Entendiendo lo complicado que resultaría explicar la relación que tengo con una persona especial para mí, trataré de ser breve, directa y concisa en relatarlo. Espero no ser objeto de críticas ni objeto de comentarios lascivos ya que es solo una forma de desahogarme al decirles lo que me pasa y de paso aclaro que no busco nada "extra" al detenerme a escribir solo que me "escuchen".
Soy una chica de 19 años que tiene una vida común, un novio atractivo con el que he pasado momentos gratos a la hora del sexo con ese miembro firme y grande, que cada vez me penetra siento que le parte y eso me hace gritar de placer, y, ¡uffff! Cuando descarga su semen en mi interior es como un río de lava ardiente que me recorre; donde sea que él haga explotar su pene siento como si quemara cara poro de mi cuerpo.
También les cuento que vivo con mi hermana, una chica de 25 años, sensual y que varias veces me ha despertado al sentir sus intensos gemidos a la hora de coger con su novio. Puedo asegurarles que varias veces me he descubierto tocándome cuando la siento gemir y he apagado ese fuego que se enciende en mi entrepierna que me consume y a la vez me hace humedecer.
La relación que tenemos es bien particular, ya que ambas somos unidas y nos protegemos pero por alguna razón, imagino ser quien provoca los gemidos de mi muy querida hermana. No me interesa que ella se una cuando con mi novio nos matamos en la cama, tampoco me interesa unirme en un trio con el idiota de su novio, fantaseo que solo seamos ella y yo, de solo pensar en las diversas maneras que la haría disfrutar hace que me moje y lleve mis dedos a mi húmeda vagina, y quede sin fuerzas tocándome e imaginando su cuerpo poseído por mí.
Los días pasan y no puedo sacarme de la mente ese pensamiento recurrente que me invade, me he masturbado en incontables ocasiones para ver si así la perversión sale de mi cabeza pero ha sido inútil, ya que cada día que pasa la deseo más, a tal grado que la he espiado en el baño cuando el agua de la ducha cae por su cuerpo e imagino que son mis dedos los que la tocan. El otro día al verla escondida como se duchaba la descubrí masturbándose con el chorro de agua de la ducha, sus gemidos eran ensordecedores y casi por instinto mis dedos se posaron en mi interior uniéndome a esa candente escena. Ya no sé qué hacer al respecto, pero las ganas son insoportables.
Es viernes por la tarde y ambas nos hartaríamos de sexo con nuestras respectivas parejas pero algo pasó, ese idiota que tiene por novio la dejó esperando y por hacer causa común decidí cancelar mi cita para acompañarla en ese fin de semana de soledad. Bebimos, nos reímos y nos acostamos juntas a ver una película; puedo sentir sus senos en mi cara ya que me recosté en su pecho, mi calzón se humedeció por completo y bajo las sabanas descaradamente me tocaba sin que ella se diera cuenta pero mi cara de excitación era evidente.
Casi no pude dormir esa noche porque al abrazarla rozaba sus senos con la punta de mis dedos, recorría sus muslos y jadeaba en su oído como una leona en celo, incluso hasta metí mis dedos en esa deliciosa vagina mientras dormía, pero ella no reaccionaba. Llegó la mañana y al levantarnos ella se coloca un jeans ajustado y una polera que se pega a las curvas de su delgado cuerpo. La miro con ojos de deseo (cara de caliente) para que se cuenta en la forma que despierta mi perversión, es mi hermana, lo sé; pero muero por tenerla en la cama, o en la sala, o en la cocina; no importaba el lugar, importaban saciar mis ganas de ella.
Ya no pude soportar y dejé que mis instintos vencieran a la razón y al pasar ella cerca de mí me acerqué y la llevé contra la pared, quedando inmóvil mirando mis ojos poseídos por la lujuria, casi susurrando me pregunta: "¿Qué haces?". “No puedo esconder mis ganas por ti, te deseo y quiero que seas mía; pero no te forzaré a hacer nada que tú no quieras". Si hay algo que conozco en mi hermana es su mirada de niña mala, muerde sus labios y se acerca para que la bese; sentir sus labios es como sentir dos carbones encendidos. Mi lengua se pierde en su boca y mis manos recorren su torso, siento sus senos duros y firmes. Ella no separa su boca de la mía y muerde mis labios con un poco de fuerza.
La tomo con fuerza y la doy vuelta deslizando mis manos por su torneada espalda y llegando a su enorme trasero. Muerdo su oreja y respiro agitado; ella gime y mueve sus caderas siguiendo el recorrido perfecto de mis dedos, los que buscan su entrepierna, la que hervía por la excitación. A un golpe en sus muslos separa las piernas y puedo desabotonar su jeans, meto mi mano debajo de su ropa interior y me empapo de su excitación, de su deseo; mis dedos por alguna razón se deslizan a su interior y la penetran, ella gime y se deja invadir, la penetro lento, suave, susurro a su oído: "¿Te gusta así mi amor?". No puede responder a causa de los gemidos que la invaden pero asiente con la cabeza, con dos de mis dedos en su interior y mis dientes aprisionando el lóbulo izquierdo de su oreja, se entrega al orgasmo que estaba por explotar. Temblando y gimiendo trata de sujetarse a la pared, mientras sus fluidos corren por sus piernas. Complacida bajo su jeans y ropa interior a la vez, metiendo nuevamente mis manos en su húmeda vagina y dándole a probar de sus exquisitos fluidos, los cuales lamió como una sedienta cachorrita. Con mi lujuria a mil, me deslizo con mi lengua por sus nalgas, humedeciendo y dilatando su ano, y a la vez probando de esos deliciosos fluidos que emanan de su interior.
Separo sus turgentes nalgas y hundo mi cara para meter mi lengua en su vagina; suspira, gime y se menea de manera suave siguiendo lo que mi lengua hace en su interior. Me coloco de pie y la doy vuelta, la beso con lujuria; ahora ella se encarga de quitarme mi polera dejando mis senos al descubierto, no puedo esconder mi excitación al sentir como su lengua recorre por completo mis pezones; esa sensación se intensifica más cuando baja mi ropa interior y sus dedos se meten en mi húmedo sexo y alaridos de placer salen de mis entrañas. Calla mi boca con su lengua y me penetra rápido, con fuerza, de una manera sabe que así me gusta, y también sabe que me tiene al borde del orgasmo, mira mis ojos que se pierden y sigue aún más rápido, haciendo estallar mi vagina con sus dedos. Nos besamos más intenso que la vez anterior y nos dirigimos a mi habitación, abro la mesa noche y saco del cajón un consolador doble, el que me ha brindado placer infinito al penetrar mi vagina y ano a la vez.
Me lanza en la cama y comienza a pasar su lengua por mi sexo, siento sus ansias, siento su deseo y disfruto de la forma en que me hace gozar tan depravadamente, tanto que me hace olvidar que somos hermanas y me entrego por completo al placer que mi mente había maquinado por mucho tiempo.
Le digo: "Ahora vamos a jugar". Ambas a cada extremo metemos en nuestra boca ese dildo y lo chupamos tal como lo hacemos cuando tenemos el miembro de nuestros novios en la boca, ver la manera en que traga ese pedazo de plástico eleva aún más mi perversión y sin que ninguna diga nada nos ponemos en cuatro y metemos el consolador en nuestras vaginas. Sin importar que se adapte nuestro sexo a ese grueso huésped, nos movemos con fuerza haciendo que se meta hasta el fondo y nuestros culos choquen en ese ritmo frenético impuesto por la calentura que nos envuelve. Puedo sentir que ambas estamos a punto de explotar y esa sensación se hace más latente ya que nuestros gemidos forman un torbellino de pasión en la habitación y casi sin respirar ambas caemos sin fuerza en la cama y nos enredamos en la red del orgasmo que deja seca nuestra boca. Sacamos de lado ese delicioso dildo para lamerlo y embriagarnos con nuestros propios fluidos.
Ya se hizo tarde, es la madrugada del domingo y vamos a ver a nuestros padres; de camino íbamos como una pareja normal pero al llegar a casa de ellos debemos esconder ese oscuro secreto y también a nuestros novios; ya que nadie debe enterarse que en la cama con mi hermana nos pertenecemos.
Pasiones Prohibidas ®
Fuego, límites no existen
ResponderEliminarFabuloso
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