N° 116 La esposa de mi mejor amigo

Recibo una llamada que altera mi ánimo, es Noemí, la esposa de mi mejor amigo pero también es mi amante.
Él se fue de viaje por unos negocios que debía cerrar fuera de la ciudad y eso nos daría al menos una semana para saciar nuestro ímpetu de sexo.
La llamada no duró más de cinco segundos: "Te espero", palabras suficientes para mí.
Al llegar a su casa la veo solo con la ropa interior rosa que le regalé, tendida en la cama y con sus dedos hurgando su vagina. "Tardaste un poco" -me dijo cuándo me vio con mi miembro en la mano y tocándome de manera descarada. Aguanto mis ganas de poseerla, tiempo tenemos de sobra; sólo disfruto de sus gemidos, al punto de transformarse en gritos ensordecedores de placer.
Me acerco como un lobo hambriento a la presa y quito su diminuto calzón. Su vagina está húmeda e hinchada y se estremece al sentir dos de mis dedos penetrándola.
Sonó el teléfono, era mi amigo; ella no podía contener los gemidos de su boca, creo que le preguntó que le pasaba y ella respondió: "Apenas te fuiste y ya te extraño, y al no tenerte para saciar mis ganas tengo que hacerlo sola". Sonrío perversamente y la penetro con fuerza para que él pudiera escuchar lo mucho que su esposa disfruta en la cama estando conmigo.
Al parecer él se excitó y se empezó a tocar, ella gemía con más fuerza sin soltar el teléfono. Su cara de traviesa demostraba cuan putita; la tomo con fuerza y la coloco en cuatro, juego con mi pene en la entrada de su vagina y lo deslizo hasta su clítoris
Se refuerce y dice: "¡Métela por favor!". Obediente a su deseo y sin una gota de piedad lo clavo por completo en su ano, dando un agonizante alarido de dolor y placer; gritaba en el teléfono: “¡Eso, así, parte mi culito!”. Me calienta cada vez que me habla sucio y con más fuerza la penetro; me gustaría que mi amigo escuche mi respiración jadeante al estar haciendo lo que él ha descuidado por culpa de los negocios.
La coloco en cuatro y sigo perforando su pequeño agujero, palabras sucias salen de su boca mientras sigue mi ritmo, puedo sentir dilatado completamente su ano y ella casi desfalleciendo dice: “¡Voy a acabar papito!”. Sus gemidos llenaron la habitación y descaradamente pide más. Creo que mi amigo se debe haber excitado al sentir como su esposa le regalaba los gemidos más intensos que haya escuchado; después de descansar y despedirse tiernamente de él, nosotros seguimos enredados en la lujuria.
Me toma con fuerza para colocarme sobre la cama y meter mi erecto miembro en su boca, su mirada de perversa me seduce y solo disfruto del placer que su experta boca me brinda, y que arranca más de un gemido de satisfacción. La tomo del pelo y le marco un ritmo casi imposible de seguir, me gusta ver como su saliva escurre de la comisura de la boca, como su piel se torna un tono violeta al sentirse ahogada cada vez que lo tiene entero en su garganta. Lame por completo mis testículos, incluso se mete ambos a la boca mientras me masturba con fuerza.
Siento como mi pene se hincha, al punto de querer explotar pero contengo mis ganas ya que aún quiero penetrarla. Ahora la tomo de sus hombros y beso sus labios, se acomoda sobre mí y con movimientos certeros encaja mi pene en su más que lubricada vagina; comienza con movimientos suaves y desliza sus manos por mi pecho sudoroso. Al entregarse a otro orgasmo sus labios gritan mi nombre, mientras se mueve con fuerza haciendo que derrame todo mi espeso semen en el interior de tan placentera entrepierna, se baja casi temblando y chupa hasta la última gota de semen que pueda quedar en mi glande. Esa noche dormimos en la cama de mi amigo, él sin saber que mientras hace sus putos negocios, yo cierro el negocio de pasión y lujuria con su esposa.

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

  1. Excitante Historia
    La pasión y la lujuria
    Un pacto entre amantes cómplices perversos
    Excelente relato Mi adorado perverso 💋

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  2. Excelente relato caballero, sugerente y excitante

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