N° 72 La mejor forma de despertar


Es sábado por la tarde y duermo una siesta, estás a mi lado observándome en silencio. Te recuestas en mi pecho y me acaricias, apenas rozas tus labios con los míos por temor a despertarme. Recorres desde mi abdomen a mi entrepierna suavemente, pasando por mis muslos y viceversa.
En silencio te levantas y desabotonas mi jeans, lo bajas junto con mi bóxer; tomas mi miembro, lo aprietas y de una lo metes en tu boca. Sientes como se endurece en tus labios, me masturbas, lames mis testículos. En ese momento la fricción hace que salga del sueño y el placer me invade, poco a poco mis sentidos se colocan alerta; solo puedo describir el intenso placer que me recorre por completo, ya con mis ojos abiertos te veo apoderada de mi verga y regalándome el más delicioso de los placeres que se puede recibir.
Te mueves en dirección a mis labios, adueñándote de ellos, nos fundimos en un profundo beso. Levantas tu vestido y colocas tu húmeda vagina en mi cara, al sentir mi lengua como invade cada espacio de tu sexo te mueves despacio siguiendo mi lengua y acariciando tus pechos.
Extasiado al sentir como te mojas, disfruto embriagándome de tus fluidos. Te inclinas, dejando vulnerable tu ano y vagina a mi perversión, tomas con fuerza mi miembro y lo masturbas rápido mientras tu lengua lo recorre de la base la punta. Deliciosamente unidos en el número del amor nos entregamos placer mutuo con nuestras bocas. Oírte gemir es como una droga que satisface mis sentidos y que cada vez me hace adicto, puedo sentir como tú vagina se contrae y te entregas al más absoluto placer, te rindes en un intenso orgasmo que desborda de tu sexo y se pierde en mi boca, agregando el matiz de tus intensos gemidos.
Te despojo de ese diminuto vestido y te observo desnuda con cara de depravado me masturbo mientras te miro, tú también te tocas, disfrutando de la perversión que nos invade.
Frente a tu sexo y con la lujuria desbordaba tomo tus piernas para colocarlas sobre mis hombros, te penetro suavemente, aumentando la intensidad de mis movimientos una vez que ya está todo adentro. Me miras y dice: "¡Qué rico papito!". Me muevo rápido, quiero que grites al sentir como mi verga abre espacio en tu sexo, quiero que me pidas que lo haga más violento. Tus ojos pierden su color y tu boca se seca, otra vez un orgasmo insolente te invade proporcionándote ese perfecto placer que se consigue cada vez que el cuerpo de dos amantes se unen para amarse.
Rendida y casi sin fuerzas me tumbas en la cama y te subes sobre mí, entrando sin preámbulos te mueves tan fuerte que nuestros cuerpos chocan desenfrenados en esa intensa danza del amor. Mientras aplastas mi pene con tu sexo yo recorro tus senos con mis manos, tus pezones están a punto de estallar, me siento y tú no paras de moverte; tus senos rebotan en mi cara mientras mi lengua los estimula.
Ya no puedo contener el placer que provocas en mí, comienzo a gemir a medida que presionas mi pene con tu sexo; siento como se hincha en tu interior con cada movimiento. De igual forma tu vagina se contrae, nuestra respiración y nuestros latidos son cada vez más intensos provocando espasmos involuntarios en nuestro cuerpo. Cierro mis ojos para disfrutar el momento exacto en que mi miembro explota en tu interior mientras tu estallas en gemidos intensos, nuestros fluidos de mezclan, nuestros gemidos se confunden y nuestros cuerpos se funden en un intenso orgasmo que nos deja rendidos. Tus labios buscan los míos y nos enteramos en un último beso, mis manos acarician tu espalda y tú besas mi cuello. Me recuerdas que tenemos una salida al cine y que se nos hace tarde.

Pasiones Prohibidas ®

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