Invades la calma de mis días, no puedo arrancarte de mi mente, no puedo sacarte de mi mente por temor a olvidarte ni de mi corazón por miedo a dejar de sentir cosas por ti. Te has convertido más que en una necesidad o un vicio, eres tan vital como el aire que respiro y me muero por besarte para sentir esa pasión que hace caer nuestra ropa, ese deseo que hace sudar nuestros cuerpos y que al unirse fluyen en una danza de amor perfecta y sin cuestionamientos. Me queda el consuelo que eres mía y que en cualquier momento entrarás por la puerta, y te lanzaras a mis brazos buscando esa misma pasión que me hace extrañarte.
Preparo espagueti con salsa bolognesa y queso rallado para agasajarte, luz de velas, una botella de vino blanco y "Feeling good" de Michael Bublé sonando de fondo, hace que mi mente vuele haciéndome pensar en las variadas formas de hacerte el amor. Me llamas para decirme que estás cerca, el tiempo justo para emplatar la cena y poner la botella en la mesa dentro de una cubeta con hielo. Apago las luces cuando siento que la llave entra para abrir la puerta y suena: "Odio la distancia" de Río Roma. Miras a todos lados y ves las velas encendidas sobre la mesa y un ramo de Girasoles retocado con Margaritas blancas con una tarjeta que dice: "Te extraño mi Beba".
En la oscuridad oyes mi voz y suspiras. Te abrazo y te beso, acaricio tu pelo mientras mi otra mano se posa en tus caderas. Respiras agitado, mientras muerdes mi labio y me haces gemir de placer. Entiendo que la cena no es importante, solo importas tú e importo yo, me besas con más pasión y quitas mi camisa, recorres mi pecho con tus dedos y con tu lengua; me excitas cada vez que haces eso y me susurras: "Te deseo mi ogro bello". Me rio maliciosamente y quito tu blusa, paso mi lengua desde tus labios hasta el borde de tu sostén, subo desde tus caderas con mis dedos y avanzo por tu espalda hasta llegar al sujetador el que sin mayor esfuerzo de dos dedos sucumbe, dejándome disfrutar de tus senos. Despacio deslizo mi lengua sobre ellos haciendo que tus pezones reaccionen y se erectan, asaltas mi pantalón, sutilmente bajas la cremallera de mi pantalón y metes tu mano para sentir la erección que provoca tu cuerpo junto al mío, y esa forma tan única de besarme.
Te tomo de manera suave, te subo a la mesa y sigo jugando con mi boca en tus senos, no sacas tu mano de mi pantalón y mueves mi miembro despacio, ambos gemimos de placer ya que la excitación nos invade y nos lleva a ese paraíso en que solo los que se aman pueden entrar. Tomo del balde un cubo de hielo, lo deslizo por tus pezones y gimes con descontrol; tu cara de niña caliente me pone a mil. El hielo se derrite y tomo otro, esta vez lo coloco en mi boca y recorro de tus labios a tu abdomen con él, escuchar tus gemidos desquiciados es alucinante. Me dices: "Mi Ogro, hazme tuya". Levanto tu falda y quito tu calzón, tu abres mi camisa con fuerza haciendo saltar los botones y bajas por completo mi pantalón; rozo mi pene erecto en la entrada de tu vagina, me dices: "¡Ogro mío penétrame!".
Despacio lo hundo en tu sexo húmedo, gimes y me abrazas, juntas tu boca con la mía, jadeas mientras me besas. Me fascina cuando gimes al momento de hacerte el amor, es ahí cuando la dama cede el lugar a la fiera deseosa de pasión y hambrienta de lujuria. Te penetro despacio, aumentando de a poco el ritmo; la exquisita sensación que provoca tu sexo en el mío es alucinante, acaricias mi pecho y lo marcas con tus uñas. Gotas de sudor te recorren al mismo tiempo que lo hace mi lengua en tu cuello, esa mezcla de sudor con tu perfume me embriaga y desata la pasión en mí.
Te bajo de la mesa, acomodo una silla en la que te sientas y descorcho la botella de vino, sirvo una copa la que bebes gustosa y una copa para mí, te observo por qué es tanta la pasión que tus manos recorren tu cuerpo y se posan en tu entrepierna, me gusta ver cómo te tocas y gimes al hacerlo, me coloco frente a ti y con toda sensualidad tomas mi miembro, lo metes en tu boca y lo chupas de esa manera perversa que provoca temblores en mis piernas. Tomo tu cabello para seguir tu ritmo, cierro los ojos y gimo al sentir como tu lengua envuelve el glande y el tronco de mi sexo. Me gusta cuando te pones así y colocas esa mirada morbosa cada vez que mi pene está en tu boca. Te coloco de pie, me siento y te subes sobre mí, te mueves como si tu vida dependiera de eso.
Me miras, sonríes y me besas, me gusta la complicidad que tenemos a la hora de hacernos el amor y me enloquece el ritmo de tus caderas; siento que voy a explotar en tu interior y también siento como tu vagina se contrae y late. Te mueves más rápido, vas a acabar pero no quieres hacerlo hasta sentir que me he venido en tu interior, con un ritmo descontrolado y sensual apuras lo inevitable, haciendo que mi miembro reviente en tu interior; tú explotas, nuestros gemidos se unen y nuestros fluidos se mezclan. Vuelves a besar tan deliciosamente mis labios y yo acaricio tu rostro. Eres mi beba bella y yo tu Ogro, eres la que despierta mi lujuria e ímpetu a la hora de poseerte.
Las horas han pasado, las velas casi se consumieron y la comida se enfrió, el hielo se volvió agua; pero nuestra pasión sigue intacta porque te tengo a mi lado y nada es más importante que tu mi beba hermosa.
Pasiones Prohibidas ®
Que lindo y rico relato mi amor
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