N° 118 Una estudiante mal portada (BDSM)

Soy una estudiante de secundaria que está a punto de cumplir 18 años, de una buenay prestigiosa familia. De una u otra manera me he ganado las miradas de los chicos de mi edad y en más de alguna ocasión se han inspirado en mí para satisfacer los deseos que se despiertan en ellos; no sé si agradecer tantas "dedicatorias" al día o solo ignorar los comentarios estúpidos; después de todo creo que me calienta un poco la idea de ser la fuente de inspiración en sus pajas pero eso no es lo que quiero contarles. Me halagan sus acciones, pero prefiero a los hombres mayores como el profesor de matemáticas, un hombre de 35 años, casado con una mujer capaz de detener el tránsito con su andar. Para mí él ha sido objeto de que mis dedos se pierdan en mi vagina, he gemido su nombre mientras orgasmo tras orgasmo cuando me deshago en la soledad de mi habitación.
Lo he visto que me mira y hasta creo que me desnuda con su mirada, aunque muchas veces sus ojos muestran algo de rudeza pero me excita demasiado. Me insinúo descaradamente cuando le hablo, le pongo esas cara de putita fácil pero él se hace el desentendido; me dan ganas de tomar su cara y restregarla en mis senos para que sepa de una vez por todas que me calienta y que quiero sentirlo dentro mío. Me gustaría sentir esa rudeza en su mirada pero en la forma que me penetre y me haga gritar de dolor y placer.

Un tanto decepcionada me fui a casa, mme encerré en la habitación con algo de rabia y hasta unas lágrimas cayeron por mis ojos. De pronto, unos gemidos se oían como llenando el aire, supuse que era el imbécil de mi hermano aficionado al porno; por alguna razón esos gemidos se me hacen familiares, era mi madre la que gemía y el que jadeaba como perro en celo era mi papá. Algo asqueada me acerco a la habitación de ellos para observar. Pero el asco se transforma en una sensación extraña, me estaba excitando al verlos, sobretodo a mi mamá con una expertiz única pasa la lengua por el miembro de mi papá, él gime tendido en la cama mientras la tiene tomada del pelo. Parada fuera de la habitación y con la puerta a medio abrir puedo ver como mamá traga por completo ese apetitoso pene, mis manos se deslizan por mi cuerpo y se pierden debajo de la diminuta falda del colegio, acariciando mi clítoris miro como mamá masturba en la cama a papá usando su boca y manos, sin duda mamá es una pirita de quien puedo aprender mucho. Yo acabo junto con papá y al ver la boca de mamá escurriendo el espeso semen, solo quiero correr y besarla para probar ese blanquecino y delicioso líquido. Unos segundos de compostura y voy a mi habitación para arreglar las cosas que ocuparé al día siguiente y recostarme para disfrutar el orgasmo que mis viejos me regalaron al verlos coger.

 A la mañana siguiente al desayunar con mamá ya no la miraba como la señora de respeto, sino como la puta más grande, ya que siempre presumió de santa y con papá se comportó como una verdadera putita al tragarse hasta la última gota de su semen. Ya mojada por la escena me dirijo a clases, fuí la primera en llegar y ahí estaba él poniendo unos apuntes en la pizarra, se ve tan sensual con esos pantalón que resaltan un buen trasero y un bulto abundante en su parte delantera. Verlo así hace que la saliva escurra por la comisura de mis labios y tenga que pasar mi lengua para secarla, aunque fantaseo en pasar mi lengua por su miembro tal cuál lo hizo mamá anoche. Verlo al frente de mí hace que me moje con más intensidad y tenga que buscar satisfacción con mis dedos sin que se de cuenta, ya que por caliente me pueden expulsar. Contento mis gemidos pero no puedo contener mi deseo, y la lujuria me juega una mala pasada ya que al entregarme al orgasmo mi cuerpo tiembla y un gemido intenso sale de mis labios. Se da vuelta rápidamente y me ve con las piernas abiertas, la falda hasta la cintura, una mano sujetando mi calzón y con cuatro dedos de mi otra mano metidos a fondo en mi húmeda y dilatada vagina. Me mira con cara de asombro y se queda en un incómodo silencio que no me gusta.

Después de unos segundos me dice: "Señorita, ¿qué está haciendo? Sus compañeros están por llegar y si sus ganas eran tantas debería ir al baño. La sala de clases no es un lugar para hacer esas cosas". Amé la severidad de su voz, pero por sobretodo que al no reportar en la dirección mi comportamiento obsceno se hizo cómplice de mi perversión. Pasaron las largas horas de clase y él vuelve a la sala antes de salir y dice que quiere hablar conmigo, eso me hizo pensar que ya había reportado la.situación al director y que ya no podía regresar al colegio, pero no fue así.

Salió el último de mis compañeros y él cierra la puerta, me pide que me pare al lado del escritorio, mientras él se pasea por la sala como si diera una clase más. Habla de la moralidad y lo promiscua que está la juventud, yo lo quiero callar con un beso pero creo que al hacerlo si me delataría y me expulsarían. En un momento se detuvo y pude sentir su respiración tras mí. " Usted, se ha comportado de manera sucia y como su profesor tengo que tomar medidas". Me toma con fuerza y me apoya sobre el escritorio dejándome con el culo expuesto, esa sensación de calentura me invadió y le pregunté: "¿Me va a castigar por ser puta?". Él sonrió, buscó en su bolso una regla de madera de unos cuarenta centímetros, levantó mi falda y el olor de mi excitación fue como un cóctel que lo embriagó, sin pensarlo me golpeó duro con esa regla, gimo enloquecida y le suplico que lo haga más fuerte ya que he sido una chica sucia, para él es como si resonara música en sus oídos al escucharme, ya que lo hace con mayor fuerza;  es como si mis nalguitas hirvieran en cada golpe, no puedo contener los fluidos que salen de mí y empapan mi ropa interior y se desbordan por mis piernas. Al ver eso, me pone de pie tomando con fuerza mi pelo y me susurra al oído: " ¿Te calienta putita?". ¡Mucho, señor profesor!".
Lleva mi mano hacia su pantalón y siento ese enorme bulto acomodado en el muslo, de solo saber que lo tendré dentro me vengo en un intenso orgasmo que me hace temblar. Me sienta sobre el escritorio y me quita la blusa y mi sostén, y comienza a comer mis senos de la manera más exquisita que alguien lo hubiera hecho antes, muerde mis pezones y golpea con fuerza mis senos; sin esperarlo me está dando una clase de sexo violento que me transporta, me hace sentir mujer y me gusta. Me vuelve loca sentir ese erecto miembro rozando mi vagina sobre el pantalón, me transporta, me hace sentir deseada pero no de la manera en que me desean mis compañeros, sino como una mujer de verdad.

Le pido permiso para abrir el cierre de su pantalón y sentir su imponente miembro en mi mano, me lo concede y sentirlo hinchado, húmedo e hirviendo me calienta aún más. Lo masturbó suave, sin prisa; disfrutando de sus gemidos mientras sus dientes marcan mis senos. Quiero tenerlo dentro y saciar esas ganas locas de sentirme su mujer, muevo mi calzón a un lado y deslizo suavemente la punta de su miembro por mi vagina, pero él me detiene, creo que tiene planeado algo más. Con esa misma rudeza de su voz me toma del pelo llevándome al piso, no entiendo mucho lo que quiere pero disfruto de esa agresión; desliza su pene por mi cara, dejando un rastro con su secreción. Al llegar a mi boca lo mete de una, hace que me atragante, deliciosamente ahogada por su miembro me dice de la manera en que tengo que chuparlo, obediente a su deseo lo complazco y lo hago suave, como le gusta. Tomándome del pelo me muestra que debo aumentar el rirmo ¡qué rico se siente! Le agradezco a mami haberme enseñado anoche como se hace.

Me coloca de pie y con una fuerza que me enloquece rompe mi ropa interior, y me sube otra vez al escritorio; al igual que un animal sediento hunde su cabeza en mi entrepierna y me lame desde el principio hasta mi culito. Mi cuerpo tiembla, me retuerce el placer, ya he perdido la cuenta de cuanto este hombre rudo me ha regalo orgasmos pero no puedo más que entregarme a su bendita y perversa lengua, ya exhausta pero dispuesta a seguir siendo sometida a sus abusos le suplico que me penetre, ya no resistiré otro momento sin tenerlo adentro. Se acomoda en la entrada de mi sexo húmedo y con una mano tapa mi boca, mientras que con la otra pone su glande haciéndolo entrar un poco. ¡Oh, qué placer! De una certera embestida me penetra hasta el fondo, eso me hizo sucumbir y casi gritar de dolor y placer; la violencia de sus movimientos era como caminar al borde de un precipicio, adrenalina pura. La manera violenta en que me embestía hizo que me olvidara de lo desagradable que fue la primera vez que tuve sexo.

Ya casi no salían gemidos de mis labios, solo me retorcía y jadeaba. Sin mediar un poco, me voltea y nalguea muchas veces diciéndome que soy una chica sucia y que me está"castigando" por serlo. "Si, mi querido profesor; merezco mi castigo" -le digo y que agradezco su preocupación. Otra vez con fuerza me penetra y me hace llegar al cielo cada vez que sus testículos golpean mi vulva hinchada y húmeda por el placer.  Otra vez presa del placer tiemblo y casi sin respiración me entrego una vez más al intenso placer. Mientras más fuerte se mueve, más se hincha su miembro en mi interior, él gime descontrolado y me hace bajar rápido del escritorio, me lleva al piso con esa brutalidad característica y lanza su delicioso semen en mi cara y en mis senos. No hay palabras que puedan describir este mágico momento, pero me siento su hembra, su putita; con mis dedos llevo el semen que está en mi cara y lo llevo a mi boca para saborearlo y con mis dos manos esparzo el semen en mis senos, otra vez mete su rico miembro en mi boca y yo llevo hasta la última gota de su viscoso esperma.

Rápidamente me visto y me despido de mi rudo amante con un beso en los labios. Se sienta en su escritorio y me pide que cierre la puerta, voy camino a mi casa cogida, educada en una variante del sexo de la que me enamoré y pensando la forma de provocar una vez más otro castigo de tan excitante y brutal verdugo.



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