Suena música en el ambiente, la sala está a media luz y nadie presume lo que está por suceder. Un hombre bebe un trago de whisky mientras avanzan los minutos y espera a que llegue su "pequeña diabla". La espera no es tan tediosa, ya que esa noche como otras tantas ella le cederá el control de sus emociones y el control absoluto de su cuerpo, el sentirse su dueño lo excita y lo hace sentirse poderoso ya que sabe que no habrán cuestionamientos, porque todos sus deseos serán cumplidos por su amada sumisa. Al fin la espera termina y entra al departamento, él se coloca de pie y la besa en los labios, ella tiembla no de miedo sino de excitación porque ese beso la hizo estremecer por completo. Caballerosamente le ofrece algo de tomar y van hacía el balcón en donde tienen una vista privilegiada de la ciudad; él se coloca detrás de ella e inhala el olor de su perfume que lo vuelve loco. La recorre siguiendo su esbelta figura y la besa en el cuello, sentir sus tibios labios rozando su piel la hace sentir vulnerable y se entrega a los deseos lujuriosos de aquel que se transforma de a poco en su Amo. Él percibe la excitación de su pequeña diabla y le gusta esa sensación, porque la muestra tal como es y él se muestra sin nada que ocultar. Bajo la noche estrellada de la ciudad la comienza a desnudar, baja la cremallera de aquel vestido rojo que cubría su piel y, la expone a la mirada de la luna y las estrellas. Le gusta exhibirla y a ella le fascina ser exhibida; continúa besando el cuello de ella y desliza sus manos por la espalda para terminar en sus glúteos dándole una fuerte nalgada que la estremece y arranca un placentero gemido. La lleva al interior del departamento y coloca un par de esposas en sus muñecas, la conduce a una silla y le dice que se siente, allí venda sus ojos y le susurra: "No tengas miedo". Ella traga saliva y se entrega a la lascivia y deseo que la invade. La música se apaga y ahora lo que llena el ambiente es la respiración de la pequeña diabla que se agitó al escuchar esa voz penetrante cerca de su oído. Él sabe las sensaciones que provoca en el cuerpo de su sumisa y se aprovecha de eso, verla juntar sus piernas para contener la excitación a él lo trastorna. Ella gime al sentir el cuero curtido de la fusta de su Amo recorriendo su cuerpo, muerde sus labios y tiembla al sentir como no queda espacio de su piel sin recorrer. Golpea suavemente sus muslos, ésta obediente los separa y el cuero gastado de la fusta hurga en esa húmeda entrepierna. Ella siente como el cuero separa sus labios vaginales y estimula su clítoris, da unos cuantos gemidos agónicos mientras el Amo la golpea en su sexo avivando la perversión. Se acerca sigiloso, ella siente sus movimientos en el aire, se para frente a ella y la toma del cabello, mira sus labios y la besa con delicadeza. Acerca su cabeza a la entrepierna de él y busca su miembro, quiere sentir cuan deseo de ella está; él le dice: "Todavía no tienes mi permiso de hacer algo con él". Ella le suplica tenerlo aunque sea por un momento recorriendo su cara, sabe que a pesar de ser estricto su Amo es complaciente. Le ruega una vez más y él accede, saca su miembro por la cremallera del pantalón, ella sigue el recorrido que traza su Amo por su rostro, puede tocarlo solo con la punta de su lengua; sus ganas de tenerlo en la boca la traicionan y lo traga por completo, el Amo la golpea con su fusta por desobedecer, ella gime y acepta gustosa la corrección. La incorpora y transporta a la cama, ahí suelta el frío metal de sus muñecas, la deja en la cama y separa sus piernas con un golpe de su fusta, la despoja de su ropa interior y con su lengua se pierde en el interior de su sumisa saboreando los fluidos que desbordan de su sexo. Cada movimiento de su hábil lengua la acerca al orgasmo, gime y se retuerce en la cama mientras él la disfruta complacido al desbordar en su boca aquel delicioso orgasmo que la transportó a la gloria. Sin quitarle la venda hace que ella lo desnudo y lo recorra con sus manos, se recuesta en la cama y ella se sube sobre él, acomodado en su vagina la penetra y ella establece un ritmo frenético que desata aún más la pasión en él. La toma de las caderas, ella en un movimiento frenético decide no parar hasta entregar a su Amo todo el placer que necesita. Él la nalguea dejando la marca de sus dedos, ella disfruta cada golpe y cada vez que ese pene llega al fondo de su ser. Ya con las llamas del deseo quemándolos se entregan al placer y sucumben al placentero orgasmo que los transporta a la dimensión de la lujuria y excitación máxima. Le quita la venda a su sumisa y todo vuelve a ser como antes, la pareja enamorada que se complace mutuamente sin olvidar la regla más importante en su vida: "Si me complaces yo te complazco”.
Pasiones Prohibidas ®
Me encanta!!.
ResponderEliminarSabes muy bien como despertar sensaciones placenteras en mi cuerpo mientras la imaginación vuela
Excelente relato mi
Perverso🔥🔥🔥💋💋💋