N° 1 Inicio de la perversión

Solo la luz del calor de un cigarrillo ilumina la habitación. Estoy recostado esperándote deseoso de sentir tus labios en los míos, deseoso de perderme en las curvas de tu cuerpo. 
Solo somos dos locos que nos amamos de una manera que nadie puede entender. Pero somos felices así, satisfaciendo los más oscuros deseos del alma, satisfaciendo nuestro instinto hasta el punto de quedar exhaustos y casi sin fuerzas.
Cuando mi cuerpo se junta con el tuyo al momento de hacer el amor siento que me transporto del cielo al infierno en un instante, ya que despiertas ternura perversión a la vez con tus besos y caricias. Cuando el intenso movimiento de tus caderas hace preso mi sexo para saciarte haces que la vida se me vaya por un instante. Solo estamos tú y yo conectados, amándonos; somos como dos viciosos que se necesitan para sobrevivir y para seguir amándose con la misma intensidad.
Abres la puerta y un halo de luz atraviesa cada rincón de la habitación y entras con pasos seguros, besas mis labios y yo correspondo. Veo cómo te desnudas despacio, brindándole un espectáculo a mis ojos, los cuales siguen sigilosamente cada uno de tus movimientos. Te tomo con fuerza y te recuesto a mi lado y recorro cada espacio de tu cuerpo con mis manos.
Ahora, en la intimidad solo importan nuestros deseos y la perversión que nos inunda, lo que te voy a hacer es material reservado para que será contado en otra oportunidad. Basta decir que solo tus gemidos rompieron el silencio que reinaba en la habitación y que nuestros cuerpos húmedos dieron calor a las sabanas frías de nuestra cama.

Pasiones Prohibidas ®

Comentarios

Publicar un comentario