N° 106 ¡A la mierda el tiempo! (BDSM)

Han pasado algunos días de aquella vez que hiciste sucumbir mi voluntad a tus deseos, han pasado días en que me hiciste suplicar por hacerte mía, días que he maquinado como "vengar" esa iniciativa tuya. No desconozco que me gustó la manera tomaste el control sin dejar de ser tierna y complaciente a la vez.

Ya es viernes por la tarde, mis instintos se exacerban y quiero llegar a casa para que te sometas a mis deseos, quiero violentar la intimidad de tu sexo y supliques así como lo hice yo que te haga mía. Al llegar veo que traes un corto vestido, maquillada para salir y con ese perfume que me vuelve loco. Te miro y me gusta cada detalle, las ligas a mitad del muslo, los labios rojos y esa mirada de niña perversa que me hace delirar. Me saludas de un beso en los labios, me embriago del sabor de tus besos mientras mis manos se deslizan por tus caderas, me dices: "Mi amor, hoy es el matrimonio de una colega y no tenemos tiempo". Sonrío y te susurro al oído: " A la mierda el tiempo, tú eres mía con o sin tiempo". Te tomo del escote del vestido rasgándolo y devorando tus senos sobre el sostén, con gemidos maliciosos deslizas tu mano por mi pantalón sintiendo como cada vez más mi miembro se erecta. Te quito por completo ese pedazo de tela rota que te envuelve y mis dedos se pierden en tu entrepierna, arranco gemidos intensos mientras mueves la pelvis y besas mis labios con esa intensidad que en gusta.
Gimes al sentir como mis dedos penetran tu sexo y se impregnan con tu humedad. Tus piernas empiezan a temblar y tu corazón se acelera, cada vez son más fuertes tus gemidos y tu lubricación sigue un surco definido en tus piernas. Veo como cierras tus ojos y caes en los lazos de un intenso orgasmo que te recorre por completo, tus labios se inundan de gemidos y palabras obscenas, sientes que la vida se te va en cada suspiro, incluso tus ojos pierden su color y se tornan blancos.

Tus piernas no resisten y se doblan haciendo que caigas al piso rendida al deseo y a mi perversión. Me siento en el sofá de la sala y tu casi sin fuerzas gateas a mí al llegar te abrazas de mi pierna y exclamas: "¡Gracias mi Amo por tan intenso placer!". Sonrío y me levanto, te veo casi indefensa, me miras esperando mi orden; solo te digo: " Sube al sofá y tócate". Me calienta tanto verte haciéndolo, me paro en un rincón de la sala y observo cada detalle de tu espectáculo erótico, como tus dedos se deslizan por tu cuerpo, como tus manos recorren cada espacio de tu piel orquestando una sinfonía de gemidos salidos de lo profundo de tu alma. Me calienta ver como tus dedos profanan tu sexo, como se hunden excavando tu interior hasta hacerte quedar sin aire. Me miras y me dices: "Mi señor, lo deseo". Yo solo observo en silencio como me pides que te haga mía de la manera salvaje que te gusta ser poseída.
Te vuelvo a decir: " Quiero que te toques y acabes". Con una sonrisa de putita complaciente susurras: "¡Cómo usted quiera mi señor!". Al verte hacerlo, lentamente bajo el cierre de mi pantalón y busco mi miembro para yo tocarme, y saciar la sed de lujuria que hace hervir mi sangre y acelera mi respiración. Unido a tus gemidos disfruto de la manera perversa que te masturbas y gimes con descontrol.
Sigo el ritmo de tu masturbación y mis gemidos se sincronizan con los tuyos, siento que cada vez se pone más duro y mi glande se pone morado, tú explotas haciendo que tus fluidos salgan expulsados como un géiser ardiente de lascivia, tú vulva palpita de deseo y me vuelves a pedir que te penetre. Me acerco a ti y paso mi miembro por la entrada de tu vagina haciendo que te enloquezcas y pidas por favor que lo meta. Rozo tu clítoris con mi glande hinchado y morado por la excitación, gimes con más intensidad y gritas: "¡Mi amo por favor, métalo todo!". Tu exigencia y el tono en el cuál lo hiciste merecen un castigo; te coloco en cuatro y con tus nalgas a mi disposición saco mi cinturón y te azoto fuertemente, dejando esas marcas que te gusta ver al espejo porque dicen que eres de mi propiedad.
Me quito la corbata y la pongo en tus ojos, te golpeo esta vez con la palma de mi mano, dejando mis dedos tatuados en tu piel; te gusta sentirte como la niña castigada por las maldades que ha hecho. "He sido una niña mala My Daddy" -me dices. "Castígueme y satisfaga la justicia con mi cuerpo" -susurras. Te doy otra nalgada, ésta vez con más fuerza, incluso unas lágrimas de dolor y placer rodan por tus mejillas; tomo tu pelo y lo jalo con fuerza dejando tu barbilla hacía arriba, te gusta de esa manera, jadeas y muerdes tus labios. Tu boca se abre al igual como lo hace tu vagina al sentir como te penetro lentamente. Al tenerme dentro me dices: "Gracias mi complaciente Amo".

Empiezo a moverme de lento a rápido sin soltar tu pelo, tú acompañas mis movimientos haciendo que nuestros cuerpos no puedan separarse. Tu vagina palpita y se contrae, tu boca se seca y te ahogas por la falta de saliva, sudor corre por tu frente; quiero que acabes otra vez y explotes con fuerza. Me muevo más rápido, esta vez tomado de tus caderas chocando con fuerza, ese sonido que se produce mezcla del sudor y de nuestros fluidos hace que ambos nos embriaguemos de placer. " ¡Ay, mi señor, ya no aguanto, me vengo!" -gritas con desesperación, mientras otra vez tomo tu pelo y te clavo con fuerza.
También casi a punto de venirme en tu interior dejo que descanses sin sacar mi miembro de tu interior. Agotada y casi sin fuerza quieres sentir como mi semen caliente inunda tu boca. Me pides chuparlo hasta acabar y te colocas en posición de sumisión esperando a que me decida, levanto tu cabeza tomando tu pelo y meto mi pene en tu boca, enloquecida lo tragas completo hasta ahogarte, lo muerdes y aprietas con fuerza mientras me masturbas rápido, ya casi sin contenerme tomo tu pelo y mantengo mi pene en tu boca hasta que explota. Sientes como el espeso líquido baja por tu garganta quemándote por completo, disfrutas y sabores cada gota que mi miembro expulsa.

Sigues chupando hasta que ya no hay más de ese blanquecino líquido que tanto te gusta. Me miras arrodillada en el piso y sonríes, las horas pasaron y ya se hizo tarde para ir a algún lado. Ahora, esperamos que el sol aparezca y comencemos un nuevo día desnudos y enredados en las sábanas.

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