Cómo toda niña buena Mariana se dispone a buscar huevos de chocolate en el interior del departamento, es domingo de resurrección y desde que estamos juntos se ha vuelto una tradición instalada en casa. Este año ella se vistió con unas medias acanaladas negras, un sensual body rojo satinado y nada más. Ah, y un sensual cintillo rojo con orejas, yo fumo un cigarrillo en la sala mientras ella goza encontrando los huevos que escondí para su deleite. Me levanto y voy a la esquina de la casa en donde tenemos instalado un pequeño bar con alguno de nuestros tragos favoritos, una botella de whisky se destapa y la observo en ese sensual atuendo, es entonces cuando mi inconsciente habla a mi consciente: “No puedes desperdiciar esta oportunidad de cogerla como a ella le gusta”. Sin querer una sonrisa morbosa sale de mis labios y Mariana la oye, me pregunta: “¿Qué le pasa mi amor?”, “emmmmmm, nada; solo que me recordé de un chiste que me contaron en el trabajo” –le respondo. “Ah, qué bien” – me dice, sin sospechar que uno de los más macabros planes se empezaban a tejer en mi mente.
Mirarla es un placer que no todos se pueden dar y que a mí me fascina, la puedo imaginar llevando a cabo todo lo que se me pueda ocurrir, sin poner restricciones a la lujuria y a la pasión. Me conoce y sabe de mis miradas perversas, sabe que en cualquier momento voy a saltar sobre ella como un animal hambriento de sexo. Pasa por delante de mí rozando sus nalgas en mi pantalón, cada vez que se agacha para recoger uno de esos huevos, mis ojos se pegan en su redondo trasero; ella sabe que mi calentura empieza a subir y desliza su mano por sus nalgas, encendiendo con más ímpetu el fuego de mi deseo, incluso se nalguea y me dice: “¿No cree usted amor que soy una conejita sucia?” Sonrío tímidamente, mi plan estaba siendo descubierto pero ambos disfrutamos del momento. “Claro que sí” –Le respondo, “incluso creo que mereces un castigo por serlo”. Me acerco a ella arrimando mi miembro en sus nalgas, la tomo con fuerza de las caderas y me muevo para que sienta como se endurece; la canasta con los huevos cae al piso, respira agitado y me dice: “No sabía cuándo iba a tomarme, quiero ser su conejita sumisa mi amo querido”. Recorro su espalda con mis dedos hasta posarme en sus nalgas firmes las que nalgueo con fuerza, haciendo que gima de dolor y me pida que lo haga más duro: “¡Así mi amo, con fuerza; merezco ser castigada!”. Tomo un pañuelo de seda roja y vendo sus ojos, se estremece de placer al sentir como su vista se oscurece y queda expectante a lo que sucederá. La llevo a la habitación en donde de rodillas espera que haga con ella todo lo que mi mente perversa desea, busco en el closet unas cuerdas que compré para ocasión, le indico que se levante e inmovilizo sus manos dando vueltas por su cintura, inmovilizando igual torso, antebrazos, hombros y pecho, quedando vulnerable a mis lujuriosos deseos. Con mi cinturón azoto sus nalgas haciendo que se estremezca de placer, de igual forma azoto sus contorneados muslos y suplica porque le dé un par de golpes con el cinturón en sus senos, a lo que accedo encantado, ver como su boca exhala el placer de su cuerpo me enloquece y a la vez me conmueve ya que es una sumisa obediente y complaciente.
Dejo de lado el cinturón y mi mano impertinente se mueve en dirección a su sexo, puedo sentir lo mojado que se siente, incluso hierve por la excitación, ver que la humedad traspasa la tela me indica que está lista para sentir mi boca hurgando su entrepierna, suelto el pequeño broche que está por debajo y rompo esa media con mi boca, estimulo su clítoris con mi lengua y me embriago de la calidez de sus fluidos que desbordan mi boca, me dice lo mucho que le gusta pero no quiero oír su voz, quiero que me deje perderme en la perversidad que mi lengua produce en su sexo, me coloco de pie y saco un pañuelo de seda que coloco en su boca para callar su voz t seguir estremeciendo su sexo.
Se pueden sentir su gemidos ahogados, seguidos de espasmos y contracciones vaginales que se intensifican con el correr de los minutos y casi sin aire se entrega al placer y a la seducción de un intenso orgasmo, noto como su vagina hizo un delicioso squirt que deja empapado el piso y mi cara, sumido en la perversión la tomo y la penetro con fuerza, temblando recibe mi miembro en su vagina la que hace resbalar por completo mi pene en su interior haciendo que casi entren mis testículos completos, cada embestida se sentía más brutal que la anterior, cada vez que mis manos aprisionan sus caderas es como si quisiera partirla en dos; se deshace en otro intenso orgasmo que me hace acabar junto con ella, mezclando deliciosamente nuestros fluidos tibios. Le quito la molesta mordaza y la beso en sus labios; poco a poco voy quitando las sogas que la contenían y veo las marcas de la pasión que desbordamos en la intimidad.
Quedamos rendidos en la cama, esperando que llegue la noche porque otro juego lascivo se está tejiendo en la perversidad de mi mente.
Pasiones Prohibidas ®
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