Es la hora en que salí de la oficina, rumbo a casa y con el deseo que aflora de cada uno de mis poros. Al llegar, te veo acostada, desnuda y con una taza de té vacía sobre la mesa de noche; la lujuria se apodera de mí y mis pasos se hacen sigilosos hasta llegar a tu lado de la cama.
Sin dudarlo comienzo a recorrer esos senos firmes juego con mi lengua estimulando tus pezones los cuales me resultan deliciosos. Mis manos recorren tu cuerpo, llevo mis dedos a tu boca para que sientas el sabor de mi piel.
Sin abrir los ojos y solo con tus labios sigues el movimiento de mis dedos, con mi otra mano recorro tu abdomen hasta llegar a tu sexo, que se humedeció con el roce de mis dedos. Abres tus piernas regalándome el deseo que de ella emana mientras con la punta de tu lengua recorres mis dedos, me abro paso en tu sexo y te estremeces de placer al sentir que mis dedos entran en lo profundo de tu intimidad.
Comienzas a gemir despacio en mi oído suplicando que siga, que no pare que me apodere de cuerpo. Mi boca baja por tu vientre, antes de eso saboreo mis dedos que están empapados con tu néctar. Mi lengua se abre paso en tu húmedo sexo, disfruto de tu sabor, mientras mis manos siguen recorriendo tu cuerpo.
Hundes mi cabeza en tu vagina, mi lengua se escabulle en cada espacio de tu interior, gimes, muerdes tus labios, y me pides que te estremezca hasta que te entregues al placer de ese intenso orgasmo que está por hacerte explotar.
Como un volcán en erupción explotas, tus fluidos escurren en mi boca; me siento embriagado de placer y sigo lamiendo tu sexo hasta que otra vez acabas. Tiemblas y te retuerces, quieres sentirme dentro de ti; me incorporo y desabotonas mi pantalón, como una hambrienta buscas mi miembro hasta sacarlo y meterlo de una en tu boca.
Lo recorres con tu boca, lo admiras juegas con tu boca en mi glande lo muerdes muy suave, me masturbas reclamando que es sólo tuyo y lo deseas en tu interior.
"Mételo, quiero sentirlo". Me súplicas con esa voz de niña mala, te coloco al borde de la cama me arrodillo rozo mi miembro por tu clítoris.
Lo hago entrar completo, de golpe, sientes como si te partiera el interior. Subes las piernas en mis hombros para que llegue más profundo. El golpe de mis testículos en tus nalgas te excita más aún, tu lengua moja la sequedad de tus labios y tus pupilas se dilatan en cada embestida. Rasguñas mi espalda con fuerza y muerdes el lóbulo de tu oreja mientras me susurras: "Hazlo con más fuerza puto".
Con los golpes de mis testículos el agujero de tu cola pide a gritos que lo penetre, sin perder un segundo juego con mi lengua en ese orificio delicioso, lo lubrico con mi saliva, lo penetro con mi lengua.
Acomodo mi pene en la entrada de tu culito y despacio empujo para abrirme paso y deleitarme en los gemidos que salen de tu interior; como poseída comienzas a mover tus caderas hasta apresarme con tus piernas y hacer que mis movimientos sean corto, rápidos y profundos. Con el sudor envolviéndonos y la perversión en la mente dices: "Quiero ser tu perrita", una sonrisa sale de mis labios mientras te acomodas en cuatro para que te penetre.
Con tu ano amoldado a la forma de mi miembro te penetro sin inconvenientes, solo gimes de placer y exclamas que acabe en tu culo. Me muevo con fuerza tomado de tus caderas y lascivamente taladro tu agujero, quiero que acabes y yo llenarte con mi espeso semen. Me gusta esa perversidad que tienes y que transmites en mí con tu excitación.
Deliciosamente conectados y sincronizados nos perdemos en esa lujuria que hace explotar nuestros cuerpos al unísono y nos entregamos al placer que solo un intenso orgasmo nos puede entregar. Caes rendida sobre la cama y yo a tu lado casi muerto, pero al instante en que tus labios buscan los míos y se pierden en un intenso beso.
Pasiones Prohibidas ®
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