N° 20 La sensual Miss Castillo

Ella era la nueva profesora que se integraba al colegio, era exuberante y bella, un cuerpo sin igual, creo que Dios cuando la hizo quebró el molde para que fuera única.
Impecablemente vestida y maquillada sin duda era quien inspiraba muchas fantasías de machos pubertos que gastábamos el papel sanitario del baño pensando en ella. Siempre la imaginaba dispuesta a todo para satisfacer los deseos más oscuros del macho de turno, capaz de envolverte con esas piernas firmes y torneadas y no dejarte escapar hasta descargar todo tu placer en su interior, para mí era una guarra y daría todo lo que esté a mi alcance para cogerla hasta quedar exhaustos en la cama.
De una manera u otra ella sabía que nos provocaba, ya que de un momento cambió la falda que llegaba más abajo de la rodilla y la blusa correctamente abotonada, por una falda que apenas tapaba sus nalgas y desabotonado el escote hasta mostrar el borde de su ropa interior. Verla escribir era un deleite para todos nosotros porque lo hacía desde lo alto de la pizarra y podíamos ver ese precioso trasero en todo su esplendor y unos portaligas que llegaban hasta sus muslos. Nos hablaba de tal forma que nos seducía, creíamos estar enamorados de ésta mujer que con suerte alcanzaba los 30 años de edad.
Un día porque unos compañeros me culparon de haber hecho algo malo me tuve que quedar castigado y ella se quedó conmigo en la sala ya que debía corregir unos exámenes. La miraba e imaginaba cogiendo con ella sobre su escritorio, con sus piernas en mis hombros y gritando que le dé bien duro. Sentía como mi miembro se endureció y yo con unas ganas incontrolables de tocarme. "Miss Castillo, ¿puedo ir al baño?". "Sí, claro. Tienes 3 minutos para volver", me dijo. Me coloco de pie para esconder mi erección y ella lo nota, hace que me devuelva y me pregunta: "Señor Pavez, ¿qué está escondiendo?". Avergonzado respondo: "Nada Miss". "Déjeme ver lo que esconde" -me vuelve a decir. Quito mi mano y ella muerde sus labios y da un pequeño suspiro. Susurra despacio: "Esto no está bien". "Vuelva enseguida y no demore" -Son sus últimas palabras después de aquel incómodo momento.
No podía sacar de mi mente como se mordió los labios al ver mi erección. Sin duda Miss Castillo quería mi miembro y yo deseaba cogerla hasta caer rendido.
Vuelvo del baño y notaba algo distinto, Miss Castillo tenía des abotonada más su blusa, hasta donde terminan sus senos. Mis ojos no se podían despegar de su escote, yo sentía que mi miembro explotaría.
Ella se coloca de pie y camina hacia mí, podía notar que una delgada capa de sudor envuelve su labio superior, se podía notar su excitación en el aire y ella también notaba cuán caliente yo estaba por ella. Se me acerca y me ordena ponerme de pie frente a ella mientras se sentó en una de las mesas. Toca mi miembro sobre el pantalón y me dice que hace tiempo que no tiene un pene en su entrepierna. Lo saca por el cierre de mi pantalón y me masturba con delicadeza, casi con ternura; para que decir cuando se puso en cuclillas frente a mí y metió mi verga en su boca, haciéndome gemir de placer. Había visto unas cuantas películas en algún sitio porno y recordé lo que los hombres hacían en ese momento y la tomé del pelo y la movía con fuerza. ¡Uffff! Sólo gemía de placer al sentir el toque de sus labios en mi miembro. Sin duda Miss Castillo me estaba dando la mejor clase que había recibido en mi vida.
Miss Castillo me tenía extasiado, sobre todo cuando mi miembro en sus senos y los apretaba para masturbarme con ellos, y pasar su lengua por mi glande que estaba ya casi morado de tanta excitación. Ahora, ella se coloca de pie y quita su calzón y el que va al piso soy yo, me obliga a que recorra su vientre y baje hasta su entrepierna para saborear su deliciosa vagina, ya había visto como se hace en los vídeos porno de internet pero nunca lo he experimentado. No sabía cómo hacerlo, pero ella era la maestra y me guiaba para satisfacerla; no había sonido más grato para mí que el de sus gemidos y voz diciendo lo rico que sentía. Se sube a la mesa en la que estaba yo y coloca sus piernas en mis hombros, toma mi miembro y me dice que empuje con fuerza. Al hacerlo sentí como si algo se rompía en mí y ella solo gemía y decía: "Otro más en mi lista". No entendí lo que quiso decir, pero yo me movía fuerte complaciendo a aquella mujer que me estaba brindando una de las mejores experiencias sexuales que he tenido. Podía sentir como me apretaba hacía ella con sus piernas y me decía que quería que le diera mi primer orgasmo en su interior, yo cada vez con más fuerza la embestía y gemíamos ambos por el placer que nos embargaba. Baja sus piernas de mis hombros y se recuesta con las piernas abiertas, me pide que otra vez pase mi lengua por su vagina, me recordé de una escena en donde el hombre pasaba su lengua por el ano de la mujer y la penetraba con sus dedos en la vagina, yo hice lo mismo y Miss Castillo no podía contenerse, gemía como poseída por el demonio, notaba como apretaba sus pezones y acabó en un orgasmo delicioso que empapó mi cara con sus fluidos. Seguí con mi lengua en su ano y mis dedos en su vagina sin importar que ella me pidiera que me detuviera, quería oírla gemir otra vez de esa manera, en tres ocasiones mi cara quedo cubierta por sus fluidos, sin duda el alumno estaba aprendiendo la lección. La levanto de las caderas y acomodo mi verga totalmente erecta en la entrada de su ano, me pide que lo meta despacio, que ya había perdido la experiencia por ahí, empujo despacio y siento como mi miembro se abre espacio en su apretado culo haciendo que ella grite de placer. Una sensación extraña me recorre, la había sentido antes cuando imaginaba a Miss Castillo en mi cama, pero esta vez era más placentero, Quería gritar, pero ella me decía que no hiciera nada y que disfrutara lo que se venía. Sentí como si mi pene explotara en el interior de Miss Castillo, era tan placentero, esa sensación de haber llenado con mi semen el culo de mi profesora era incomparable. Ella adicta al sexo, toma mi miembro y lo mete en su boca sin importar donde estuvo y extrae hasta la última gota de mi eyaculación, incluso hasta un poco de sangre me salió cuando la penetré la primera vez, porque yo era virgen hasta ese día. Miss Castillo siguió en el colegio hasta que yo terminé la enseñanza media y casi todos los días me "castigaba" por portarme mal en clases y me enseñaba una lección nueva cada vez.


Pasiones Prohibidas ®


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