N° 101 La penumbra de la habitacion

La oscuridad es el ingrediente perfecto que acompaña la perversión y las pasiones prohibidas que alimentan los deseos retorcidos y capaces de encender un bosque cuando hacen presa de quien está llano a dejarse seducir.
Te llamo y contestas, “quiero verte” –te digo, y tu respondes: “Sabes que estoy siempre para ti porque eres mi amo y mi dueño”. Sabes que oír eso me excita y despierta mis deseos ocultos, “Tócate, quiero oírte mientras conduzco” – te digo, respondes: “Cómo usted quiera mi amo”. Describes como tus manos invaden tu cuerpo y me dejas escuchar cada gemido que proviene de tu interior al satisfacer mis caprichos. No hay nada más excitante para mí que oírte gemir al teléfono y que me digas que te mueres porque te posea y juguemos ese perverso juego que nos gusta.
Llego al lugar que nos refugia a la hora de amarnos y espero a que llegues a casa sentado en el borde de la cama, fumando un cigarrillo y bebiendo un vaso con whisky, te llamo para saber dónde vienes y me dices que estás saliendo del ascensor, te digo: “Mira bien en pasillo si viene alguien y desabotona tu blusa antes de entrar”. Sonríes de forma maliciosa y me dices: “Si mi amo”. Abres la puerta y caminas despacio hacia la habitación, estoy sentado en la cama mirando por la ventana, hay una silla en medio de la habitación, te digo que tomes asiento ahí mirando a la puerta; no quiero que nuestras miradas se crucen.
Solo por instinto llevas las manos a atrás de la silla y esperas ser atada, me quito la corbata y ato tus muñecas y beso tu cuello; mi lengua se desliza por tu mejilla, tú gimes y susurras: “Delicioso mi amo”. Tomo una venda de seda negra y la coloco en tus ojos, tiemblas y con voz entrecortada me dices: “Lo necesito mi Señor”. Recorro tu pecho con la punta de mis dedos y me dices: “¡Me queman!”. Te excitas con el roce de mis dedos que te recorren hasta el borde de tu falda, de manera instintiva abres tus piernas y me ofreces tu sexo húmedo, muevo a un lado tu tanga y meto mis dedos en tu vagina, disfruto de lo húmeda y tibia que está, dispuesta para satisfacerme. Saco mis dedos y los llevo a tu boca, disfrutas del delicioso néctar que fluye de tu entrepierna avivando más la lujuria en ti. Te tomo del cabello y beso tus labios, meto mi lengua en tu boca y te beso hasta dejarte sin aire.
Me paseo a tu alrededor como un animal en celo, te coloco de pie y te llevo a la cama, quito tu tanga, te coloco sobre tu abdomen y levanto tu cola; con la falda hasta tu cintura te invado con mi lengua, deslizándola desde tu ano hasta tu vagina. Gimes con fuerza, entregándote a placer que mi lengua provoca en tu intimidad. Quito mi cinturón y lo deslizo por tus nalgas, dándote golpes secos pero suaves, los que agradeces con gemidos y pidiéndome más. Sabes que no tienes que pedir más, porque el solo hecho de saber que te gusta me incita a hacerlo cada vez con más intensidad, tus nalgas se marcan en cada golpe pero eso es relevante, importa el orgasmo que desató el último golpe de cinturón, haciendo que tus fluidos se desborden en tus piernas y tiemble por el placer que experimentas.
Saboreo con mi boca hasta la última gota de tu placer, desatando gemidos agónicos e intensos. Suplicas para que te penetre y yo solo rozo mi pantalón en tu sexo dejando esa marca de humedad en él. Te volteo hacía mí, jalando tu cabello acerco tu boca a mi cremallera y hago que sientas la excitación que provocas en mí y bebas tus fluidos impregnados en mi pantalón. "¿Quieres tenerlo en la boca? " -te pregunto. Asientes con la cabeza y con los dientes bajas el cierre de mi pantalón, ya que tus manos continúan atadas; te ayudo a sacar mi miembro y lo paso por tu cara, sigues sus movimientos, lo rozas con la punta de tu lengua hasta que encuentras la manera de meterlo en tu boca, lo atrapas como una fiera hambrienta que no deja escapar a la presa, lo tragas por completo y lo aprietas con tus labios. Enredo mis dedos en tu pelo y marco el ritmo en que debes chupar mi miembro; me haces gemir, disfruto de tus labios y del placer que me haces sentir. Sabes llevarme al placer y eso me seduce cada vez más.
Me suplicas: "¡Mi señor, por favor penetreme, quiero sentirlo dentro!". Sonrío y te desato las muñecas, quiero que me abraces, quiero que dejes tus marcas en mi espalda. Abres tus piernas y me ofreces tu sexo, me ofreces la libertad de hacer contigo lo que quiera y que te posea para liberar mis instintos. Al sentir como mi glande se abre espacio en ti me envuelves con tus piernas y empujas hacía dentro, quieres que entre de una, con fuerza. Me pides que me mueva fuerte porque te excita el sonido de nuestros cuerpos chocando; siento como se contrae tu vagina y como tus uñas marcan mi espalda; tu sientes como mis labios hacen ventosa en tus senos y quedan marcados, no podrás esconder por un tiempo que eres de mi propiedad. Sigues mis movimientos, anhelas sentir mi semen brotando en tu interior y llenando cada espacio de tu sexo, me súplicas que me mueva más rápido y que ambos quedemos sin fuerzas. Me seduces cuando suplicas y me pides algo especial, también sabes que soy un Amo estricto pero complaciente.
Me muevo más fuerte, te aferras con el alma a mi cintura y cuello gimiendo y jadeando, hasta que ambos acabamos presos del placer, nos convertimos en uno en nuestros gemidos y sólo nos desprendemos del otro hasta que el aire sale por completo de nuestros pulmones.
Quito tu venda y tu boca busca la mía, me entregas un agónico beso y te duermes en mis brazos; mañana volverás a la rutina de la ama de casa respetada por todos, pero para mi eres más que la ama de casa perfecta, eres la mujer que apaga con sus labios la sed de mi alma y enciende las ganas locas de poseerla. Te observo dormir y me siento afortunado de que seas mía, y que te sientas mujer estando conmigo.

Pasiones Prohibidas ®

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