Ha pasado tiempo desde nuestro último encuentro, siento que me hace falta algo, siento que mi vida es incompleta si no estás a mi lado. Me hacen falta tus besos, tus caricias y por qué no decir también extraño tus gemidos al momento de hacer el amor.
Te llamo por teléfono para que vengas a verme, pero me dices que no podrás por estar ocupada con algunas cosas relacionadas con tu trabajo, me entristece pero entiendo ya que debe ser algo importante. Me disponía a dormir y suena el citofono, el conserje me avisa que hay alguien buscándome y si es posible que pueda bajar a la recepción para ver quién (estabas confabulada con él). Yo casi sin ganas subo al ascensor y llego a ver quién es, y para mi sorpresa eras tú. Me saludas con un beso en los labios y me dices al oído que también te morías de ganas por verme.
Caminamos de la mano hasta el hall de ascensores para ir a mi departamento. Subimos y marcó el número del piso, al cerrarse la puerta te lanzas sobre mí y me besas con esa pasión que me vuelve loco, apoyado en la pared y mirando a los espejos veo cómo te mueves sutilmente para sentir como mi miembro se erecta debajo del pantalón. Me tienes desesperado por desnudarte y con ganas de hacerte mía una vez más. Ese momento en el ascensor se hace eterno, sentía como si se hubiese detenido el tiempo, hasta que el timbre del ascensor avisa que llegamos.
Desde el hall de ascensores hasta mi departamento te fuiste colgando de mi cuello y rodeándome con tus piernas, mientras mis manos te afirmaban de los glúteos. No sé cómo pude abrir la puerta pero entramos y así mismo te llevo a la habitación y te dejo cuidadosamente en la cama. Te desnudo despacio y podías sentir como mis manos quemaban cada espacio de ti mientras recorría tu cuerpo con ellas. Te dejo solo con la ropa interior puesta y tu desnudas mi torso rompiendo la polera que traía puesta. Te subes arriba mío y con movimientos sutiles haces sentir tu deseo de ser penetrada. Bajas la cremallera del jeans que tengo puesto y sacas mi pene erecto para disfrutarlo en tu interior. Mi mano toma tu pantaleta y la acomoda para hacer el espacio e introducirlo despacio. Siento como tus labios vaginales le abren el paso a mi virilidad y tú das un gemido de placer y te retuerces al sentir como estoy en tu interior.
Con movimientos lentos de abajo a arriba comienzas a marcar el ritmo y a mostrarme que tú eres quien tiene el control de la situación y que solo me disponga a disfrutar de mi mujer. Me besas con fuerza y deseo, muerdes mis labios y un hilo de sangre brota de ellos; eso te excita a un más y sigues besándome con la misma intensidad del principio.
Perdidos en el éxtasis tus manos recorren mi pecho, mientras me preguntas si te extrañaba y si te hacía falta tenerte sobre mí. Te respondo que sí, que no había nada más que quisiera que hacer el amor contigo. Puedo entender que estoy enamorado y que lo nuestro no es solo carnal, ya que tú sientes lo mismo.
Tu vagina se empieza a contraer y tu corazón pareciera que se quiere salir de tu pecho, gimes con fuerza y comienzas a moverte rápido, es señal de que estás llegando al placer máximo y gimes con tanta fuerza que no importa que puedan escuchar los demás. Solo importa que puedas quedar complacida y extasiada con mi manera de hacerte el amor. En mi pantalón quedan las marcas evidentes de tus fluidos y de la manera que explotaste al momento de acabar.
Un beso y un te amo sella el momento, y la ducha nos espera para apagar un momento la pasión que nos consume. Es una pasión que no se puede apagar con nada, ya que cada vez que estamos juntos ese fuego que arde en nuestro interior nos recorre de la misma manera que recorren los ríos desde la montaña al mar.
Pasiones Prohibidas ®
Excelente como siempre, que deleite poder leer sus primeros escritos caballero
ResponderEliminarQue hermoso escrito amor 🥰
ResponderEliminarEs que cuando hay ganas y amor, todo lo demás sobra, muy buen escrito, gracias por compartir
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