que nos hace olvidar el lugar en el que estamos. Bajo su calzón suavemente con una mano y con la otra la penetro despacio arrancando gemidos de su interior, mueve sus caderas de manera casi imperceptible, disfruto ver como el éxtasis del placer la lleva a besar el escritorio y perderse en la sensación de estar siendo abusada. Me pide por favor que la nalguee, que deje mis dedos marcados en sus nalgas, la sensación de poder es tal que con fuerza la azoto aún dejando algo de dolor en mi palma pero placer y satisfacción en su rostro.
La vuelvo a tomar del pelo, mientras mis dedos hábilmente deslizan el cierre de mi pantalón, saco mi miembro que está a punto de estallar por la excitación, húmedo y palpitante. Sutil abre acomodado en la entrada de su vagina la embisto con fuerza, sin contemplación para demostrarle quien es el que manda y que de ese momento sus deseos son míos, ahogada en el placer de sus gemidos, de su interior brotan sus fluidos que corren por sus muslos. Siente que su alma se transporta al cielo y es como si su corazón se detuviera por un instante, temblando agradece por el intenso orgasmo la invade.
La observo, hago que sé vuelta y queda frente a mí, me mira y dice: "Ordene mi señor". Tomo su pequeña mano y la coloco en mi miembro, le indico de que manera tiene que masturbarme. Obediente a mi orden lo hace de manera suave mientras nuestras bocas se unen el placer de un intenso beso, de igual forma mis dedos causan estragos en su clítoris; con jadeos cortos y constantes susurra: "¡Así mi señor!". Muerde mis labios con algo de fuerza rompiéndolos y haxiendo un pequeño corte pero ella no separa su boca de la mía, le gusta el sabor del pequeño hilo de sangre que brota de mis labio. Excitado disfruto de como me toca y de como gime al tocarla, sus piernas casi no pueden sostenerse por lo que del cabello la llevo al piso y de una meto mi miembro en su boca, le marco un ritmo intenso, para que me haga acabar en esos cálidos labios. Cada ve más intenso, cada vez más rápido; mi pene se endurece aún más en su boca y el glande toma un color morado intenso, ya no contento mis ganas y lleno por completo su boca con mi espeso semen, se desborda por la comisura de sus labios pero no quita su boca de mi miembro hasta que deja de palpitar y ella tener la certeza de haber tragado hasta la última gota del blanquecino líquido que la tiene extasiada.
Ya de pie, simplemente agradece por la sensación de abuso y perversión, me dice que quiere ser objeto de mis pasiones prohibidas y se entrega por completo a lo que pueda hacer con ella según los caprichos de mi excitación.
Pasiones Prohibidas ®
Que ignotico y mágico momento, gracias por compartirlo.
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