N° 117 Sumisa complaciente (BDSM)

Siempre con la intención de complacerme, me espera con esas botas largas a la mitad del muslo y desnuda. Al entrar a la casa cuando me ve sus rodillas van al piso y su vista se aparta de mis ojos hasta obtener el permiso de mirarme. Mi mano se desliza suave por su rostro y la miro hacia abajo, puedo percibir su excitación, cómo el deseo recorre su cuerpo y con un suspiro musita: "¡Gracias mi Amo!". Camino hacía la sala y ella gatea a mi lado como una gata obediente y fiel a su Amo, solo mi satisfacción la induce a tal entrega, aún a costa de perder su libertad en mis manos.
Llego a la habitación y ella se detiene junto a mí, aún sin mirarme pero expectante a cada movimiento, me dirijo al armario en donde saco un par de grilletes en cuero para inmovilizar sus muñecas y tobillos. Al llamarla levanta la vista y la baja nuevamente pero le iglesia que no se preocupe ya que si quiero que vea donde estoy. Así, de rodillas los grilletes se ajustan a sus muñecas, ella gime por la presión entre el cuero y el metal, lo mismo que en sus tobillos; la sensación de sentirse presa la excita aún ya que su respiración se agitó a tal punto que jadea como una leona sedienta de sexo. Acaricio su espalda con la punta de los dedos, solo se estremece y muerde sus labios; mis dedos bajan hasta sus nalgas, se deslizan para buscar ese agujero pequeño que en tantas oportunidades ha sido víctima de mis furiosas embestidas, sentirlo apretado me excita tanto que meto mis dedos a su boca para que los llene de saliva y así lubricarlo para penetrarla. Poco a poco me abro espacio entrando la punta de uno de mis dedos; ella gime entregada al placer de sentirse violentada y torturada por ese dedo invasor. Mis deseos más retorcidos afloran y de a poco cada uno de mis dedos entran en su interior, mi mano completa hasta la muñeca. Ella gime, se retuerce y jadea; por primera vez su ano se entregó por completo a mi perversión, entre gemidos me dice "¡Gracias Amo por tan exquisito orgasmo! Caliente por tan deliciosa escena, solo la disfruto y acaba gimiendo hasta casi desvanecerse.
Retiro mi mano de forma lenta, haciendo que acabe otra vez; con espasmos en cuerpo hago el intento de colocarla en pie pero sus piernas aún no le responden. Me dirijo al baño en donde aseo mis manos y me coloco guantes quirúrgicos para asear a mi preciada sumisa. La suelto de sus grilletes, le digo que me espere sobre la cama, al ir otra vez a asear mis manos, la veo tendida sobre la cama y mi mente viaja a todos esos momentos en que la pasión nos sorprendió y dimos rienda suelta a ese deseo incontenible que nos hace pertenecer uno al otro.
Me recuerdo a su lado y la abrazo con ternura, beso sus labios y disfruto de ese exquisito temblor que quedó en su cuerpo. Bajo poco a poco el cierre fe mi pantalón y ella sabe qué hacer, busca entre mi ropa interior su premio por ser una sumisa complaciente, al encontrar mi miembro lo masturba de forma suave sin exponerlo, disfrutando del anonimato que le brinda estar dentro de mi ropa". ¿Le gusta así mi señor? " -me pregunta. Con un gemido salido de lo más íntimo de mi ser le respondo, la excita oírme gemir y de cada vez aumenta su ritmo; cada vez se pone más duro e hinchado, el deseo de sentirlo en su boca la hace pedir permiso; muevo mi cabeza en señal de aprobación y sin dudar un instante baja mi pantalón para tragarlo completo. Sus labios hacen una presión suave en mi glande mientras su mano se mueve de arriba a abajo, lo muerde de manera suave y mis dedos se enredan en su pelo; entiende lo que quiero y lo traga más rápido haciéndome temblar de placer.
Cada instante es más intenso y placentero. Le digo que pare, que se monte sobre mí y me cabalgue. Toma mi miembro y lo acomoda en la entrada de su húmedo sexo y baja despacio, deslizándolo despacio hasta dejarlo por completo dentro. Con movimientos suaves lo amolda a la forma de su vagina, la tomo de las caderas y alucino con esos movimientos que me vuelven loco, poco a poco se sumerge en un frenético ritmo saturado de placer que la hace gemir hasta quedar sin respiración. Ver como sus señor rebotan en cada movimiento me vuelve loco, la tomo de sus pezones y los aprieto, llevándola al camino del placer y esbozar: "¡Qué rico mi Señor!”. Esa mezcla de dolor y placer la hace ser presa fácil de mi lujuria y entregarse cada vez sin reservas a lo que mi mente perversa idea para poseerla.
Mis dientes se clavan en sus pezones erectos y ella con ese movimiento frenético que la deja casi sin aire, puedo notar como sus fluidos corren por sus piernas y me empapan de placer. Con su corazón a punto de explotar y sus sentidos en éxtasis, al retorcerse sobre mí la invade por completo un orgasmo imprudente que envuelve cada espacio de su cuerpo y sus gemidos se mezclan con los míos, mis fluidos cruzan su camino con los de ella y armoniosamente nos entregamos al placer.
Al correr del tiempo y después de reposar acostada en mi pecho pienso en lo afortunado que soy de haber encontrado una mujer que se someta a las aberraciones de mi mente y lascivia, también de la manera que casi sin hablar nos entendemos, es ahí donde Sensato - Seguro y Consensuado cobran mayor relevancia, y no solo sometes a violencia a tu mujer sino que la golpeas con el objeto más poderoso y dominante que puede existir: EL AMOR.

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